Aborto terapéutico: hablar en serio

Publicado : 17 Enero, 2011 en Igualdad de género, Portada, Prensa

 

Por Cecilia Valdés, Secretaria Ejecutiva de la Corporación ProyectAmérica |
María de los Ángeles Fernández, Directora Ejecutiva de la Fundación Chile 21 |


EL DRAMA de Claudia Pizarro, la mujer que tuvo una hija que vivió solamente una hora, algo que todo el país sabía que inevitablemente iba a ocurrir, reposiciona el debate sobre el aborto terapéutico. Es éste un tema que, desde que se recuperó la democracia,

ha tenido un comportamiento espasmódico, pues, producto de casos que saltan la barrera del tabú, termina casi siempre en el desgarro por la crueldad que supone el recurso a la malformación del feto como argumento y recurso comunicacional. ¿Cuánto tiempo más pasará sin que la política lo asuma, debatiendo y legislando en consecuencia? No es posible seguir escondiendo la cabeza, aludiendo a la existencia de puntos de vista científicos y religiosos diversos, o por los dilemas morales que encierra. En este ámbito, hasta el Vaticano plantea que la ciencia y la medicina no pueden afirmar cuándo el feto se convierte en un ser humano. El silencio del Sernam en algo que debiera serle propio, junto con confirmar cierta sensación de irrelevancia institucional, pero funcional a su ideología “familista”, en nada ayuda a transformar el pensamiento político y social respecto de las mujeres, de forma tal que se conecte su dignidad, su salud y sus derechos con la idea de capacidad moral y jurídica para tomar decisiones sobre su propio cuerpo.

La opinión pública parece tener las cosas más claras. Las encuestas realizadas en 2009, tanto por la UDP como por Humanas (esta última sólo a mujeres), arrojan porcentajes importantes de apoyo a la interrupción del embarazo en diversas situaciones. En la primera, más del 60% está de acuerdo si el embarazo es producto de una violación o si la salud de la madre corre serio peligro. Con apoyo menor, de 43,1%, se encuentra la opción de inviabilidad del feto. Las mismas prioridades se mantienen para la segunda encuesta, aunque con proporciones mayores de apoyo: 73,6% (violación), 76,4% (peligro de la vida de la madre) y 68,4% (inviabilidad del feto). Lamentablemente, no se dispone de la opinión de las víctimas de violaciones, las que, en su mayoría, son jóvenes y pertenecientes a sectores de escasos recursos, situación que pone de relieve la “estructura de desventaja” que implica la maternidad vivida, no solamente como coerción a la autonomía personal, sino también como restricción educativa y laboral.

Proyectos como los presentados por los senadores Matthei y Rossi nos colocan en la senda de la igualdad de género, iniciada no sin dificultades por los gobiernos de la Concertación, y brindan la oportunidad para debatir que la ciudadanía reclama. Ninguna mujer quiere hacerse un aborto. Y si sucede donde está penalizado, resulta peligroso para su vida por las condiciones clandestinas de su realización, que encierran no solamente deficiencias sanitarias, sino un lucro inmoral. Por otra parte, para aquellos que sostienen desde la comodidad de sus escritorios que el reconocimiento del derecho abre la compuerta para su aumento, es cosa de revisar la evidencia, que lo desmiente.

En nuestro país ya se observa la oportunidad para hablar de nuevos temas con el debate sobre las uniones de hecho. Enfrentar sin prejuicios y con altura de miras el aborto terapéutico permite tener esperanzas acerca de la superación del sexismo y de la exclusión.

Publicado en “La Tercera” el 17 de Enero de 2011