Magallanes: políticas de Estado versus mercado

Publicado : 20 Enero, 2011 en Portada, Prensa

Alexis Guardia

Por Alexis Guardia | Fundación Chile21


Ya casi terminando el año 2010, el directorio de la Empresa Nacional de Petróleo (Enap) autorizó una histórica (y en esto no se equivocó) alza en la tarifa del gas natural en la Región de Magallanes, de 16,8% para poco más de 45 mil hogares de la zona. Bueno es recordar que en noviembre, durante una visita a Punta Arenas, el Presidente Piñera garantizó que los hogares no pagarían más por el gas. La arrogancia e ignorancia económica con que se presentó esta medida desde Santiago fue la chispa que encendió la pradera en la zona austral. “Se terminó la fiesta para los Magallánicos”, “tendrán que pagar el precio de mercado y así reducir su excesivo consumo”, acotaban todos los Master y Phd en “economía neoliberal”.

En esta circunstancia, nos parece útil introducir algunos elementos de realismo económico en este debate. Primero, es cierto que desde hace 8 años el gas natural extraído de yacimientos locales se está agotando en la región. Segundo, el principal consumidor de gas natural local es la empresa exportadora Methanex quien consume al año, trabajando a menos de un 25% de su capacidad, 2,2 millones de metros cúbicos diarios y tiene un piso asegurado por ENAP de 1,65 millones de metros cúbicos a un precio subsidiado del cual se sabe poco, y merece que se transparente. El consumo de toda la región, excluido Methanex, alcanza los 1,4 millones de metros cúbicos diarios. Cuarto, la cuenta promedia anual que pagan los clientes residenciales de Magallanes con un consumo promedio de 400 metros cúbicos mensuales por hogar es aproximadamente de 22,5 millones de dólares para el total de hogares, subsidio incluido. Quinto, el “privilegio” que tendrían los magallánicos de un gas nueve veces más barato que el que se paga en Santiago y que haría la envidia de algunos santiaguinos, no todo se debe al subsidio dado por ENAP. En efecto, el gas natural que se consume en Magallanes es extraído por yacimientos locales con procesos mínimos y que entran rápidamente en el sistema de distribución. Su costo por millón de BTU es de alrededor de US$1,5. El gas que se consume en la zona central, es extraído de yacimientos extranjeros (actualmente Malasia), sometido a proceso de licuefacción y transportado líquido a Chile (mas de 20 mil kilómetros), regasificado en Quintero, procesado y puesto a distribución. Su costo por millón de BTU es de alrededor de US$11. Por último, las empresas privadas de exploración de hidrocarburos, generalmente extranjeras, no estiman su rentabilidad sobre la base del precio del gas en Magallanes. Es un discurso demagógico el que dice que al subir la tarifa del gas llegaran más empresas a explorar y salir así de la escasez actual. Las empresas son atraídas por el mercado que potencialmente existe en la empresa Methanex y de ser muy exitosa la exploración, ellas están pensando en la exportación.

Volvamos a la economía política del asunto. Muchos países tienen política de Estado de subsidios en zonas extremas, ya sea porque se vive en condiciones climáticas bastante adversas o por razones de seguridad o poblamiento. Aquí no entra como eje central el mercado es una decisión política de carácter estratégico. La tienen Suecia, Finlandia, Noruega, Canadá y Estados Unidos en Alaska. Por ser políticas de Estado el financiamiento va por la vía del Presupuesto. En Chile también existe política de Estado para las zonas extremas, que aún no han sido cuestionadas, pero en el caso del gas de Magallanes, el subsidio se realiza a través de una empresa pública (ENAP), lo cual es una anomalía aunque es un seguro que impide una fácil privatización. Pero aún así no se justifica. En Chile, y en el mundo, existen muchos tipos de subsidios. El más conocido es el subsidio al Metro de Santiago; el boleto costaría varias veces más caro si se considerara los gastos de inversión, sólo se tienen en cuenta los gastos de operación. Así es en todas partes del mundo en lo que se refiere al transporte público. Cuando se construyó el Transantiago sin subsidio, ya sabemos lo que paso.

¿Cuanto costaría anualmente al erario nacional trasladar el subsidio de la ENAP? A título ilustrativo, y suponiendo que los magallánicos deberían pagar por el gas lo mismo que el resto del país, entonces tomando las tarifas actuales en Magallanes, el costo de una cuenta equivalente se estima que alcanza sólo a 11% del valor que se pagaba en el resto del país. En términos promedios, suponiendo que los precios del gas en Magallanes suben al nivel país y a un dólar de $500, esto significaría un aumento anual del gasto publico de 196 millones de dólares (o bien una disminución de impuestos para la región equivalente) que serían las transferencia que deberían destinarse a los hogares de Magallanes para solventar el aumento de tarifa “a precio de mercado” y alineando los precios de ENAP a ello. En esta estimación naturalmente se usan pecios no comparables, como ya se explicó, los de la región con los del resto del país, pero este fue el criterio que uso el Gobierno para lanzar el alza. Según este criterio habría una sobre estimación del subsidio.

Un cálculo más correcto del subsidio, es tarea del Gobierno. Cualquiera sea la cifra, esta debería ser incorporada al presupuesto fiscal. El financiamiento pasa por tres mecanismos. El ahorro fiscal que actualmente es del orden de los 17 mil millones de dólares, pero no se puede tocar por el impacto que ello tiene en el tipo de cambio. Sólo queda aumentar los impuestos (o disminuirlos para los magallánicos) o emitir deuda publica en pesos. A nuestro entender este es el trasfondo del asunto, pero que no está en la filosofía del actual Gobierno Por cierto siempre esta la alternativa de hacer pagar a los magallánicos no sólo por un gas más caro, sino también por un encarecimiento del transporte, la energía eléctrica de la región, es decir una expropiación a mansalva del poder de compra de los que viven en esa región y en la práctica un abandono de la política de Estado moderna respecto a sus zonas extremas.