Autoridades del Gobierno Regional de la Araucanía declaran Como “inservibles” tierras recuperadas por Comunidades Indígenas

Publicado : 21 Diciembre, 2010 en Portada, Prensa

Domingo Namuncura


Por Domingo Namuncura
| Director del Programa de Derechos Indígenas de la Fundación Chile 21

1.- Autoridades del llamado “PlanAraucanía” han entregado un informe sobre 71.000 hectáreas de tierras indígenas que estarían “abandonadas” por “improductividad”. Se dice que hay “predios prácticamente sin moradores”…Y que se trata de tierras “sin habilitabilidad ni aptas para el cultivo”.

Para paliar estos efectos el Gobierno regional espera “revertir la situación de abandono”  con un plan de cuatro años de inversión en asistencia técnica. Para ello se seleccionarán “predios con mayor potencial productivo” para intervenir con ayuda directa. Por su parte, coincidiendo con esta mirada los agricultores de la región sugieren formas de “asociación” con los mapuches para explotar sus tierras.

2.- Un fuerte olorcillo a colonialismo hay en estas señales. Desde los inicios de la aplicación de la Ley 19.253 sabemos que importantes grupos empresariales ven con malos ojos que una parte importante de la tierra esté en manos de comunidades indígenas, normalmente consideradas incapaces de trabajarlas en escala mayor de productividad. Han dicho que la pobreza mapuche tiene mucho que ver con el hecho de que las comunidades no pueden transar sus tierras en el mercado y entonces no tienen acceso al crédito y no pueden crecer o desarrollarse. Dice el Mercurio: “la propiedad colectiva e informal de la tierra dificulta el acceso a la mayoría de los subsidios del Estado”. No hay propiedad informal de tierras indígenas. La Ley Indígena 19.253 desde 1993, en términos formales, ha protegido las tierras indígenas de la usurpación y expropiación que venía realizándose desde el régimen militar. La Ley indigenista paró esa tendencia expropiatoria y el Estado ha tenido que invertir recursos para devolver las tierras a las comunidades.

3.- Nunca se ha entendido cabalmente que para algunas comunidades las tierras indígenas no tienen un valor de intercambio comercial. La tierra nos ha sido prestada para alimentarnos de ella de manera necesaria, cuidándola y protegiéndola. Los indígenas no arrasan bosques; no violentan sus entrañas buscando riquezas;  no contaminan las napas subterráneas de aguas; no contienen con represas el curso normal de los ríos; aprovechan los frutos de los árboles para alimentarse; curan enfermedades con hierbas medicinales; producen lo que es necesario para su consumo y parte de la tierra es reservada para ceremoniales religiosos. Todo esto es extraño para la cultura occidental y no se entiende que una comunidad indígena, de gente sencilla, pueda ser propietaria de 600, 800 o 1000 hectáreas de tierras, de las cuales sólo usan un porcentaje para producir.

4.- No es efectivo que ahora sea primera vez que un plan gubernamental busque incorporar asistencia técnica en las tierras indígenas transferidas por el Estado. Este tema ha estado presente desde los inicios de la aplicación de la Ley indígena (1994 adelante) y normalmente, los diferentes Gobiernos democráticos establecieron planes de contingencia, de ayuda y asistencia técnica a través de sus diferentes servicios (Indap, Corfo, Fosis y otros).
A partir del Informe de la Comisión de Verdad y Deuda Histórica se instaló un programa especial, Orígenes, para aplicar subsidios más directos para la producción de las tierras. Y siempre se tuvo presente la cosmovisión indígena y las necesidades productivas de las familias y comunidades, de acuerdo a dicha perspectiva. La mirada “comercial” de los occidentales (huincas) respecto de la propiedad territorial tiene otra mirada : debe explotarse cada metro cuadrado disponible y obtener valor agregado y ganancias. Entonces se depredan montañas completas y se plantan con especies espúreas; se contaminan las napas subterráneas; se ataca con violencia el curso natural de nuestros ríos y se cambia el ecosistema de toda una región o provincia y se hipoteca para siempre el porvenir medio ambiental en diversas zonas. La tierra es arañada por la depredación forestal; poderosas maquinarias –en nombre del progreso- irrumpen en los valles y en las costas; las amplias carreteras revelan una sociedad sedienta de progreso, pero esto se construye en desmedro de nuestras riquezas naturales.  No hay posibilidad de diálogo entre estas dos concepciones de progreso. Mientras los indígenas toman de la tierra sólo lo que necesitan, los occidentales explotan la tierra hasta dejarla sin energía, introduciendo además venenos y tóxicos en su manto más sagrado.  Si esto les parece exagerado o una visión romántica, les invito a que observen los efectos de la Central Ralco en el ecosistema del Alto Bío Bío y cómo esa represa, que contribuyó a desarticular gran parte de la rica y ancestral Cultura Pehuenche, terminó finalmente afectando de manera poderosa la estructura societal de todo un Pueblo.

5.- El tema de fondo es otro. No es la preocupación por la “pobreza” mapuche. La derecha, ahora en el Gobierno, busca nuevamente la oportunidad de asestar un golpe a la Ley Indígena, y se procurará desarmar el principio fundamental de que la propiedad de la  Tierra Indígena debe incorporarse al mercado y por esa vía tales tierras puedan ser compradas, arrendadas o vueltas a enajenar como en los tiempos de la Colonia, con el argumento de que los indios, pobres y sin capacidad “empresarial” y sin créditos,  tienen poco que hacer  y no pueden aportar “comercialmente”, con tierras “abandonadas” e “inservibles”…..Es la misma historia de dominación con otros ropajes.

Domingo Namuncura
Ex Director Nacional de CONADI.
Programa de Derechos Indígenas de la Fundación Chile 21
Subsecretario General del PPD

Santiago, 21.12.10