La Concertación y sus 7 "almas" económicas

Publicado : 05 Mayo, 2007 en Prensa

Asoman al menos siete almas en el conglomerado, que a veces se diferencian por matices entre una y otra. Desde la izquierda, la visión de los autodenominados díscolos, que propugnan por una legislación laboral más exigente y aumento de impuestos. A su lado emerge Chile 21, con un crítico Carlos Ominami al frente y, en una vereda cercana, Adolfo Zaldívar y su movimiento “colorín”, que piden la corrección del modelo. Luego hay dos think tanks que abogan por mejorar lo que ya hay: ProyectAmérica y Cieplan. Y en la esquina liberal, Expansiva y el recién llegado Chile Primero, que proponen rebajas tributarias y flexibilidad laboral.

Los hijos más díscolos En 2002, este heterogéneo grupo tuvo su hito de partida con el llamado “Grito de Aguiló”, cuando el diputado del mismo apellido llamó a su propio gobierno como de “derecha” por no inyectar más recursos a gasto social. Hoy, el movimiento tiene como líder natural al senador Alejandro Navarro (PS) y lo integran, entre otros, René Alinco (PPD) y Marco Enríquez-Ominami (PS). Está a la izquierda de la Concertación.

En lo fiscal, piden dejar de ahorrar e inyectar esos recursos para paliar carencias en vivienda, educación y salud. En esa misma línea, Navarro dice que apuntan a un esquema con impuestos más altos a las empresas grandes y bajos a las personas, con un objetivo redistribucionista. Hasta aquí hay coincidencias con la línea de Chile 21, pero se diferencian de este think tank en lo laboral: los díscolos piden una regulación más rigurosa contra malas prácticas y se oponen al fin del sistema de indemnizaciones.

La autoflagelancia de Chile 21 La Fundación Chile 21 nació en 1993 como la plataforma de estudios de Ricardo Lagos. Desde 2000, de la mano del senador Carlos Ominami (PS) -quien recientemente dejó su presidencia-, la entidad acentuó su mirada crítica sobre el modelo y por eso Ominami retomó su papel de liderazgo entre los llamados “autoflagelantes”.

El director del programa de Economía de Chile 21, Jorge Leiva, reconoce que existe una visión que busca cambios al sistema económico actual. No está el punto en el tamaño del Estado, dice, sino en un rol más regulador, que deje al mercado operar en competencia. “Sólo en casos especiales el Estado debe ser un agente económico, como con Codelco”, afirma.

Sí cree que debe revisarse la carga tributaria actual, pues un aumento de impuestos permitiría mejorar los beneficios de la Reforma Previsional -cuyo financiamiento no considera cambios tributarios, según la propuesta de Hacienda- e inyectar más recursos a educación. También propone recortar la meta de 1% de superávit estructural de la regla fiscal, porque no tiene sentido que un país en desarrollo destine tantos recursos a ahorro.

En materia laboral, Leiva cuenta que hay suficiente flexibilidad, aunque algunas disposiciones, como el esquema de indemnizaciones por años de servicio, deben eliminarse si se fortalece el seguro de cesantía. Tampoco ve necesario endurecer los castigos ya existentes contra los empleadores.

La corrección del modelo de los colorines El movimiento de los “colorines”, cuyo líder natural es el senador Adolfo Zaldívar (DC), tomó como eslogan la frase que viene repitiendo el legislador desde hace años: “La corrección al modelo”. Ahora se formalizaron a través del Instituto Jorge Ahumada.

En el diagnóstico, culpan al actual sistema de ahogar a las pequeñas y medianas empresas (pymes), acentuar la concentración económica y empobrecer a la clase media.

Uno de sus integrantes, el abogado y ex director del Trabajo Marcelo Albornoz (DC), cuenta que el norte del grupo no es tener un Estado más fuerte, sino una verdadera economía social de mercado, que asegure la libertad de emprender, de libre competencia y regulación estatal eficiente. Zaldívar, además, no está por un “Estado de Bienestar” -como piden díscolos y Chile 21-, porque cree que sería volver al estatismo pasado.

Los colorines creen que debe haber una revisión de la estructura tributaria, aumentando progresivamente los impuestos a las grandes empresas y reducir la regresión sobre la clase media. Quieren aliviar la mochila con que hoy cargan las pymes y la clase media, afirma Albornoz.

Consideran innecesario mantener el 1% de superávit, pues con los recursos pueden atacarse urgencias en infraestructura, educación y emprendimiento.

En política laboral, piden reorientar las normas con el eje en las pymes, que no todo se resuelva vía ley y que se resideñe el sistema de gratificaciones.

ProyectAmérica y el laguismo. Es uno de los think tanks más nuevos, pero ProyectAmérica tiene una base de integrantes que se conocen desde hace años y que se comportan como canal para el legado del ex Presidente Ricardo Lagos.

