Política: El encandilamiento

Publicado : 12 Noviembre, 2010 en Igualdad de género, Portada, Prensa

 
Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

“Bachelet en tierra de hombres” de Patricia Politzer, es el primer libro que intenta analizar el mandato de la ex presidenta. En él, se replica la tesis de una candidatura presidencial no buscada,  que cabalgó a hombros de la adhesión ciudadana y dueña de una biografía inmejorable. Para enfrentar los desafíos y las dificultades que rodearon su acceso a la institución más masculinizada de todas y, especialmente, las dudas sobre su autoridad y capacidad en medio de una cultura política machista, enfatiza su celo por la autonomía y su desconfianza, así como su valoración de la discreción y la lealtad. 

Es evidente que Bachelet entendió el legado histórico que recibió, y el capítulo del funeral de Pinochet da cuenta de ello, y supo conectar con una sociedad hambrienta de contención y acogida. Sin embargo, hubiera sido de utilidad, pensando en un libro inspirador para futuras políticas, que se hubiera internado en la forma en que el estilo y la personalidad de la ex mandataria interactuaron con los factores institucionales. No incursiona en aquella dimensión de la política como poder, relacionada con la asignación de recursos y beneficios, negociaciones y compromisos, orientados a obtener adhesiones y condicionar apoyos. Es sabido su recelo frente a los partidos, pero ¿cómo hizo para entenderse finalmente con ellos? Surgen otras inquietudes, relativas al manejo de la coordinación interministerial y por qué de sus gabinetes, al final del día, no emergió ningún presidenciable o bien por qué no pudo aprovechar mejor la mayoría parlamentaria del primer momento.

Por contraste, el libro enfatiza la dimensión de género, a pesar de que su autora advierte que “éste no basta para comprender su triunfo electoral y su andar como gobernante”. A pesar de ello, permea buena parte del relato y las referencias a la paridad ministerial y al Club de Lulú son una muestra de ello. Convengamos que fue la primera presidenta en la historia que enarbola un discurso de género, visibilizando la igualdad entre hombres y mujeres y reivindicando un liderazgo femenino, en base al cuidado y el diálogo. ¿Cuánto reforzó con ello ideas acerca del esencialismo femenino? No lo sabemos. En todo caso, hubiera sido interesante saber si comportamientos aparentemente reactivos, como el “cartillazo” ministerial o la tesis del “femicidio político”, formaron parte de alguna estrategia, o por qué no se aprovechó la coyuntura para reforzar el Sernam. Como final, afirma que “perdió una batalla, aunque no la guerra”. El tiempo develará los cambios posibles en las definiciones del género en Chile, a partir de su gobierno. ¿No será que su triunfo consiste en haber ocupado la Presidencia, casi levitándola pero, al mismo tiempo, bajando del Olimpo, impulsando una humanidad de trato que su sucesor no puede desconocer?

Politzer resulta cautiva de la empatía que todas las mujeres hemos sentido alguna vez con sólo mirarla. Ya Kapuscinski decía que ésa era la cualidad principal de un buen reportero. Sin embargo, si no va acompañada de una mirada inquisitiva, desemboca en encandilamiento.

Publicado en Revista Qué Pasa/Posteos, el 12 de Noviembre de 2010