El Estado está de vuelta

Publicado : 21 Mayo, 2011 en Portada, Prensa

mangelesPor María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

La segunda Cuenta Pública a la Nación de la era Piñera será recordada, no solamente como una de las más accidentadas por la cantidad de interrupciones que sufrió en el hemiciclo, sino por el anuncio de creación de muchos Ministerios junto con una cierta miopía para sintonizar con el signo de los tiempos en materia de participación ciudadana. Una demanda por reconocimiento y expresión parece recorrer el planeta y Chile no resulta impermeable a ello. El movimiento contra HidroAysén, en contra de lo que algunos piensan, tiene trazas de no ser una protesta más.

Entendiendo que no resulta suficiente galvanizar voluntades en base a la mera gestión y demostrando que no le resulta del todo indiferente la crítica por la carencia de relato, el discurso supone un nuevo intento por proyectar un horizonte estratégico de país a partir de la adversidad compartida. Aunque se esperaría que atrás va quedando la excepcionalidad que marcó el año 2010 con el impacto del terremoto del 27-F, el rescate de los mineros y el incendio que cobró múltiples vidas en la cárcel de San José, el Presidente no dudó en recurrir a ello para apelar al sentido de unidad y de compromiso. Surge la pregunta acerca de si algo así no puede hacerse en condiciones de normalidad, sin que concurran a ello experiencias traumáticas, que conllevan fatalidad y dolor. El Presidente parece creer a pies juntillas aquello de que “lo que no mata, fortalece”. A un año de mandato, se ha demostrado que el trípode conceptual de la sociedad de seguridades, oportunidades y valores o la invitación a hacer de Chile un país desarrollado y si pobreza en menos de una década, por sí mismos, no logran concitar entusiasmo y esperanza.

Disciplinadamente, orientó la cuenta de los supuestos logros de un año en torno a los llamados siete ejes o reformas estructurales: crecimiento, empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, calidad de la democracia y reforma del Estado. El problema es que ya se ha difundido la sensación de que el gobierno acumula tareas pendientes y no es casual que los días previos a esta cuenta, presa de la ansiedad que provoca el deber incumplido, el gobierno anticipó los anuncios en materia de salud, empleo y crecimiento. Algunas críticas ya se han levando específicamente con relación a este último ámbito, por congregar un conjunto de medidas disímiles e, incluso, en algunos casos, insustanciales.

Es probable que nunca hayamos escuchado, en un discurso de este tenor, tal cantidad de anuncios en materia de creación y reingenierías ministeriales. Al Ministerio de Desarrollo Social, que ya atravesó un primer trámite legislativo, se suma la creación del Ministerio de la Cultura y del Patrimonio, el Ministerio del Deporte, el Ministerio de Agricultura y Alimentos y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Paralelamente, se suma la creación de la Subsecretaría de Educación Superior y la modernización del Ministerio de Relaciones Exteriores. Algunas de estas propuestas fueron intentadas por los gobiernos precedentes pero se encontraban con el rechazo intransigente de la derecha, siempre reacia bajo el predicamento de que no hay mejor Estado que uno de corte mínimo y, ojalá, abocado esencialmente a las tareas del orden y protección de la propiedad. Aquello de que “otra cosa es con guitarra” se aplica bien en este caso porque la derecha, ahora en el poder, se percate de lo errado de su tesis de que toda nueva institución no es más que burocracia. Su antipatía a todo lo que huela a Estado parece haber adquirido un límite. Ahora bien, lo importante es que, como instrumentos estatales que son, su creación en cada caso responda a proteger las reivindicaciones y demandas ciudadanas y no a otra cosa. A pesar de que se esperaba el anuncio de la transformación de Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) en un Ministerio de la Mujer y la Familia, no entró en esta cuenta. Aunque muchas respiramos, aliviadas, habría que preguntarse si se aplica en este caso aquello de “no news, good news”. Existe importante evidencia para afirmar que, en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres, Chile está experimentando retrocesos.

Uno de los ejes particularmente deficitarios es el relativo a la calidad de la democracia. Luego de un año, el gobierno solamente puede exhibir un magro avance: la reforma constitucional para el cambio de fecha de la segunda vuelta presidencial. Como novedad, se percibe un énfasis particular en lo relativo a la regionalización Sin embargo, se notó en falta alguna iniciativa que, más allá del impulso a los plebiscitos comunales y la iniciativa popular de ley, que se arrastran sin concreciones desde el año pasado, den una respuesta a la demanda por expresividad y participación a la base de protestas que, como la de HidroAysén, parecen ser portadoras de algo distinto a lo que se ha venido conociendo como expresiones de malestar ciudadano.

Resultaron particularmente llamativos los guiños a la clase media, sector de anclaje del 3% que posibilitó el triunfo de la derecha en las últimas elecciones y que, frente a la preocupación por la focalización del gasto en los más pobres, aparecía particularmente librado a su propia suerte. Adicionalmente, resultó curiosa la ausencia de medidas para enfrentar la corrupción cuando las encuestas de opinión dan cuenta de un incremento de la misma en la percepción ciudadana. Por otro lado, resulta una novedad el agradecimiento público por su apoyo a la Coalición por el Cambio. El Presidente no podía darse el lujo de enfrentar nuevamente críticas de personalismo y de ausencia de consideración al trabajo de los partidos que ha venido sistemáticamente pronunciando el senador Longueira.

Publicado en “La Tercera – blogs” el 21 de Mayo de 2011