Sueños de fuga

Publicado : 08 Junio, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

Si atendemos a los datos de la encuesta CEP del año pasado sobre medio ambiente, lo que subyace a la revuelta ciudadana contra HidroAysén es bastante más que una preocupación por el medio ambiente. En ella, solamente el 3% declaraba su importancia, frente a al 56% asignado a la salud. Se ha señalado que la protesta conecta con aquel difuso malestar, ya diagnosticado por el PNUD a fines de los 90 y que, cada vez que se ha expresado, ha sido desestimado por distintas vías.

La situación actual parece portadora de algo nuevo, contribuyendo a generar una identidad que mezcla un patriotismo de nuevo cuño con un sentimiento oceánico, sin límites ni barreras. La Patagonia ha pasado a ser una suerte de patrimonio ecológico de la humanidad que debe ser preservado. En el intertanto, asistimos a un ingrediente nuevo, que parece resistir las lógicas de cooptación de antaño y que llevaron a la desmovilización: la creación de una comisión de desarrollo energético alternativa, que cuestiona la de carácter tecnocrático propuesta por el Gobierno.

Lo que subyace a esta protesta, y es por eso tan difícil deslegitimarla como corporativa, es su rechazo a la forma en que se adoptan las decisiones. Pone el dedo en la llaga del modelo de democracia elitista-competitivo, así como la concepción que nuestros partidos tienen de la representación, de la participación ciudadana y de la sociedad civil.

La administración Bachelet, que intentó correr el cerco en este tema, impulsó una agenda pro participación ciudadana que no cuajó. Su inspiración era correcta. No en vano, nuestro déficit de participación ha sido advertido, incluso, por el ranking de gobernabilidad del Banco Mundial. Chile ha venido descendiendo desde 1996 a la fecha en indicadores como el de “voz y rendición de cuentas”: de 1,17 a 0,96.

La nueva situación nos recuerda no sólo la necesidad de tener una política energética con protagonismo del Estado, sino la urgencia de promover canales institucionalizados que consideren las preferencias ciudadanas y, sobre todo, las nuevas formas de acción colectiva, en las que el ciberactivismo va ganando terreno.

Frente a lo que sucede, el paquete de reformas políticas, que debiera incluir la reforma electoral, cobra dramática centralidad. Esto no es fácil de digerir para un gobierno de derecha que deposita su fe en la capacidad de la élite, mejor si es de corte gerencial, y que, además, no logra salir de la tela de araña de sus propias incompetencias y descoordinaciones.

Publicado en “La Segunda” el 8 de Junio de 2011