La TV el nuevo partido político

Publicado : 18 Abril, 2011 en Prensa

Por Osvaldo Torres | Antropólogo. Miembro del directorio de la Fundación Chile 21

El debilitamiento de los sindicatos y el descrédito de los partidos políticos han terminado consolidando a la TV como un partido político. No se trata sólo que la TV haga política, cuestión ya conocida, sino que está realizando una tarea de intermediación entre las demandas sociales y el sistema político, rol que tradicionalmente ocupaban los partidos, y que  algunos canales de TV han ocupado ese espacio al estilo de “Esto no tiene nombre”,  . El tema tiene consecuencias significativas para la democracia.

A modo de ejemplo, antes eran cuestiones del dominio de los sindicatos asuntos como la denuncia de las condiciones de empleo de los trabajadores, como hoy lo hace la TV: los supermercados que encierran a sus trabajadores durante la noche; los que son presionados para vender mercadería en mal estado; los que no respetan los horarios o la seguridad de sus choferes; los que promueven créditos discriminando lugar de vivienda, entre otras formas abusivas de la relación entre empresarios y trabajadores. Estos problemas  eran representados por las organizaciones ante los partidos que canalizaban la denuncia frente a  los medios y también ante las autoridades,  formando parte de un proyecto convergente con sus propios programas políticos.  También hoy la TV abre sus pantallas a las denuncias de propietarios de viviendas, estafados por las empresas de seguros o cuando los sin casa son discriminados en el acceso a subsidios para la vivienda; donde antes estaban los “organismos intermedios”  junto a los partidos que intercedían para que se les reconocieran sus derechos vulnerados o para que se legislara por su reconocimiento como tales, hoy es el periodista el que interpela e intermedia entre los afectados y las autoridades empresariales o políticas.

La situación, positiva para los afectados, que se sienten considerados, visibilizados y tratados como personas dignas de preocupación por alguien cuando la autoridad no los ha escuchado, expresa la fractura que existe entre las personas y la credibilidad en la efectividad de los partidos políticos. Este hecho se da porque el desprestigio de los partidos ante la población, hace que no concurran a pedirles su apoyo, pero también porque éstos no están preocupados de lo que ocurre en la vida cotidiana de la gente y de sus organizaciones.

¿Por qué sucede esto? Una variable  que influye es que la política sigue sin entender que los límites entre lo público y lo privado se han hecho más difusos, en un contexto de mayor incertidumbre sobre el futuro y de temor ante un presente que se hace cada vez más riesgoso. Entonces, los políticos en vez de profundizar un discurso sobre los nuevos problemas subjetivos que se viven, tales como  las desigualdades de ingresos incluso para similares trayectorias personales y técnico-profesionales, la inseguridad barrial, la mala convivencia familiar, la incierta vida de los hijos en la escuela, etc., han emprendido el viaje hacia su propio ombligo: el debate sobre el poder, las formas de retenerlo y administrarlo. Pero, como sabemos que  la política pierde su propio poder si no se socializa, pues éste radica -en los sistemas democráticos- en los ciudadanos, el camino nos lleva a que otros ocupen el papel de los partidos.

Así las cosas, la capacidad de representación de intereses sociales se traslada a la TV y ello implica que el poder se traslada a los editores, que son seleccionados pero no electos. Selección que escapa al sufragio universal y por tanto dependerá de quien controla ese poder, que generalmente es el propietario del medio de comunicación.

Además, también está la fugacidad de la denuncia. Mientras la TV motoriza la denuncia e impacta, puede resolver problemas puntuales de los afectados, pero sino existe organización social y partidos para estos nuevos temas, esas denuncias quedarán rápidamente en el olvido de la teleaudiencia y con ello también de los dirigentes partidarios que se mueven al acecho de lo que marca el rating.

Publicado en “La Tercera – Blog” el de Abril de 2011