Un cambio con gusto a poco

Publicado : 19 Enero, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21


El cambio que el Presidente Piñera efectuó a su gabinete supone el reconocimiento de que la impronta gerencial con la que quiso caracterizar su gestión fue insuficiente. Si bien el megasismo del 27-F instaló un paréntesis en el transcurrir de la vida de los chilenos y la emergencia sirvió como entendible justificatorio, todo tiene un límite. El cúmulo de errores, exabruptos al estilo Junji, miopías y renuncias como la de Ravinet terminaron por vaciar de contenido la consigna de la “nueva forma de gobernar”.

Junto con reconocer la importancia de la política, simbolizada con el ingreso de los ex senadores Allamand y Matthei, es probable que éstos contribuyan a limitar su tendencia a la gestión personalizada. Uno de los riesgos es haber contribuido a aumentar el pool de presidenciables, en el que Golborne parece llevar la delantera, pero quizás es mejor pecar por exceso que llegar al final del mandato con sequía de liderazgos, tal como le sucedió a la administración anterior.

La decisión tomada, por lo pronto, aunque le permite al Gobierno tomar la iniciativa política, saca a la luz otros aspectos que el cambio no parece resolver. En primer lugar, su equipo se mantiene relativamente homogéneo en términos de procedencias y experiencias, no habiendo respondido a una demanda por diversidad planteada desde el inicio de su mandato. Cabe preguntarse si podrá lidiar con el país real; conflictos como los de Magallanes e Isla de Pascua podrían indicar un cierto déficit sociológico. No por nada una de las dimensiones importantes de la representación política es la descriptiva, según la cual se espera que los representantes se parezcan a los representados en términos de signos de identidad compartidos. Se asume que ello permitiría representar los intereses y resolver de mejor manera las demandas de la población.

Una segunda interrogante se sitúa en la necesidad de impulsar el sentido de coalición, a fin de alinear a sus parlamentarios y evitar la desafección, algo que el senador Longueira viene demandando.

Pero es en el terreno más complejo, el de la personalidad presidencial, donde el cambio poco o nada pareciera incidir. El Primer Mandatario presenta debilidades en el área de los “atributos blandos”, como cercanía y credibilidad, justamente aquellos que la ex Presidenta Bachelet contribuyó a catapultar como condición importante de la popularidad presidencial.

Publicado en “La Segunda” el 19 de Enero de 2011