Política: A mirar el barrio

Publicado : 18 Febrero, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

Desde la derrota electoral en la última elección presidencial, la Concertación emprendió una travesía que, por el juicio ciudadano en las encuestas, no ha estado bien encaminada. Para decirlo en breve, pareciera que ha tendido a poner la carrera delante de los bueyes. Junto con recurrir a los mecanismos fiscalizadores previstos en la Constitución, se suma la preocupación por las alianzas y la renovación de los liderazgos, la retórica de las primarias, los protocolos de ordenamiento parlamentario y hasta un posible estudio de mercado por la vigencia de la marca.

¿Y que es de las ideas?. Uno de los factores la derrota es el déficit intelectual del conglomerado, por cuanto no solamente lo más granado de su intelectualidad se fue alejando de sus partidos sino que, siendo gobierno, no se hizo lo suficiente para que los criterios de mercado inundaran el ámbito académico. A pesar de ello, no se parte de cero. Un análisis de los programas de las tres candidaturas en primera vuelta arroja coincidencias, aunque resulta difícil conversar en torno a ellas cuando uno de sus referentes, la Concertación en este caso, reclama superioridad.

La situación contrasta con la búsqueda frenética de modelos emprendida por la derecha en el 2006, tras su cuarta derrota presidencial. Tanto por afán de deslastrarse de su pasado pinochetista como por los palos de ciego que venía dando, expresados tanto en el “desalojo” como en el “nuevo trato”, intentó aprender de la centroderecha sueca, Uribe, el PP español, Sarkozy y hasta de un Cameron que, sin duda, inspiró la idea de la Nueva Derecha criolla, por cuanto supo arrebatarle al laborismo varias banderas de lucha.

¿Dónde podría encontrar la Concertación inspiración para articular un horizonte? Su referencia secular, el Welfare State europeo, atraviesa turbulencias. Las derrotas emblemáticas en Alemania y en el Reino Unido la tienen sumida en una crisis de identidad, que incluye el arrepentimiento por su excesiva inclinación hacia el mercado.

La clave de la renovación pudiera estar en América Latina, región hacia donde escasamente nuestras élites miran. Se necesita pasar a la ofensiva, dejar de excusarse, como diría Tony Judt y pensar creativamente el rol del Estado, los dilemas del crecimiento y la distribución y desafíos civilizatorios como el cambio climático. La CEPAL, con su propuesta La hora de la igualdad, entrega muchas pistas. Por otro lado, Brasil e incluso Uruguay, un país sin pretensiones, son experiencias motivadoras. El primero, por cuanto ha sabido combinar democracia y liberalismo económico con un nuevo desarrollismo y políticas sociales. El segundo, por contar con una alianza, el Frente Amplio, que se esfuerza por articular la experiencia gubernamental con la conexión con sindicatos y grupos sociales.

Volcar los ojos hacia ellas implicaría, por otra parte, cierta dosis de humildad. La Concertación, ayer modelo, ha pasado a ser hoy caso de estudio, cosa de no repetir errores.

Publicado en la revista Qué Pasa, No. 2080, 18 de Febrero de 2011