En Busca del Desarrollo Perdido

Publicado : 01 Noviembre, 2006 en Colección Ideas, Estudios, Publicaciones

Introducción

El desarrollo económico y social fue el gran objetivo que se plantearon los gobiernos y las sociedades de América Latina a mediados del siglo pasado, al igual que las demás regiones subdesarrolladas del mundo. Los logros de los esfuerzos con esa orientación entre las décadas de 1950 y 1970 en materia de infraestructura de trasportes, energía y comunicaciones, de industrialización, de mejoramiento y ampliación de los servicios públicos de educación, salud, vivienda y seguridad social, y de modernización en general, aunque parciales, fueron considerables en la mayoría de los países de la región.

Sin embargo, dicho proceso se agotó en los años 70 por diversas causas: la persistencia o agravamiento de serios desequilibrios económicos, financieros, sociales y políticos internos, la influencia de las profundas crisis monetarias, energéticas y económicas internacionales de esa década, la aceleración de los fenómenos interrelacionados de la globalización y de la nueva revolución tecnológica, y, muy en particular, el surgimiento y predominio de la ideología y la praxis neoliberales, que si bien emergió ya en la década de 1970 se generalizó después de la crisis de la deuda externa a comienzos de los años 80 y con el posterior colapso del mundo socialista.

El objetivo del desarrollo, que se había concebido como una tarea prioritaria de largo plazo a ser impulsada fundamentalmente desde la esfera estatal, fue reemplazado en la mayoría de los países, por razones objetivas de agudas crisis financieras, por una preocupación prioritaria respecto a la estabilidad monetaria y financiera.

Al correspondiente e inevitable ajuste macroeconómico de corto plazo siguió sin embargo un proceso de reestructuración institucional destinado a lograr la apertura externa, la liberalización y desregulación de los mercados y la privatización de las empresas y servicios públicos, con la correspondiente jibarización del Estado. La tarea del desarrollo quedó entregada implícitamente al mercado y la empresa privada, con un rol subsidiario para el Estado.

Esta nueva fase de profundas transformaciones y reorganizaciones estructurales lleva ya entre dos y tres décadas, dependiendo de los países. Los resultados han sido dispares y contradictorios. Los más positivos se refieren a la recuperación de un modesto crecimiento económico después de la “década perdida” de 1980, al fuerte incremento de las exportaciones, al incremento del gasto social focalizado en los más pobres, al abatimiento de la inflación y al logro de razonables equilibrios macroeconómicos de carácter financiero. Los más negativos, con unas pocas excepciones, se refieren a que aquella recuperación del crecimiento ha sido sumamente modesta y extremadamente inestable en materia de inversiones, empleo y crecimiento del PIB, de modo que el ingreso per cápita solo ha aumentado marginalmente y los elevados niveles de pobreza prevalecientes no han variado mayormente, mientras la distribución del ingreso ha tendido a empeorar.

Persiste por tanto un severo y preocupante deterioro social que se ha traducido en situaciones crecientemente conflictivas tanto en la convivencia ciudadana cuotidiana como en lo social y político, todo lo cual amenaza la supervivencia de la recientemente recuperada democracia. La decena de Presidentes que en la última década y media no han podido completar sus períodos presidenciales, y el giro a la izquierda observado en las elecciones presidenciales más recientes, constituyen una demostración concluyente de las crecientes contradicciones entre el proceso de instalación de regímenes democráticos en los países de la región y las consecuencias de la globalización y las políticas neoliberales.

La controversia se polariza entre los partidarios de insistir en el neoliberalismo, que sobre la base de los logros alcanzados y pidiendo paciencia y ?reformas institucionales de segunda y tercera generación?, avizoran un futuro esplendor, y sus críticos, que en virtud de los mediocres resultados económicos observados y sus preocupantes consecuencias sociales y políticas anticipan situaciones cada vez más graves. De esta manera, el debate cultural, social, político y económico contemporáneo, que se caracteriza por un reduccionismo binario ahistórico, que opone dicotómicamente Estado y mercado, se encuentra paralizado.

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