El desafío de la oposición: Formular el desacuerdo

Publicado : 11 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por Eugenio Rivera | Director del Programa Económico de la Fundación Chile 21 y Ex – presidente Comisión Preventiva Central Antimonopolios

Mientras la popularidad del gobierno aparece en caída libre, la oposición no logra articular políticamente, la fuerte agitación social. Más aún, la Concertación sufre un rechazo similar al del Gobierno. La clase política como un todo parece deslegitimada frente a la ciudadanía.El debate emergente se centra en torno a la caracterización del momento que pasa el país sobre si enfrentamos “un cuestionamiento profundo del orden social vigente”

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Algunos argumentan que sólo se trata de la rebeldía de algunos grupos frente a “nuevas fuentes de malestar” por temas específicos (el retail, la verdadera naturaleza de las universidades privadas o las alzas de los alimentos y el transporte) que converge con fenómenos políticos como es la baja popularidad del gobierno. En esta perspectiva la solución aparece sencilla; se trata simplemente de “articular planteamientos realistas que enfrenten las carencias existentes y que permitan así continuar la ruta del progreso”.

Pero esta visión optimista no prevalece en la mayoría de los analistas. Roberto Méndez subraya la incapacidad de la clase política de ver y escuchar las demandas ciudadanas: como los pobres sufren el aumento de precios de los alimentos y el transporte y sufren la desigualdad, no se pueden descartar los estallidos sociales, las opciones políticas radicales e incluso alerta sobre el peligro “de que la política chilena dé una vuelta copernicana hasta ahora no imaginada. Junto a la crítica de los pobres, aparecen las demandas inéditas asociadas a los mayores niveles de ingresos que no surgen de los partidos sino que de los movimientos ciudadanos y de las redes sociales. Ello refleja además, la sensación de exclusión del proceso de toma de decisiones lo que lleva a rechazar a las élites y a los que tienen el poder¨.

EL PROBLEMA DEL GOBIERNO: ENTENDER LA IMPORTANCIA DE LA POLÍTICA ES INDISPENSABLE PERO NO BASTA.

La situación preocupa profundamente a la alianza de gobierno, que transforma el cambio de gabinete en la medicina milagrosa para todos los problemas. Hay sin embargo algunas calificaciones. Hay que dar un golpe de timón, enfrentar la “inflación de los pobres” (cuestión que el actual ministro de Hacienda se ha negado incluso a considerar al querer imponer un aumento mínimo del salario mínimo), hay que empoderar y poner las figuras fuertes del Gabinete en la primera fila (¿sacar a Hinzpeter y Ena von Baer y reemplazarlas por Allamand y Matthei?).

Roberto Méndez destaca del diseño y del manejo político (el Ministro del Interior no cumple su rol articulador y de jefe de gabinete; falta una adecuada relación con el Congreso) y por tanto se “requiere gente con capacidad para implementar técnicamente las iniciativas gubernamentales, pero con “punch político para llevar estos proyectos (dos o tres temas por los cuales sea recordado el presente gobierno) adelante y convencer a la oposición.

Pablo Longueira es más radical en su crítica a la falta de comprensión de la importancia de la política en conducción gubernamental: “ Ya se vivió la fiesta de los tecnócratas, que se coronó con la sacada de los mineros. Los países sólo progresan en la medida en que tengan políticos capaces de llevarlos a progresar”.

El actual Gobierno sufre de una profunda incomprensión de la importancia de la política en la conducción gubernamental. No termina de entender que gobernar no es entregar servicios a la ciudadanía y en consecuencia la capacidad de gestión está también asociada a la gestión política. Su modelo de resolución de los problemas que afectan a la gente y al país encuentra dificultades insalvables para abordarlos. Más aún, adolece de aporías, es decir está entrabado por razonamientos que originan contradicciones o paradojas irresolubles. Los ejemplos son numerosos. El problema de la Polar involucra aspectos delictuales, pero se vincula también con los bajos salarios que inducen al endeudamiento bajo condiciones financieras inviables. Como que la tasa de interés de los créditos asociados a tarjetas de crédito puede alcanzar hasta 50% anual, sin considerar comisiones y otros recargos.
Luego, ¿cómo abordar estos problemas sin fortalecer la capacidad de negociación colectiva de los trabajadores y sin fomentar la organización sindical y la indispensable renovación de las entidades sindicales para inducir una distribución más equitativa del ingreso? ¿Cómo superar el abuso que sufren los consumidores financieros con entidades reguladoras desprovistas de facultades en ese terreno o que protegen a los regulados: bancos y sociedades financieras de diverso pelaje? ¿Cómo proteger a los pequeños accionistas de los engaños derivados de la información que emiten las agencias calificadoras de riesgo, si ello está en la naturaleza fundamental del actual sistema regulatorio a escala mundial? O los créditos estudiantiles que agobian a un buen número de profesionales cuyos salarios no les permiten pagarlos y que imprime gran desesperanza a los actuales estudiantes y la sensación de ser parte de los sectores vulnerables de la sociedad. ¿Cómo resolver ese problema si este financiamiento de la educación le ha permitido ganar a la banca más de US$ 500 millones, según información del Banco Mundial? .

