Sinceramiento concertacionista

Publicado : 25 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por
María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21
Eugenio Rivera | Director del Programa Económico de la Fundación Chile 21

LA EFERVESCENCIA política producida por el cambio de gabinete, así como las movilizaciones ciudadanas, tienen a la Concertación en calidad de espectadora. Es cierto que el régimen presidencial brinda pocas oportunidades para perfilarse, más aun en hombros de un Presidente como Sebastián Piñera, que lo ha dotado de un personalismo exacerbado. Pero ello no termina de explicar su depreciación hasta llegar al magro 23% de adhesión que hoy ostenta la coalición opositora.

Por ello, no es de extrañar que afloren propuestas para su reinvención, bajo el supuesto de que conserva vigencia histórica y política. Eso es lo que, en este mismo espacio, intenta Claudio Fuentes cuando afirma que la Concertación, para reinventarse, "requerirá de un marco programático renovado, prácticas políticas transparentes e inclusivas y liderazgos efectivos", dando por sentado que sus miembros comparten un conjunto de principios constitutivos para la acción política, los que basta con actualizar.

Con ello se refiere a la justicia, la participación, la igualdad y la libertad, los que no son privativos del sector, por cuanto la derecha también los reclama como propios. Su apelación retórica no sirve de mucho para mostrar una diferencia. Hablar de equidad, en su momento, fue la forma de escamotear el bulto frente a la palabra igualdad, incómoda para la ideología dominante. Por otro lado, la trayectoria de 20 años de gobierno arroja, a la luz de las políticas públicas, disímiles interpretaciones. Muchos concertacionistas han adoptado acríticamente una interpretación de la justicia social como igualdad de oportunidades, cuyos efectos antiigualitarios son evidentes y que propende a la competencia.

Por otro lado, se ha tendido a confundir principios con instrumentos. Así, la focalización, por ejemplo, pasa a tener mejor derecho que la universalidad y la solidaridad. Los debates recientes en torno a la agenda social del gobierno dan cuenta de ello, por cuanto el sector de economistas concertacionistas liberales la critican por no ser suficientemente focalizada o considerarla regresiva. Se pierde de vista que la focalización ha tenido como efecto la orfandad de los sectores medios, incluidos los grupos que dejan la pobreza, ha debilitado la cohesión social, ha afectado la calidad de la educación y la salud, y ha sustraído de la discusión la necesidad de una reforma tributaria que provea de mayores recursos al Estado. Otro ejemplo es la participación política femenina y la ley de cuotas. Muchos concertacionistas han sido renuentes a su discusión, haciendo suya la demanda de mérito femenino proveniente de la sensibilidad del individualismo liberal.

Por tanto, olvida Fuentes que para la hipotética reinvención de la Concertación, falta una etapa previa: la deliberación franca e informada acerca de la comprensión de las desigualdades y su superación. Su esquivamiento en el pasado puede entenderse por las responsabilidades de ser gobierno, pero, en las actuales circunstancias, constituye una exigencia para recuperar la credibilidad perdida. Constituir una oposición efectiva pasa por atreverse a nombrar los desacuerdos con el gobierno, pero, para ello, hay que tener claridad sobre los desacuerdos propios.

Publicado en “La Tercera” el 24 de Julio de 2011