EL CANDIDATO VELASCO

Publicado : 29 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por Eugenio Rivera | Director del Programa Económico de la Fundación Chile 21 y Ex – presidente Comisión Preventiva Central Antimonopolios

En el momento más crítico de la Concertación, cuando ha quedado en evidencia la gran distancia que la separa de las movilizaciones sociales, cuando en esta coyuntura única aparece más preocupada de la selección de candidatos a la elección municipal, cuando el Partido Radical ha anunciado su decisión de no ir en lista única con la Concertación, cuando el PPD da a conocer que prefiere enfrentar las elecciones municipales en lista separada y cuando los analistas constatan un vacío de poder en la antigua coalición de Gobierno, Andrés Velasco anuncia su disposición de competir en una eventual primaria de la Concertación.
Su candidatura había sido anunciada por dos militantes socialistas muy cercanos a Bachelet. Aún cuando ellos han insistido que su candidata sigue siendo la ex – presidenta, no deja de llamar la atención el empeño que ha puesto el ex – ministro de Hacienda en echar a correr el nombre. Su disposición a pelear por la primera magistratura del país aparece en momentos en que abundan los rumores de que, eventualmente, la ex – presidenta tendría ciertas reticencias para volver a ser candidata presidencial. El rumor adquiere visos de realidad al observar a principios de la semana que termina, el vistoso regreso al escenario político nacional del secretario general de la OEA. Este contexto y con la percepción de que los nuevos liderazgos en la Concertación no terminan de consolidarse, puede haber inducido a Andrés Velasco a levantar su candidatura. Un elemento adicional a considerar es que quien aparece mejor ubicado en las encuestas entre los dirigentes concertacionistas es el senador Ricardo Lagos Weber, cuyo padre nunca ha terminado de entenderse con el principal soporte político de Velasco, el senador Camilo Escalona.
La candidatura de Velasco representa el intento de reeditar la alianza que sustentó al gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet: nos referimos al extraño maridaje entre el grupo “expansiva” y la Nueva Izquierda del Partido Socialista que luego de haber combatido la renovación del socialismo, se plegó sin solución de continuidad a los sectores liberales de la Concertación.
La aparición de Velasco tiene una dimensión positiva al acelerar el debate en la oposición sobre el balance de los últimos gobiernos de la Concertación, aún no abordado seriamente y sobre las causas de fondo de la derrota. Acelera también la deliberación en la oposición respecto de la dirección que debe tomar la construcción de una nueva propuesta gubernamental.
No obstante ello, la apuesta de Velasco sólo con dificultad alcanzará el éxito pues está fundada en una equivocada interpretación de la derrota de la Concertación en el 2010 y en una errónea comprensión del carácter y los fundamentos de la movilización social que tiene lugar en el país, al vincularla sólo con los problemas del actual gobierno y las malas prácticas de la clase política, eludiendo el cuestionamiento que esa movilización hace del modelo económico y social. Es difícil además pues aparece en momentos en que finaliza una larga etapa histórica en que se creyó que la deliberación democrática de los ciudadanos había sido reemplazada, definitivamente, por la lógica de los mercados financieros descifrada por un suerte de oráculos modernos: los tecnócratas. Analicemos estos tres aspectos por separado.
En la entrevista que le realizó la Revista Qué Pasa el viernes 29 de julio, al querer explicar la derrota, Velasco afirma que ella se debió a las malas prácticas de los partidos de la Concertación. El ex ministro confunde los síntomas con las causas de la enfermedad. Las malas prácticas reflejan el distanciamiento entre la Concertación y su base social agudizada por la política tecnocrática impulsada por los sectores liberales de la coalición. Esta política se expresó en el rechazo a iniciativas transformadoras de la educación, de las leyes laborales y a la entrega de un financiamiento adecuado a la salud pública, optando por una indiscriminada compra de servicios al sector privado, entre otras. La inexistencia de canales para debatir democráticamente sobre estas políticas, llevó a un progresivo desgrane de la coalición de gobierno que finalmente encontró su más importante expresión en que un casi la mitad del electorado concertacionista prefirió apoyar a Marcos Enríquez Ominami en la última elección presidencial. A la descomposición de la coalición contribuyó también que la ex presidenta no asumió el rol de jefa de la coalición. Resulta un enigma que el candidato Velasco piense que una fórmula que no logró proyectarse exitosamente en la elección del 2010, funcione en el 2013.
Velasco explica la movilización social como expresión de un malestar con las élites, con la política y con la clase política (de la cual el ex – ministro pretende restarse) y lo ejemplifica señalando que ello se expresa en que el gobierno actual que prometió caras nuevas, ha incorporado al gobierno las mismas caras que asistieron al encuentro con Pinochet en Chacarillas. Más allá de que pueda tener razón en esto el malestar social, y sus protagonistas se han preocupado de dejarlo claro, refleja un profundo cuestionamiento del modelo económico en aplicación desde antes del gobierno de Piñera (para un análisis más en detalle de este tema remito a mi artículo (http://blog.latercera.com/blog/erivera/entry/el_desaf%C3%ADo_de_la_oposici%C3%B3n). Se trata en consecuencia, también de una mirada crítica, a lo que hizo y a lo que dejó de hacer la antigua coalición de Gobierno.
Velasco no profundiza en las causas del cambio de gabinete y por tanto no entiende el giro de la Administración Piñera. Los analistas coincidieron en que dicho cambio representó la incorporación efectiva de la UDI al gobierno, pero sobre todo el reconocimiento de la derecha de que pretender radicar en los técnicos la conducción del gobierno (como lo planteaba Saint – Simon a principios del siglo XIX) constituía un craso error que llevaba directamente a la derrota en el 2013 e incluso ponía en riesgo la estabilidad del sistema político.
Como efecto de estos tres errores, Velasco asume como viable una candidatura cuyo programa, como queda claro en la entrevista aludida, corresponde a un momento histórico que afortunadamente quedó atrás. Pero el análisis de ese programa será objeto de una próxima columna.

Publicado en “La Tercera-Blog” el 29 de Julio de 2011