Una sociedad sin hegemonía

Publicado : 16 Noviembre, 2011 en Portada, Prensa

Por Gabriel Gaspar

Pareciera que entramos al Mar Muerto de la coyuntura: todos los actores pueden bloquear a los demás y nadie puede imponer su proyecto. El que más pierde es el Gobierno, que por esencia debiera conducir el proceso, especialmente en un régimen presidencial. El resultado es una sociedad sin hegemonía política, en un país que sí tiene una clara hegemonía cultural del individualismo posesivo y de una discriminatoria economía de mercado, y precisamente es su cuestionamiento lo que ha generado el malestar ciudadano.

Se crea así un empate múltiple y catastrófico, del cual no se ve salida hasta que termine el Gobierno. Este endurece la mano y con ello puede subir en las encuestas, pero será por recuperación de su electorado y no por construcción de hegemonías. El tratamiento dado a los estudiantes lo refleja: en seis meses se ha pretendido quebrar el conflicto, ignorarlos, ensalzarlos en la ONU, reprimirlos en las calles, en fin, todas las formas de lucha, menos la de tratar de entenderlos y dialogar. ¿Resultado? Un movimiento exitoso en su convocatoria pero incapaz de traducirla en logros permanentes. El problema para el Ejecutivo es que el costo de frenar a los estudiantes fue su propia inmolación y hoy está instalado en la mayor impopularidad que se conozca de un gobierno republicano. La oposición institucional no canta mal las rancheras en materia de impopularidad y la oposición no concertacionista muestra los límites de su falta de poder institucional.

Entramos así al Mar Muerto, en medio de un debate presupuestal sin gloria. De ahí pasaremos a fin de año, con nubarrones económicos internacionales, esperando que las locomotoras asiáticas sostengan la demanda de nuestros productos. Las universidades y los colegios de alguna manera cerrarán su año. Viene un marzo combativo, y no sólo con demandas estudiantiles (se alistan la salud, regiones, mapuches, damnificados que avizoran un tercer año en mediaguas: una sociedad indignada).

Este empate lleva a la inevitable pregunta de cómo romperlo. Y eso pone por delante una prematura carrera presidencial. Ella misma es la corroboración de que ya no se espera mucho de la actual administración. En el oficialismo la cosa está lanzada: los ministros Allamand y Longueira representan las dos almas de la derecha. Golborne deberá empezar a mostrar perfil programático y propositivo. En suma, una carrera dentro del gabinete. En la oposición hay una certeza junto a una duda. La Madre de Todos los Chilenos es la mejor carta; si va, contará con un inmenso respaldo. Esa es la certeza, la duda es qué pasa si no se postula. Otro tema es con quién gobernará, cómo construirá su plataforma, quiénes no se repetirán el plato y cómo entrara la ciudadanía con ella a La Moneda. Para dilucidarlo todavía falta…

Publicado en “La Segunda” el 16 de Noviembre de 2011