Cambio de gabinete, calidad de la democracia y senadores designados

Publicado : 19 Julio, 2011 en Portada, Prensa

Por Gloria de la Fuente | Directora del Programa Político de la Fundación Chile 21

Gloria de la Fuente

No cabe duda que eventos tan importantes para la gestión de un gobierno como un cambio de gabinete generan multiplicidad de análisis e interpretaciones. A riesgo de no repetirme diré sólo algunas cosas que me parecen relevantes, pero quisiera poner el foco en un ámbito que me parece es el más importante y que tiene que ver finalmente con la calidad de nuestra democracia y sus instituciones, sobre el que enfatizaré al final.

Las preguntas obvias de esta decisión presidencial son, ¿ayuda este cambio de gabinete a resolver los problemas diagnosticados? ¿Quienes ganan y quienes pierden con el cambio?.

Primero, si esta decisión presidencial ayuda o no a resolver los múltiples conflictos que enfrenta el oficialismo, que van desde el clima de movilización social que se ha instalado, la dificultad del Ejecutivo para responder a las nuevas demandas que emergen, los bajos niveles de aprobación y altos de desaprobación del Presidente y su equipo de gobierno, pasando por los conflictos internos de la coalición gobernante y la incapacidad de instalar un horizonte estratégico que den sentido a esta administración; lo cierto es que el escenario se ve complejo y es mejor no aventurar caminos ni salidas. No obstante, la realidad es que este nuevo diseño – más político y menos “gerencial”- tiene el principal desafío de generar un punto de inflexión en la conducción del Ejecutivo y darle gobernabilidad interna a la Coalición por el Cambio.

Desde de la perspectiva de los ganadores y perdedores, me atrevo a señalar que quien gana obviamente es la UDI, particularmente sus coroneles, que no sólo lograron instalarse hace poco en la mesa de su partido, sino que ahora consiguieron también ocupar posiciones estratégicas y relevantes en el gobierno. Ello no es menor en un partido que, siendo mayoritario en el Congreso Nacional, estaba cada vez más desafecto del gobierno. Victoria “pírrica” es la del Ministro del Interior, que si bien logra quedarse en la jefatura de gabinete, plantea a lo menos un signo de interrogación respecto a la capacidad real que tendrá de ejercer este rol en el nuevo escenario o, muy por el contrario, deberá ejercer una disputa permanente con los nuevos liderazgos por el control político del gobierno, optando mas bien por ser el asesor principal del Primer Mandatario. No obstante, queda claro que el Presidente premia la lealtad. Pronóstico reservado para los Ministros Lavín y Golborne, que salen del foco del conflicto (Educación y Minería/Energía), quedan en un espacio que les permite desplegar su opción presidencial, pero tienen aún un largo camino por recorrer y mucho que demostrar antes de ser ungidos como candidatos.

Quién pierde?, sin duda el Ministro Kast, que se erigía al principio del gobierno como una de las grandes promesas jóvenes del oficialismo y que prometía poner el acento en temas que para la centro- derecha más tradicional no eran del todo cercanos, como aquellos vinculados a las políticas sociales y la pobreza. No obstante, la derrota más importante, me parece, la sufren nuestras instituciones democráticas.

En efecto, si bien nombrar a parlamentarios en el gabinete ha sido una práctica usada también en los gobiernos de la Concertación, no deja de ser relevante que la actual administración haya optado una vez más por convocar a figuras de la Cámara Alta, completando un total de cuatro ex Senadores que ocupan hoy un rol en el gabinete presidencial. Si lo miramos en números, en un Senado que tiene un total de 39 miembros, esto equivale a que algo más del 10% de sus representantes sean reemplazados vía designación partidaria, lo que es una directa afrenta a la soberanía popular expresada a través del voto, práctica tan criticada por el actual oficialismo cuando era oposición. Peor aún, si se realiza el simple ejercicio de sumar cuantos electores han quedado en cada circunscripción con Senadores “designados” llegamos a un total de 2.520.757 ciudadanos que, estando inscritos en los registros electorales en Chile, hoy tienen un representante por el cual no pudieron votar porque les fue impuesto, dada las nuevas funciones que sus representantes decidieron cumplir en el gobierno. En términos del total de personas inscritas en los registros electorales en Chile, tenemos entonces que el 30,9% de nuestro padrón electoral (que llegan a un poco más de 8 millones) tiene al menos una autoridad que no ha sido electa a través de las urnas.

Cierto es que el oficialismo ha tratado de desdramatizar esta opción señalando que la decisión corresponde a la necesidad del gobierno de convocar a sus mejores cuadros políticos y, sin duda, ello es así porque nadie podría negar el peso político específico y la trayectoria que tienen en la centro- derecha Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira. No obstante, es preciso que sean los propios representantes y las autoridades políticas quienes procuren cuidar las instituciones, particularmente aquellas que son, supuestamente, el espacio de representación de la sociedad como el Congreso Nacional y que en nuestro país tiene una negativa imagen como muestran múltiples encuestas, entre ellas, la CERC de mayo- junio, donde se observa una caída importante de la confianza en el Senado desde 1990 y que hoy apenas se empina en el 17%.

Si hay algo que afecta la confianza en las instituciones y la calidad de la política es tomar con liviandad algo que no debe. Si la representación en Chile ya estaba en deuda antes con la falta de competencia que provoca nuestro sistema electoral que produce altos niveles de exclusión, ahora lo está aún más si se considera que millones de personas en Chile quedarán bajo la representación de alguien que ni siquiera tuvieron la posibilidad de elegir.

Publicado en “La Tercera-Blogs” el 19 de Julio de 2011