EL PROBLEMA DE LA OPOSICIÓN: FORMULAR EL DESACUERDO.

En suma, el problema de la coalición de gobierno es de déficit político, pero también deriva de los problemas de la población que se han ido forjando a lo largo de décadas al socaire del modelo económico vigente. El impasse que vive el país deriva también de que la Concertación incluso promovió algunas de las condiciones que generan el malestar ciudadano. Este tema lo aborda en forma muy concisa e inteligente Héctor Soto: “Gran parte del secreto del éxito de la Concertación fue amparar en los hechos el modelo económico -no sólo ampararlo, también perfeccionarlo- manteniendo eso sí un discurso que, junto con poner énfasis en la equidad y en la inclusión social, presentaba a sus gobiernos con las manos atadas para cambiar el estado de cosas. Este doble estándar le funcionó en varios sentidos. Le permitió vestirse con los éxitos de la estrategia de desarrollo (dinamismo de la economía, reducción de la pobreza, fuerte expansión de la clase media, extensión del sistema educacional y universitario, mejoramiento de los ingresos); le permitió salvar su responsabilidad política en la parte ingrata de la experiencia (que pasó a ser culpa exclusivamente de los empresarios y la derecha) y le permitió también, con llamados recurrentes a la responsabilidad, contener la resistencia o el rechazo que el modelo generaba en el mundo laboral más organizado. Fue un negocio redondo por donde se le mirara. Puros beneficios, cero costo”.

La actual falta de diálogo entre la Concertación y el movimiento social tiene que ver con el rechazo a sus principales figuras como efecto de la sensación o convicción de que los problemas tienen que ver con las acciones y omisiones de la alianza que gobierno el país durante 20 años. Por encima de todo lo que cabe valorar del legado de la Concertación al país, entablar un diálogo con las actuales demandas ciudadanas implicaría que la Concertación reformulara sus convicciones y asumiera sendas críticas de sus gobiernos gestión.

Pareciera que no estamos frente al quehacer político habitual. Enfrentemos por el contrario un momento histórico en que la acción transformadora es posible. Vivimos una interrupción del curso ordinario de las cosas. Presenciamos la transgresión que pone en cuestión el consenso existente, la desobediencia civil que Arditi define como “la forma básica de la acción de la multitud”. Como señala Virno, “en lugar de afrontar el problema eligiendo una de las alternativas previstas, cambia el contexto en el cual se inserta el problema…Una inversión desprejuiciada que altera las reglas del juego y hace enloquecer la brújula del adversario”.

Sin embargo es probable que, como muchos esperan, la movilización social termine en comisiones, en acuerdos cupulares, en medidas cosméticas. No sería raro que el movimiento estudiantil como en el caso de los Pingüinos termine disgregado por acuerdos que no van a la sustancia, como las reformas bajo Bachelet y Piñera en contra de las cuales se movilizan los estudiantes y profesores. Algo similar puede ocurrir con las otras movilizaciones.

¿Cómo proyectar esta movilización en un triunfo electoral en las próximas elecciones municipales y presidenciales? Es esta una tarea imposible ya de abordar en toda su magnitud. Pero podría haber una respuesta, si la oposición fuera capaz de formular y precisar el Desacuerdo con la forma en que el Gobierno trata los diferentes problemas, en aras de soluciones de fondo a las dificultades que enfrentamos como país. Sería una forma inédita de plantear el Desacuerdo que hoy, parafraseando a Arditi, más que una confrontación entre dos posiciones dadas de antemano sería una disputa entre “partes” que aún no se han constituidas como tales para confrontarse. Para la oposición se trata de asumir la tarea ¨de desarreglar y reconfigurar¨, esencia de la actividad política requerida para estar a la altura de las circunstancias.