Rectificar el rumbo para volver a lo mismo.

Eduardo Vergara Bolbarán
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Por Eduardo Vergara B., Director Ejecutivo de Chile 21. Publicado en Diario Financiero

Acto seguido a la aprobación de la idea de legislar el posible retiro del 10% de las AFP, las élites políticas y empresariales volcaron la culpa contra el parlamento, no solo exculpándose a si mismos de toda responsabilidad sobre por qué llegamos a esto, sino que de paso blindando al ejecutivo. Poco importó irse al choque contra el Congreso.

Cuando justamente lo que se necesita son más propuestas, la élite económica criolla arremetió con una crítica pidiendo rectificar el rumbo sin siquiera ofrecer propuestas. Este criollismo monolítico, poco diverso, de fuertes arraigos familiares, conducido mayoritariamente por hombres y alejado de las tendencias mundiales sobre el rol de las empresas se unió para instalar una crítica a nombre de los empresarios de Chile. Pero lo que realmente piden es volver al país donde el progreso desproporcionado de pocos se lograba a costa del sacrificio de muchos y donde la crítica a actores políticos y muchas veces a las instituciones fue usada para frenar el crecimiento del Estado. Rectificar para olvidar que aquí hubo un estallido social que con menor intensidad se ha prolongado durante esta pandemia, es evitar la historia para frenar los cambios necesarios.

Pero mientras la carta del capital amenaza poniendo en juicio la estabilidad social, democrática y económica del país, al otro lado del océano el empresariado moderno hace meses viene hablando en un idioma opuesto. Es el caso del Manifiesto de Davos 2020, una declaración sobre principios éticos que deberían seguir las empresas. Establece que el propósito de las empresas es de colaborar con todos los actores involucrados en su funcionamiento, como empleados, la comunidad local y la sociedad en general, no solo para sus accionistas. Destaca que las empresas deben atender las aspiraciones humanas y sociales mas que ser unidades generadoras de riqueza y los salarios reflejo de la responsabilidad sobre todos. Se sitúa a la empresa como un actor al servicio del futuro global y que deben pagar más impuestos. Esto último ha sido retomado por los autodenominados “millonarios por la humanidad”, quienes de forma propositiva en estos días piden aumentar los impuestos sobre los más ricos para poder salir de una crisis que podría empujar a 500 millones de personas a la pobreza.

Las propuestas que el país necesita del empresariado deben ir de la mano de una nueva forma de contribuir a la modernización del estado. Para que este no solo logre proteger a las personas, sino que además vele porque vivan vidas dignas y seguras. Un mayor pago de impuestos es justamente depositar esperanza y dar apoyo a las instituciones. Es proteger y no debilitar al Estado. Es ayudar a devolver la dignidad a las personas e impedir que tras la pandemia caigan por un barranco. Urge que quienes manejan el capital se sumen de manera pronta al sueño común que requiere nuevas reglas constitucionales y de paso sintonicen con los desafíos locales en base a miradas globales y generosas.

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