¿Y el centro de gobierno?

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Una revisión de la coyuntura permite constatar tensiones en el contenido y en la forma de la política gubernamental. En el caso de la política económica se constata el esfuerzo inútil del Presidente y de su ministro de Hacienda por hacer creer al país que es posible alcanzar una tasa de crecimiento en el presente año de 3% o superior. No hay ningún analista que considere que es posible este objetivo. El IPoM de septiembre fue el golpe definitivo a estas ilusiones. El conflicto entre el gobierno y el Partido Socialista a raíz del improperio que la ministra Pérez lanzó contra ese partido resulta incomprensible. La política gubernamental respecto de la reducción de la jornada laboral es otra comedia de equivocaciones.

La conducción política del gobierno no ha podido lograr que su coalición se defina respecto del dilema crucial: hacer avanzar las reformas que necesita el país sobre la base de un acuerdo con la oposición, aunque ello signifique renunciar a ciertos principios básicos o asumir la imposibilidad de renunciar a ellos y más bien levantarlos como bandera para las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. Cada una de esas estrategias implica beneficios y costos, pero no adoptar una decisión es probablemente lo peor.

En este contexto, empiezan a aparecer los llamados (a veces perentorios) a que se realice un cambio de gabinete. En mi opinión ello es inevitable. La pregunta es sin embargo si ello es suficiente. Se requiere además resolver los problemas asociados al triple rol del Presidente de la República (como jefe de Estado, de gobierno y de líder de la coalición) y a la operación del centro de gobierno. Queda a veces la impresión que al estar “en todas” el Presidente no logra ejercer adecuadamente ninguno de sus roles. Como jefe de Estado, por su involucramiento en las guerrillas con la oposición y su aparición constante en temas y escenarios menores. Como jefe de Gobierno, su tarea fundamental es llevar adelante el programa. No obstante, su tendencia a reaccionar con medidas frente a cualquier baja en las encuestas y la aparición de cualquier buena/nueva idea conduce a que se pierda la brújula. Esto obliga a preguntarse como opera el centro de gobierno, específicamente el Gabinete político (lo que se trasluce es la creciente debilidad del ministro del Interior y los errores de la ministra Secretaria General de Gobierno), la Segpres en lo referido al diseño de una estrategia efectiva para lograr la aprobación de las reformas y el “Segundo Piso” cuya tarea fundamental es, probablemente, contener al Presidente. Respecto de la función de jefe de la coalición, la situación tampoco es la mejor. Aumentan las diferencias entre los partidos, se adelanta la carrera presidencial y no se logra una adecuada resolución de los problemas que plantea José Antonio Kast.

Contenido publicado en La Tercera.

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