Adimark: un liderazgo de fachada

Publicado : 05 Junio, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

A estas alturas del gobierno, los recientes datos de la encuesta Adimark dejan al descubierto una situación indesmentible: nos encontramos frente a un Presidente sin liderazgo o, si lo tiene, éste es bastante anémico. Se me dirá que estoy cabalgando entre el sacrilegio  y la bobería. Mal que mal, de los hombres siempre se presume su capacidad de liderar. Es algo de lo que nunca se duda, lo que resulta hasta entendible por cuanto la visión existente en el debate público acerca del liderazgo político está permeada por códigos masculinos.

Sin embargo, con relación a las mujeres, esta condición se regatea. No acababa la Presidenta Bachelet de instalarse en La Moneda cuando surgían voces preguntándose si tendría autoridad. El titubeante manejo de la rebelión pingüina que, vista en perspectiva, vino a inaugurar una suerte de ciclo de protestas en el país, fue como anillo al dedo para los que anticipaban estas dudas. Posteriormente, la estrepitosa puesta en marcha del Transantiago reflotó la pregunta sobre su capacidad, la que ya había tenido que enfrentar siendo candidata. El repunte de su aprobación, a partir de 2008, fue un tapabocas parcial porque, hasta el final de su mandato, los analistas varones subestimaban las cifras por cimentarse, según ellos, en un fenómeno tan exógeno a la política como el cariño. El tiempo ha demostrado su perdurabilidad, aún en la distancia, porque es lo que la mantiene en la "pool position" concertacionista, en contraste con liderazgosque no terminan de cuajar.
Decir que Sebastián Piñera carece de liderazgo resulta, incluso, más paradojal por cuanto hablamos de alguien con ineludible éxito académico y profesional. Unwinner con todas las de la ley. Sin embargo, no deja de resultar llamativo que su liderazgo, medido como un atributo en sí mismo, ha ido bajando: de 72% recién asumido el gobierno a 56% al día de hoy. Por otro lado, el hecho de que el atributo más resaltante sea su activismo y energía ha servido, no solamente para relativizar su ausencia de credibilidad, sino para opacarel hecho de que su autoridad y su capacidad también tambalean. En este marco, el desaire de Bielsa pasó al anecdotario frente a la actitud de los parlamentarios opositores en el hemiciclo, el pasado 21 de mayo. Además, está claro que resulta insuficiente la capacidad, medida en impulso de la economía, cuando se carece de sensibilidad para procesar de manera integral las necesidades de la sociedad. No en vano, ya lo dijo Robin S. Sharma: "Cuanto más profunda sea tu relación con los demás, más efectivo será tu liderazgo. Las personas no te seguirán si no confían en ti".
La lógica del empate también corre para la interpretación de las encuestas. Se dirá que tanto Frei como Bachelet experimentaron porcentajes similares de aprobación. En el primer caso, no fue obstáculo para traspasar la banda presidencial a Lagos y, en el segundo, logró remontar a paso firme durante la segunda mitad de su mandato luego de haber convertido en oportunidad una amenaza como lo fue la crisis financiera internacional.
Lo llamativo del actual gobierno, en relación a los anteriores, es que ha seguido una ruta inversa, yendo de más a menos por la vía de la acumulación de oportunidades perdidas. Estas van desde la aprobación del 63% post rescate de los mineros, hasta el cambio de gabinete de enero, pasando por un discurso del 21 de mayo que no logró insuflar una mínima épica ni en el ciudadano de a pie ni en las huestes del Presidente, que han pasado de la desafección al calado de bayonetas con la revuelta parlamentaria de la UDI. Los temores por lo que vendría de no mediar un golpe de timón son legítimos porque, a pesar de que el gobierno ha sido exitoso en la fabricación de posibles liderazgos presidenciales, el volátil 3% que le dio el triunfo no deja de ser una Espada de Damocles.
El Presidente Piñera, a un año y medio de su mandato, reúne los ingredientes del llamado "pato cojo". Sin embargo ¿está todo perdido? Por supuesto que no pero, para generar un punto de inflexión, se requiere pragmatismo, audacia y flexibilidad. En suma, capacidad de aprendizaje.
Por lo pronto, debe reconocerse que se requiere un relato que responda, tanto a los anhelos diferenciados de los chilenos, como a la falta de cohesión interna. Es una tarea difícil que, en el pasado, se asumía desde un Segundo Piso que hoy parece remitido al seguimiento y al control, no así a la inspiración.
En segundo lugar, priorizar la comunicación. No basta creer que se tienen buenas políticas públicas si falta habilidad para comunicarlas a las personas, de forma que éstas capten la necesidad de lo que se está haciendo.
En tercer lugar, efectuar cirugía mayor en el comité político, a fin de que las tareas esenciales del gobierno no corran el riesgo de descuidarse, incluso, cuando el Presidente sale de vacaciones por unos días. Nos referimos a coordinación, articulación y comunicación política. Si ello implica pedir la renuncia al ministro más querido, debiera hacerse. En casos como éstos, el sentimentalismo es un lujo. ¿Cómo se entendería en un hombre, cuando en una mujer se traduce en debilidad? Si es verdad que HidroAysén es, para Piñera, lo que el Transantiago fue para Bachelet, bien podrían valen las mismas soluciones. La ex Presidenta, no solamente se desprendió de Paulina Veloso, su ministra favorita, sino que aplicó el cuoteo para solicitar salomónicamente las renuncias. Debió salir un secretario de Estado por cada partido de la coalición. La UDI, que hace tanto revuelo por estos días con motivo del llamado Acuerdo de Vida en Común, bien pudiera tomar nota.