TÉNGASE PRESENTE: ¿El fin de una época?

Publicado : 07 Julio, 2011 en Portada, Téngase Presente

¿El fin de una época?

Por Gabriel Gaspar, en representación de la Fundación Chile 21

Las sucesivas y diversas movilizaciones que el país ha presenciado en los últimos días hablan de un malestar ciudadano. ¿Se trata de una sumatoria de protestas sectoriales? ¿Se explican solamente por la incapacidad del Gobierno para entender lo que demanda la ciudadanía? ¿Cómo salimos de esta situación?

Las encuestas hablan de un Gobierno en franca caída. Pero también muestran la caída de la Concertación. La situación actual sería el escenario ideal para cualquier oposición: un gobierno acorralado y una sociedad efervescente. Más, la sociedad también esta molesta con la “oposición oficial”, concretamente con la que muestran los partidos y los parlamentarios.

La ciudadanía movilizada demanda participación, el sistema imperante no la facilita, consagra la reelección a dos bandas. El Chile del 2011 ya no cabe en dos opciones, requiere una mayor diversidad. Pero los temas se unen, una educación cara, mala y que endeuda a la mayoría de los jóvenes se une a una deuda masiva de la mayoría de las familias, a veces repactada a sus espaldas para beneficio de ejecutivos ambiciosos. Las encuestas muestran que la sociedad percibe al Gobierno como un gobierno de empresarios y gerentes. El Gobierno lo confirma al mostrar su extrañeza porque según su visión, “el país está bien, su economía crece, y la población está molesta”. No capta que el problema es más allá de la educación, de más plata o mejor gestión. En su percepción, si las empresas tienen ganancias, el país esta bien.

Pareciera que el “pacto de las elites”, construido tras la búsqueda de una transición democrática no traumática, ha topado fondo.  El ciclo de la política chilena hegemonizado por dos coaliciones no sólo ya no permite resolver los problemas de la población, sino que además es percibida por esta como un duopolio que no la representa.

Por eso se equivoca el Gobierno cuando cree que  todos los problemas se resuelven con más plata y enviándolos al Congreso, porque la ciudadanía también cuestiona la representatividad de los parlamentarios elegidos por un sistema que cautiva al elector.

Lo cierto es que como en otros momentos de la historia, lo viejo no termina de morir mientras lo nuevo no acaba de nacer.  Es momento para refundar la estabilidad institucional y social, legitimándola con plena participación ciudadana, más aún cuando hay nubes en el horizonte vecinal.