El político Andrés Velasco y el tupido velo de la ficción tecnocrática

Publicado : 31 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por Eugenio Rivera | Director del Programa Económico de la Fundación Chile 21 y Ex – presidente Comisión Preventiva Central Antimonopolios

El lanzamiento de la candidatura presidencial de Andrés Velasco permite a la oposición avanzar en una importante tarea pendiente: precisar las ideas fuerza para estructurar la oposición al actual gobierno y para las elecciones presidenciales del 2013. En su caso específico, dadas las características de las propuestas del político, impone comenzar a descorrer el tupido velo que ha cubierto a la ficción tecnocrática en nuestro país. De no tener lugar este proceso, el futuro político de la oposición se puede socavar indefinidamente.

Velasco es partidario de una política social focalizada, radicada eminentemente en medidas compensatorias, que otorga a la educación si acaso la tarea de corregir en algo las desigualdades. No valora la importancia de una relación más simétrica entre los agentes económicos y ha explicitado que el rol del Estado debe limitarse a eliminar fallas del mercado.

Velasco, sin recato alguno y desde la soberbia de su ¨razón¨ tecnocrática, se posiciona cómodamente a la derecha de Sebastián Piñera. La extrema focalización del gasto social que permea su doctrina ha quedado recientemente en evidencia en su tajante oposición a la universalización del posnatal y a la eliminación de la cotización del 7% de contribución de salud de los jubilados. Confundiendo principios con instrumentos, la focalización pasa a tener mejor derecho que la universalidad y la solidaridad.

Se pierde así de vista que en nuestro país la focalización ha tenido como efecto la orfandad de los sectores medios -incluidos los grupos que dejado de ser pobres-, ha debilitado la cohesión social, ha afectado sustancialmente la calidad de la educación y la salud y ha sustraído de la discusión la necesidad de una reforma tributaria que provea de mayores recursos al Estado.

Además, al socaire del desmantelamiento de la solidaridad y del universalismo de la mano de la focalización, las reducidas pensiones que perciben los afiliados de las AFP y las elevadas pólizas de salud de las ISAPRES y altos copagos de salud se traducen en enormes ganancias para esas entidades e imponen importantes erogaciones del Estado para proveer subsidios a los más enfermos y a los más viejos, cuando ya no pueden ser negocio para estas empresas.

Para la Oposición continuar con la defensa de la focalización como fundamento de la política social implica seguir prometiendo una protección dudosa e incierta a los pobres y los vulnerables. Implica también el alejamiento definitivo de los grupos medios que buscarán representación política en otras tiendas e instancias donde sientan mejor valorados los esfuerzos personales que realizan por granjearse un futuro mejor. Sería un paso más para que la oposición se aleje de su base social y pierda su afecto, trasladando la posibilidad de una alternancia política a un muy futuro remoto.

La política social por sí sola no puede corregir las desigualdades que genera un modelo económico inequitativo. No puede revertir la concentración económica excesiva y la grave desigualdad en la distribución del ingreso. Velasco se ha opuesto sistemáticamente a una política tributaria que le dé espacio al impuesto a la renta de las empresas y que induzca a quienes más ganan a hacer un mayor aporte fiscal, propiciando así una redistribución del ingreso y un caudal de recursos que permita encarar las graves deficiencias de la educación y salud pública, las inversiones que se requieren para estimular el desarrollo productivo y avanzar en el desarrollo social. Más aún, en su reciente entrevista a la Revista Qué Pasa, hace caso omiso de las demandas que la movilización social viene planteando -que sería sólo resultado de falta de caras nuevas y malas prácticas- y no se pronuncia sobre el rol de la educación pública, la necesidad de la reforma tributaria y las reformas laborales.

Velasco se opuso y no considera relevante cambiar la legislación laboral para que se pueda fortalecer y renovar el sindicalismo e impulsar la negociación colectiva. Con ello hace caso omiso de la convicción progresista de que el mayor equilibrio entre los distintos agentes económicos hace posible una mejor distribución primaria del ingreso.

Desde su perspectiva, las intervenciones públicas en lo económico deben reducirse a fortalecer la acción autónoma de las fuerzas del mercado. Que el libre juego del mercado resuelva los problemas económicos y que la política macro sana genere los incentivos suficientes para que los empresarios lideren la transformación productiva basada en ventajas comparativas. El Estado debe limitarse a formular las políticas monetarias y fiscales, proteger el derecho de propiedad y su institucionalidad legal y promover la apertura externa. Acepta una responsabilidad última en la provisión de bienes públicos (educación e infraestructura), pero prefiere que los suministre el sector privado. El gobierno debe limitarse a eliminar las fallas que afectan la asignación de recursos por el mercado, proteger la competencia y regular los mercados monopólicos.

Pero la experiencia chilena e internacional hace patentes las graves limitaciones de las posturas que consideran al mercado como único o principal determinante de las decisiones de inversión. La economía chilena crece a un ritmo cada vez menor, en fuerte contraste con países tales como Australia y Nueva Zelandia en Oceanía, los países del norte de Europa y los tigres del Asia, cuyos ritmos de crecimiento son muy superiores y cuyas estructuras exportadoras son sustancialmente más complejas que la nuestra, lo cual les permite insertarse en los mercados mundiales más sofisticados. En tales países, el mercado juega un papel sustancial, pero no es el principal ni único mecanismo que orienta la inversión.

Por nombrar solo algunos casos, de la estrategia de desarrollo de países como Finlandia, Australia y Corea del Sur destacan en primer lugar formas de concertación social y de mecanismos de acuerdo que configuran un proyecto nacional bajo cuyo alero operan los mecanismos de mercado. Para incentivar nuevas ventajas comparativas basadas en procesos productivos de mayor valor agregado y contenido tecnológico, su inteligente inserción internacional ha requerido que la intervención pública “distorsione” las señales microeconómicas. En tal contexto, entre otras políticas, el Estado no ha escatimado esfuerzos y recursos para asegurar una educación de calidad para todos, que permita ¨alimentar¨ un aparato productivo en continua innovación.

Al mismo tiempo, el Estado invierte para desarrollar su capacidad operativa de conducción y coordinación. A diferencia de la orientación que ha predominado en nuestro país, el Estado promueve activamente nuevas actividades y despliega un amplio conjunto de políticas públicas a favor de la innovación tecnológica y de buenas prácticas de gestión. Estas economías exitosas son, además, sustantivamente más igualitarias que la nuestra.

El Banco Mundial (a quien no se le puede tildar de extremista) señalaba ya hace muchos años las graves carencias de la educación chilena que obstaculizan dar un salto en materia tecnológica en una reflexión que denominaban irónicamente “¿Por qué los chilenos no encontraron La escondida?”. Así como lo fue respecto del cobre, lo será respecto del litio, de los salmones, de la energía y de muchas materias que seguirán escondidas si los gobernantes y los acuerdos sociales no dan un paso definitivo en otra dirección.

En fin el fundamentalismo de mercado de Velasco propone un Estado ausente y una liberalización irrestricta del mercado financiero, política asociada estrechamente a la crisis financiera internacional y al abuso del consumidor financiero que dejó en evidencia la crisis de La Polar.

Publicado en “La Tercera-Blog” el 31 de Julio de 2011