¿Izquierdización sin izquierda?

Publicado : 16 Diciembre, 2010 en Portada, Prensa

Carlos OminamiPor Carlos Ominami  | Vicepresidente Relaciones Internacionales del Partido Progresista, PRO y ex senador

DIVERSOS SECTORES han llamado recientemente la atención sobre los riesgos de izquierdización de la Concertación. Interesadamente, muchos buscan producir una asimilación entre "izquierdización" y "construcción de una nueva mayoría" social y política.

Así, se argumenta que hay intentos por "arrinconar" a la DC con el concurso de fuerzas progresistas externas a la Concertación.

Fuerzas como el PRO, que buscan darle una expresión política al 20% que obtuvo Marco Enríquez-Ominami hace un año, no estamos disponibles para una operación electoral de ampliar la Concertación. Creemos que ese proyecto se agotó y que la alternativa pasa por una renovación sustantiva de ideas y de liderazgos. Sólo así será posible comenzar a enfrentar la profunda crisis de confianza y credibilidad que dejaron como parte de su herencia los gobiernos de la Concertación.

A su vez, tenemos plena conciencia acerca de la necesidad de un "centro" que exprese con fuerza sus posiciones y recupere parte el electorado que le ha sido arrebatado por las fuerzas conservadoras, un centro que recupere sus mejores tradiciones históricas, transformando en propuestas de políticas públicas las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia. Un centro que asume con fuerza la defensa de los sectores pobres y de las anchas capas medias, y que es también capaz de denunciar las aberraciones cometidas por miembros importantes de la Iglesia Católica.

Lo más patético de este debate es la idea implícita de la fuerza que representaría la izquierda. En estos 20 años se logró recomponer una "izquierda electoral" que alcanzó incluso victorias importantes en su representación parlamentaria y fue capaz de instalar en La Moneda a un hombre y una mujer provenientes de sus filas. Sin embargo, esa fuerza electoral no se acompañó de la construcción de una fuerza cultural capaz de influir de manera decisiva en la realidad nacional. Para una eventual izquierdización se necesita primero contar con una verdadera izquierda.

La existencia de esta izquierda electoral no se ha expresado en cambios de fondo a una legislación laboral ampliamente desfavorable para los trabajadores; en una reforma que supere la monarquía constitucional establecida en la Constitución de 1980 ni en una regionalización importante que termine con la asfixia centralista. No ha sido tampoco capaz de generar una tributación progresiva que contribuya a mejorar la distribución de los ingresos y a asegurar para el país una mayor participación en  la explotación de recursos naturales no renovables. Es parte de la impotencia cultural de esta izquierda el alegato del ex Presidente Lagos por la falta de reconocimiento a su obra en materia de construcción de nuevas cárceles, cuando el principal problema es la capitulación y el silencio de la izquierda frente al discurso de la derecha, que puso unilateralmente el acento en la necesidad del encarcelamiento masivo.

En realidad, el gran problema de Chile es el amplio predominio cultural de los valores conservadores. Para superarlo, requerimos un Nuevo Progresismo capaz  de asumir las tareas pendientes del siglo XX en conjunto con los nuevos y múltiples desafíos del siglo XXI.

Publicado en “La Tercera” el 16 de Diciembre de 2010