Los especuladores de la libertad

Publicado : 23 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por Alejandro Führer | Encargado del Taller Estratégico de la Fundación Chile 21

Siembran la libertad, mientras perpetúan los privilegios. Saben que la libertad de elegir sólo alcanza para unos/as pocos/as, pero el darwinismo económico más sofisticado cree en el sacrificio de muchos para el beneplácito de un decil, el más rico por supuesto. Las élites más ilustradas han encontrado en la gobernabilidad el antídoto contra las perturbaciones; esa moderación de la voluntad convertida en una insignia poderosa, que anula la imaginación mientras se incrementa el pragmatismo.

Usan la palabra libertad como una carnada. Un verbo luminoso y gentil con una gran performance simbólica, pero que no es más que otra mercancía. Tiene precio, es cara y por lo tanto es para unos/as pocos/as. No es un derecho; es un espejismo duradero y estable que permite que la desigualdad conviva en paz con una democracia soft, dietética y descafeinada. Esa asombrosa síntesis de inequidad y gobernabilidad en la región más desigual del planeta: América Latina.

Los especuladores de la libertad son especialistas en derrotar la pobreza, mientras las diferencias entre ricos y pobres aumentan. Se llenan la boca defendiendo la libertad para emprender mientras se incrementa la concentración económica. Sus ideas talladas en prestigiosas universidades casi todas norteamericanas, encuentran en las políticas sociales un campo abierto para reducir el contenido ético de la equidad. Suelen huir de ese viejo clivaje de las derechas y las izquierdas, navegando por una identidad líquida que los pone a salvo de un manifiesto político o un programa de gobierno.

Eligen un café latte o un express, a la misma hora en que un estudiante de zonas populares no tiene más remedio que ingresar a una escuela pública que le garantiza un pobre rendimiento. Un recinto educacional con renovadas instalaciones, que incluso le ofrece conectividad a Internet, mientras le niega la integración social más básica e importante: una educación de calidad para alcanzar un buen empleo y un ingreso decente.

Los pregoneros de tanta autonomía, localizan la noción de libertad en los sujetos, mientras desmantelan las instituciones que promueven el bien común. Sospechan del Estado burocrático mientras sucumben ante los mercados monopólicos; fomentan las comunidades intangibles de Internet mientras sus condominios privados estrenan nuevas tecnologías para evitar ser asaltados por esos marginados que han “elegido delinquir”.

Prefieren la caridad a la justicia y el voluntariado a la solidaridad; y como advierte Lipovetsky, huyen velozmente de todo compromiso colectivo mientras abrazan extasiados su bienestar personal.

Tienen perfecta claridad que esta fase global del capitalismo, necesita la exclusión de muchos para que otros/as -ellos mismos- “puedan elegir”. Pero son astutos y pacientes, buscan con esmero su butaca numerada en esa misteriosa sociedad del riesgo. Son seguidores de la globalización más brutal, aquella que va convirtiendo la democracia en un simulacro de representación y pertenencia.

Ellos se han ganado el derecho a la libertad, mientras a otros/as les alcanza para sobrevivir, vivir en los bordes y a veces, fuera de él. Suelen viajar velozmente en autopistas urbanas que cruzan todas las marginalidades sociales hasta llegar a su apacible vivienda electrificada.

En el ocaso de la equidad y en el crepúsculo del deber ellos han elegido el privilegio exclusivo de la libertad.

Publicado en “El Dínamo” el 22 de Junio de 2011