La revolución chavista bajo la lupa

Publicado : 30 Enero, 2011 en Portada, Prensa

Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21


Si bien se han escrito ríos de tinta sobre una revolución que ya dura 12 años, buena parte de los análisis abordan aspectos parciales. El periodista y editor de Opinión de “La Tercera” Marcel Oppliger va más allá e intenta entregarnos una panorámica general, desde su nacimiento hasta el presente, analizando puntos de inflexión específicos, como el intento de golpe de Estado de 2002 y los posteriores giros de los años 2003 y 2007, llamados a profundizar esa revolución. Se trata del retrato de un proceso político en la perspectiva del periodismo de investigación, recurriendo a fuentes de información equilibradas. Está escrito en forma ágil y amena, incorporando pincelazos de la Venezuela cotidiana, incluso con resonancias lingüísticas que resultan reconocibles y entrañables para quienes hemos vivido en ese país.

A diferencia de los libros que se centran en las causas del fenómeno Chávez, muchas veces para justificarlo, o que eluden el juicio crítico, amparándose en que se trata un proceso en curso, Oppliger se atreve a emitir juicios y califica a la revolución como "fallida".

El libro analiza con rigor los problemas acumulados por el llamado Socialismo del siglo XXI en términos de altos índices de inseguridad, ineficiencia y corrupción. Pero reconoce que, a pesar de ellos, Chávez sigue ostentando niveles de apoyo importantes, refrendados en sucesivas elecciones. Una de las explicaciones para entender estos niveles de adhesión son las llamadas Misiones, programas múltiples y dispersos de asistencia social a los más desfavorecidos. Oppliger, a través de las fuentes consultadas, descubre que, más allá de los recursos clientelares que éstas proveen, estas iniciativas contribuyen al mantenimiento del proyecto revolucionario, por el sentido de integración social que las anima. Es acá donde entra en juego el manejo de la subjetividad en política, en lo que Chávez ha mostrado ser un maestro.

La revolucion chavista bajo la lupa.Las preguntas que guían al autor son básicamente dos: ¿es una legítima democracia lo que tiene hoy Venezuela? y ¿funciona la revolución bolivariana del Presidente Chávez como proyecto político, a la luz de una década de gobierno? La pregunta sobre la legitimidad es relevante en tres dimensiones: en el origen de la autoridad, en las formalidades y prácticas vinculadas al ejercicio del poder y, finalmente, en los resultados. La autoridad de Chávez, que es inobjetable electoralmente en el origen, no pasa el examen relativo a los procedimientos. Bien sabemos que la política existe porque existen los antagonismos, pero en Venezuela el nivel de polarización y crispación de la sociedad no tiene precedentes. El problema se ha acrecentado, por cuanto el Presidente Chávez se preocupó de obtener, de una Asamblea Legislativa que le era proclive y días antes del ingreso de la oposición a la misma como producto del último resultado electoral, una Ley Habilitante, que le concede poderes especiales para legislar por decreto respecto de temas como seguridad, impuestos, defensa e infraestructura. Aunque existen precedentes en Venezuela para leyes de este tipo, es difícil no asociar el procedimiento con las famosas "leyes de amarre" dictadas por el general Pinochet antes de dejar el poder, en marzo de 1990.

Otra cosa, sin embargo, es la legitimidad por resultados. En este plano la revolución sigue entregando argumentos a quienes la defienden. Nos referimos al éxito en la lucha contra la pobreza. El Panorama Social de América Latina editado por Cepal, correspondiente a 2010, informa que si en el año 2002 la pobreza era de 48,6% y la indigencia de 22,2%, seis años más tarde, en el 2008, esas cifras habían caído a 27,6 y 9,9%, respectivamente.

Una paradoja adicional, que el libro no aborda, es la percepción que los venezolanos tienen de su democracia. Los datos de Latinobarómetro para los años 2009 y 2010 revelan una satisfacción de 84%, lo que parece dar cuenta de niveles atendibles de satisfacción con un régimen que ha introducido prácticas autoritarias en un marco de competencia política. Chávez, hasta el momento, parece haberse movido dentro del límite de los valores, creencias, actitudes con los que los venezolanos asocian la democracia. De ser así, esta dimensión comportaría otra fuente importante de legitimidad, que es la simbólica.

El libro refleja bien la tensión existente entre el liberalismo clásico, traducido como democracia política, y las formas alternativas de democracia, de contenido más económico y social. Para su autor, el proceso se ha ido resolviendo mediante sucesivas hipotecas de las libertades a favor de la concentración del poder central.

Estamos en presencia de un libro analítico y desarrollado con conocimiento y rigor. Tiene, además, un rasgo muy seductor: es una obra que trasunta un profundo amor por el país en el que su autor vivió por largos 21 años.

Publicado en “La Tercera” el 29 de Enero de 2011