Según plantea uno de sus socios, la visión del grupo es cercana a la corriente de Chile 21, pero con un mayor grado de libertad a las leyes del mercado.

“Es continuar con la línea del ex Presidente Lagos: Estado fuerte, pero no obstruccionista ante las inversiones, y tener un sentido histórico de que sólo con políticas de cohesión social el país puede lograr el verdadero progreso”, dice.

Por lo mismo, promueve un esquema tributario como fuente de financiamiento del gasto social, pero su límite se marca cuando significa cortapisas a la inversión extranjera.

Y, en lo laboral, leyes que desincentiven el incumplimiento de los empleadores.

La más nueva: Chile Primero Aunque surge de ex integrantes del PPD, como el senador Fernando Flores, Chile Primero tiene un vínculo evidente con la Concertación.

Con claro acento liberal, la apuesta del grupo es que Chile debe hacer todo por no quedarse atrás en competitividad y tiene que asegurarse la atracción de los capitales extranjeros.

Jorge Schaulsohn, socio del movimiento, propone reducir los impuestos a la inversión para ese objetivo y que las pymes sólo tributen por sus utilidades retiradas. En lo laboral, apunta a un cambio urgente pro flexibilidad.

El mayor énfasis, sin embargo, está en la innovación e investigación y desarrollo. Piden olvidarse del ahorro fiscal y gastar esos recursos para dar un salto ya en educación, con medidas concretas en conexión a internet con banda ancha de verdad, laptops para cada escolar y capacitación a los profesores en nuevas tecnologías.

Neoliberalismo expansivo Sinónimo de neoliberalismo, la Corporación Expansiva nació a inicios de esta década con Andrés Velasco como principal fundador. Este think tank atípico -sin sede ni declaración de principios- surgió como espacio de debate, al que se adhirieron más de 80 profesionales, especialmente economistas.

Con Velasco entrando al Ministerio de Hacienda, el sello neoliberal de Expansiva llegó de golpe al poder. Según cuenta un alto miembro del grupo, no existe una sola visión entre sus integrantes, pero concuerda en que hay líneas más o menos transversales.

De partida, una visión de que el Estado debe intervenir para regular lo estrictamente necesario, con énfasis en asegurar la competencia. Pero su tamaño no debe aumentarse per sé; de hecho, la carga tributaria debe tender a la baja como un incentivo a la inversión. “No es la política tributaria la encargada de redistribuir, sino el gasto fiscal”, dice. “Tal como lo ha orientado Velasco en su conducción”, agrega otro “expansivo”.

En materia laboral, comparten que es necesaria la flexibilidad, pues ello redunda en mayor productividad, luego mayores salarios, y el círculo conduce a mayor estabilidad. Para que ésta sea efectiva, proponen un seguro de cesantía más extenso, y que el esquema de indemnizaciones se acabe, porque rigidiza el empleo. “Es importante dar libertad a las personas y dejar que en la negociación colectiva zanjen sus diferencias”, apunta un economista del club.

La base de toda esta estructura, enfatiza un miembro, es inequívoca: política monetaria anclada en una meta inflacionaria; tipo de cambio libre, con intervenciones sólo excepcionales; política fiscal contracíclica, con el 1% de superávit inamovible por ahora; robusta institucionalidad financiera, y persistente apertura comercial.

El rol histórico de Cieplán Si existe una cuna que arropa a buena parte de la Concertación, las miradas se vuelcan naturalmente a Cieplán. Liderado en los “80 por hombres como Alejandro Foxley, René Cortázar y José Pablo Arellano, y al que perteneció Andrés Velasco -con figuraciones actuales desde Ignacio Walker a Mario Marcel-, este think tank tiene el sello de haber generado el modelo económico que el oficialismo construyó en los “90: orden en las cuentas fiscales, autonomía del Banco Central y aperturismo comercial.

Edgardo Boeninger, uno de sus investigadores asociados, advierte que no es posible encontrar una visión que resuma el pensamiento de todos sus miembros, aunque acepta algunos criterios transversales.

“Compartimos que la inserción de Chile en el mundo es irreversible y aceptamos los desafíos de la globalización. No cuestionamos ni esto último ni la estrategia de desarrollo de Chile en su apertura comercial”, describe el ex ministro.

Agrega que no existe una sola percepción sobre cuál debe ser el rol del Estado, pero acepta que adscriben a “que la base de todo este orden debe estar en la responsabilidad fiscal. Si eso implica una determinada meta en la regla fiscal, es debatible”, plantea.

El énfasis de Cieplán está actualmente en una apuesta por la internacionalización de sus estudios y, con ello, del modelo exportador de Chile. Según Boeninger, no está en cuestión el papel del Estado ni del mercado, sino de cómo aprovechar desde ambos las ventajas competitivas del país.