Piñera y las mujeres

Publicado : 09 Marzo, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

En el fragor de la campaña presidencial, Sebastián Piñera dijo que haría lo mismo que sus predecesores, aunque mejor. Se pensó que se refería a la protección social, sello que Michelle Bachelet le imprimió a su mandato. Nadie podía imaginar que un Presidente de derecha, que más encima dice cosas como que “entender la opinión pública es casi tan difícil como entender a las mujeres”,

se preocuparía de las políticas de género. Por lo demás, Bachelet dejaba una vara alta, tanto para Chile como para la región. Incluso, en algún momento, ella llamó a constituir una “alianza paritaria” en América Latina. La ex mandataria logró combinar la igualdad de oportunidades, la acción afirmativa gracias a la paridad presidencial y la transversalidad, cuyo mejor expresión se encuentra, quizás, en la reforma previsional. No impulsó cambios en el paradigma de género que sustenta las políticas, manteniéndose el rol central de las mujeres en el marco de la familia tradicional y la idea de “trabajo” reducida a enfrentar la brecha salarial. Sin embargo, logró conjugar,  tanto en discurso como en estilo, dos corrientes del feminismo: el de la igualdad, que trata de incidir en los espacios androcéntricos, feminizándolos y el de la diferencia, también llamado maternal o social, que reivindica los intereses y características particulares de las mujeres, apelando a la llamada “ética del cuidado”. Lo concreto es que, tras Bachelet, las ideas y opiniones acerca de los roles de género no son las de antes.
Cuando se celebra un nuevo Día Internacional de la Mujer y a días del primer aniversario del gobierno de Sebastián Piñera, vale la pena preguntarse cómo se ha abordado la igualdad de género desde el Estado.

Como era de esperar, se descontinuó la paridad ministerial aunque puestos tradicionalmente masculinos, como la Dirección de Presupuestos, están hoy en manos de una mujer Posteriormente, la creación del Ministerio de Desarrollo Social asistió al intento por reducir atribuciones del Sernam, impedido por la oportuna reacción de las organizaciones de mujeres. En estado pendiente se encuentra algún tipo de medidas para enfrentar la subrepresentación política femenina ya que el Piñerismo abomina de todo lo que huela a cuotas, y un silencio inquietante sobrevuela lo relativo a derechos sexuales y reproductivos. Los cambios semánticos no son menores: las mujeres hemos pasado de ser sujetos de derecho, visión inspirada en el régimen internacional de los derechos humanos, a portadoras de valor, dentro de un esquema esencialmente productivista.

Aunque desde la derecha fueron criticadas las comisiones que formó Bachelet, el actual gobierno no dudó en emularlas. De hecho, la extensión del postnatal emana de una de ellas. Para ser ecuánimes, se ha mantenido la tradicional línea del Sernam, que privilegia la ciudadanía económica y social, y que solamente la presencia de Bachelet pudo completar con otras dimensiones ausentes del espacio público.

El postnatal entró en la campaña presidencial como producto de un incipiente debate sobre la conciliación que comenzó a instalarse en el gobierno anterior. El anuncio de su ampliación a seis meses abrió una Caja de Pandora, poniendo el dedo en la llaga de la desigualdad femenina en Chile. Por otra parte, resulta difícil encontrar un país donde se exalte con más fuerza la maternidad pero que su vivencia, al mismo tiempo,  resulte más tensionante. Para un porcentaje significativo de mujeres, ésta queda librada a la posibilidad de contar con redes familiares o poder adquisitivo.

Si bien el debate generado tiene componentes de justicia de género, han ido quedando opacados por consideraciones laborales y sanitarias. Bueno sería que la Ministra Schmidt, de quien se partió diciendo que no creía en “los viejos eslóganes del feminismo” pero que hoy afirma que “defiende cada derecho de la mujer con garra”, tuviera cuidado de permitir que su repartición sea vista como un departamento del Ministerio del Trabajo. 

Si bien no se le puede pedir a una sola política que lo resuelva todo, se han alzado voces que critican la exclusión de mujeres de más altos ingresos. Más grave aún, se acusa al gobierno de rodear de novedad lo que se reduce a reconocer una situación de hecho como lo son las licencias fraudulentas para prolongar el cuidado del recién nacido, por lo que no supondrá un gasto mayor al Estado. Cabe preguntarse si lo segundo no contribuye a alimentar el déficit de desconfianza que padece el Presidente.

Por otro lado, la ampliación del postnatal responde más bien a consecuencias. Falta la pregunta macro y más integral, acerca de cómo enfrentamos, como sociedad, las tareas del cuidado y la crianza, intentando reconciliar los procesos de producción y de reproducción.  Involucrar al padre en el periodo postnatal es un buen comienzo. Por otra parte, el debate acerca del empleo no puede ser reducido a la “flexibilidad”, que coloca el problema sobre los hombros de la mujer y que muchas veces resulta ser el pasaporte para la precarización. Más nos valdría comenzar a imaginar tipos de trabajo más acordes con el tiempo reproductivo y más alejado del tiempo productivo, que los hombres moldearon a su medida.

Se dice que el gobierno de Piñera carece de un imaginario de país en el cual inspirarse. Ello se hace más evidente, si cabe, en el ámbito de la igualdad de género por cuanto, si le creemos a Touraine, “los debates y los conflictos que giran en torno a la situación, la acción y los derechos de la mujer son los más importantes de nuestro tiempo”.

Publicado en “La Tercera – Blogs” el 9 de Marzo de 2011