Réplica peruana: ¿ponemos la otra mejilla?

Publicado : 17 Noviembre, 2010 en Prensa


Por Gabriel Gaspar | Director Programa Análisis de Coyuntura – Fundación Chile 21

La presentación de la “réplica” peruana ante el Tribunal de La Haya confirma el anhelo férreo de la diplomacia del Rímac: la pretensión de territorio marítimo chileno, desconociendo unilateralmente los acuerdos suscritos y pretendiendo ignorar la práctica de décadas.

Justo es reconocer que la diplomacia peruana hace bien su trabajo, preparó este caso por años y hoy despliega su estrategia. La pretensión por parte de un Estado de territorio de otro no es un acto de amistad, y eso lo saben en Torre Tagle; por ello tratan de aminorar las consecuencias de sus actos y hablan de una diplomacia de “cuerdas separadas”. Es como si un vecino nos demandase ante tribunales porque según él nuestra casa ocupa territorio suyo y, al mismo tiempo, nos invita a cenar como si no hubiese pasado nada.

Alvaro Vargas Llosa ya lo señalaba en un artículo que conocimos este fin de semana: para un sector de las élites peruanas, la demanda ante La Haya es más que un litigio territorial, es la reparación histórica… de una guerra que concluyó hace más de 120 años. Se viene un año electoral en el Perú y es probable que resurja el resentimiento antichileno.

Frente a este reto, nuestra diplomacia ha diseñado una tradicional —y meritoria— defensa jurídica. Bien hecho. Pero, ¿es suficiente? ¿La diplomacia se agota en la afirmación de que los tratados son intangibles?

Los países que logran construir consensos deben, sobre ellos, diseñar políticas de Estado que busquen objetivos de largo plazo, suprapartidarios. Chile tiene un claro consenso en la defensa de sus intereses nacionales: los chilenos no tenemos discrepancias en lo fundamental en estos temas. La política exterior no es un tema de gobierno, sino de Estado.

La diplomacia es integral, pero, sobre todo, no puede ser contradictoria. Por muy firmes que sean nuestros argumentos jurídicos, enviar señales equívocas desperfila nuestra posición. Alguien ha señalado que, si un árbitro recibe la presentación de dos partes, verá con mucha atención la conducta de éstas: si después de presentar las mutuas demandas se van abrazados a almorzar, entenderá que son socios y amigos y lo que corresponde es ser ecuánime y dividir por partes iguales. Por el contrario, si percibe preocupación en las partes, buscará apegarse estrictamente a derecho.

Nuestra diplomacia tiene experiencia. Sabe lo que está sucediendo, por eso tiene la responsabilidad de proponer y asesorar a las autoridades. El país les ha confiado la conducción de los intereses nacionales.

Corresponde no enviar señales equívocas. La presentación de la demanda fue un acto inamistoso y las autoridades deben tener la seguridad de que la inmensa mayoría de los chilenos vamos a respaldar una política seria y firme ante este reto. Con la fuerza serena de nuestra democracia.

Publicado en “La Segunda: blog-Ideas en los Think Tank” el 17 de Noviembre de 2010