Perú: aprendizajes de una elección infartante

Publicado : 20 Junio, 2011 en Portada, Prensa

Por Alfonso Nespolo
En la segunda vuelta peruana la abstención aumentó con respecto a la elección del año 2006 (17% frente a 12%). Influyó el que de un universo de 700.000 [1] votantes en el extranjero, sólo sufragaron 300.000, es decir un 40% del total de inscritos. Sin embargo, esta vez sí hubo mayor participación en el proceso dentro del país, y los nulos y blancos bajaron del 10% al 5.8% respecto del 2006. En tanto, la abstención interna fue cercana al 14%.

Este proceso se transformó en el primer “triunfo” de las regiones sobre Lima: Y, aunque en la capital peruana la opción de Humala creció comparativamente al 2006, la elección fue definida en las provincias. La lucha por la descentralización real y contra la desigualdad entre la capital y el resto del país fueron muy manifiestas.

Fue un triunfo “contra” Fujimori y lo que representó, y revistió un fuerte componente ético contra la corrupción, la violación a los derechos humanos, las arbitrariedades y la dictadura. En este contexto, la figura del escritor Mario Vargas Llosa fue uno de los símbolos de ello.

Es el primer triunfo electoral de una amplia alianza de izquierda (participaron en Gana Perú el Partido Comunista, el Partido Socialista y todos los grupos de izquierda históricos peruanos), ante la cual el Presidente electo Humala ha dado pruebas de un sentido colectivo, de no aspirar a caudillaje alguno y de fortalecer la organización política como base esencial de la gobernabilidad.

Al mismo tiempo, a pesar de largos documentos programáticos (reconocido como un gran error por los humalistas) y grandes discusiones y asambleas (tradicionales en los grupos de izquierda), existe la convicción en los nuevos gobernantes de no tener muy definido ningún plan “maestro. Por otra parte, se ve con claridad las primeras cien medidas del nuevo gobierno, y no se observa en Humala ni en su entorno una “conspiración” de izquierda, nacionalista o de otro tipo.

Esta elección se puede interpretar como el triunfo de los críticos al sistema neoliberal (también algunos en el bando de Keiko Fujimori). Cabe consignar que los objetivos manifiestos de Gana Perú fueron siempre el trabajo por una democracia con inclusión social y el desarrollo económico con la intervención del Estado en contra de la desigualdad.

La moderación, sobriedad, disciplina, paciencia y cohesión que se vio en las filas de Humala, en las horas posteriores a la elección, que se caracterizaron por cierta inquietud a raíz del atraso de los cómputos [2], fue la culminación de un proceso electoral bien organizado. Fue flexible e inteligente al enfrentar la segunda vuelta con una “nueva concertación”; al buscar y lograr incluir con talento a Toledo, Perú Posible y otros sectores; al identificarse con los grupos intelectuales y culturales más importantes del país; y, al variar sus planes de gobierno sin cancelar sus objetivos principales. Sumó gente, no como su opositor que debió cambiar permanentemente a sus voceros y dirigentes.

Los párrafos anteriores hablan de una superación del supuesto y tradicional extremo nacionalismo de Humala. El énfasis en las tareas internas de inclusión social y de desarrollo económico se basa también en buscar mejores relaciones internacionales en la región y más allá; y en las inversiones externas actuales (chilenas en parte importante) y próximas (Brasil, EEUU, etc.). En fin, sin salirse del “libreto” (por lo que fue atacado en la campaña) Humala ha repetido con insistencia y credibilidad sus planes básicos.

No obstante las acertadas acciones del humalismo en la segunda vuelta, compensadas por la virulenta y aplastante campaña contraria, puedo decir que la elección de Ollanta Humala estaba asegurada desde hace tiempo.

Hemos hablado de la regularidad del proceso electoral peruano tanto en el 2006 como en el 2011, al contrario de los que han señalado la supuesta volatilidad del electorado peruano.

Más que incertidumbre, las encuestas, en general poco discutibles, han mostrado similitudes en ambos procesos: la existencia de un voto oculto de Humala, que llegó al 47,3% en el 2006, y no tan lejano del 51,3% del 2011.

Cabe señalar que en la primera vuelta presidencial del 2011, Humala figuraba en las encuestas con cifras entre un 10 a un 12% durante varios meses y un 23%, días antes de la elección. Finalmente obtuvo un 31,7 % (25,7% en el 2006).

También la votación de Keiko Fujimori mostró regularidad en las encuestas. Fujimori se movió casi siempre entre un 17 y un 23%, obteniendo finalmente un 23,5% en primera vuelta.

La aparente irregularidad se manifestó en los cambios en las encuestas entre los tres candidatos con similar programa. Pero la verdad es que sus votantes, encuadrados en todo momento en cerca de un 45%, variaron por razones menores y sobre todo de acuerdo a su estimación respecto a quién de los tres podía derrotar a Humala.

En síntesis: comparando el voto oculto de Humala, que mostraron las encuestas en el 2006 y el 2011, se podía predecir su triunfo en el 2011, gracias a la regularidad del electorado peruano.

Para el escenario próximo se debe considerar que si bien hay una casi desaparición de los partidos políticos tradicionales (APRA, Partido Popular Cristiano, etc.) de centro y derecha, no se puede habar de una crisis del sistema político de partidos en el Perú, al constatar la existencia de tres grandes organizaciones

Se han fortalecido dos agrupaciones de partidos: Gana Perú, con su núcleo en el Partido Nacionalista Peruano; y el Fujimorismo que, resurgido hace poco, está iniciando grandes esfuerzos para transformarse en partido. Por su parte Perú Posible, de Toledo, es el único partido fuera del gobierno que mantiene desde hace años una estructura nacional, una gran bancada parlamentaria homogénea y líderes con experiencia.


[1] Fujimori ganó en el exterior por 70 a 30%, pero no se puede decir que si hubiera votado la mayor parte de los 700.000 peruanos en el extranjero esos votos serían en su mayor parte para Fujimori, porque no hay estudios al respecto. Podría decirse que sólo los peruanos más acomodados podían acceder a remotos lugares de votación en el extranjero, por ejemplo los votantes de Magallanes tenían que votar en Concepción.

[2] El atraso en la entrega de resultados fue una decisión de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) que se abstuvo de informar hasta cerca del 80% de los votos. Fujimori tenía ventajas hasta el momento pues su votación se concentró en sectores urbanos de rápido escrutinio. En cambio Humala, perdedor inicial, iba a ser arrollador en el escrutinio posterior, (llegó a más de 70% en sectores rurales de más difícil acceso) como se comprobó al final del evento. La ONPE señaló que el atraso habría evitado graves tensiones de haberse producido cambios en el triunfador con información más temprana que hubiera sido contradictoria con las estimaciones unánimes que daban a conocer varias empresas de opinión.