Mesura primó en evaluación de polémico documento antineoliberal. La Disyuntiva

Publicado : 05 Mayo, 2007 en Prensa

La presidenta de la DC, Soledad Alvear tampoco quiso ahondar en la materia, y también optó por reconocer que todavía no revisaba el documento. Pero a renglón seguido, precisó que es “importante dentro de la Concertación mantener siempre la vitalidad de poder señalar qué cosas tenemos que continuar avanzando con mucha fuerza y qué cosas debiésemos mejorar en cuanto a su trabajo.

El único explícito a la hora de cuestionar la iniciativa, fue el timonel del PPD, Sergio Bitar, quien pidió a los militantes de su colectividad mantener la unidad como partido y Concertación y no caer de nuevo “en el autoflagelamiento”.

“Hay un plan social muy contundente en el programa de la Concertación. Debemos respaldar y acelerar la realización de programas, pero no caigamos de nuevo en el autoflagelamiento. ¡Por favor! Con la derecha encima, que nos quiere negar la sal y el agua, mantengamos la unidad como partido, como Concertación. Demos garantía a los chilenos, resaltó.

A su juicio, el actual conglomerado de gobierno requiere mantenerse alerta, pues “la derecha no es capaz de dar gobernabilidad”. “Vemos en su estrategia (la de la oposición) una mezcla de populismo y de obstrucción (…). Las fisuras nuestras los ayudan y desconciertan a la mayoría de los chilenos. Con populismo y obstrucción no se gobierna, nosotros debemos demostrar ahora lo contrario”, sentenció.

Las palabras de Bitar coinciden con el análisis que se hace al interior del oficialismo, donde se cuestiona el momento en que se presenta el documento. Cabe recordar que el jueves aparecieron los resultados de la última encuesta Adimark, que evidenciaron una caída de la aprobación a la Presidenta Michelle Bachelet a su nivel más bajo desde el inicio de su mandato, sólo comparable a la de julio del año pasado en plena crisis de los pingüinos (43,4 por ciento). El mismo sondeo reveló un aumento de 5,4 puntos en la aprobación de la derecha respecto de la última medición de marzo.

La Disyuntiva de los autoflagelantes

En su eje central, el documento suscrito por cerca de 20 personalidades oficialistas, expone que llegó la hora de renovar el pacto político fundante de la alianza de centro izquierda y, para ello recalca que hay que dejar atrás la nostalgia de los éxitos del pasado y evitar ser una instancia puramente transmisora de las decisiones gubernamentales.

Bajo la premisa de que se ha abierto un nuevo ciclo político, los creadores del manifiesto plantean distintos tópicos vitales, que se diferencian sólo en pequeños matices de la agenda social ofrecida al país por la Presidenta Michelle Bachelet.

Por ejemplo, apelan a lograr una agenda social que cubra aspectos como salud aumentando las enfermedades en el Auge- o bien educación donde la palabra equidad sostienen- debe ser regla. En el plano energético se detienen para insistir en la trascendencia de avanzar en la búsqueda de otros sistemas que proporcionen este elemento y mencionan también el fomento a subsidios que vayan en auxilio de quienes cuentan con menores recursos.

En la arena política, proponen decir adiós al hiperpresidencialismo vigente, al que califican de arcaico y poco eficiente, y se inclinan por potenciar un debate pro régimen semipresidencial. En este punto se detienen al revisar el rol de la Presidenta Bachelet y estimar que nadie duda del talento y la presentencia con que la Presidenta ejerce en Chile y en el exterior su condición de Jefa de Estado. El debate se plantea en relación con la conducción gubernamental y el liderazgo de la Concertación. Y añaden que si la evidencia indica que ninguno de los tres presidentes anteriores pudo ejercer simultáneamente esas tres responsabilidades, no hay ninguna razón para exigir a Michelle Bachelet que ella si pueda hacerlo.

El Transantiago y sus deficiencias son usados como ejemplo para demostrar que el neoliberalismo vigente atribuido de plano a Hacienda, y cuyo ministro Andrés Velasco se lleva las criticas más agrias- tiene consecuencias de proporciones. Apuntan que el 2006 trajo acumulación de recursos más allá de lo necesario para enfrentar prudentemente los vaivenes del ciclo económico y del precio del cobre, postergando una vez más la resolución de enormes carencias sociales y productivas.

La premisa de fondo apunta a que la política económica debe estar al servicio de la agenda gubernamental y no a la inversa. Por lo mismo, apuestan por articular la iniciativa política más cercanamente a la idea fundacional de la Concertación: la normalización democrática es un valor en sí misma, pero se debe poner al servicio de la justicia social, de la necesidad de crecer y de avanzar hacia más participación e inclusión.

A juicio de los suscriptores de la iniciativa, ese criterio se debe expresar en el próximo período en tareas que aborden el mejoramiento de nuestra democracia, el desafío estructural del crecimiento (empleo, energía, educación y desarrollo tecnológico) y el fortalecimiento sustancial de la protección social (infancia, pensiones, salud y calidad de vida). Una rectificación que viabilice las prioridades de la agenda del gobierno y la coalición, subrayan.

Versiones

El documento ha sido suscrito aún por un número indeterminado de parlamentarios oficialistas, dado que la totalidad de los legisladores que lo recibieron el jueves en el Congreso no alcanzaron a firmarlo antes de partir a sus distritos.

De ahí que el texto se filtró a la prensa antes de tiempo, por lo que durante la jornada circularon al menos dos versiones, con algunas variaciones.

Por ejemplo, el último texto, en el análisis correspondiente al Transantiago, es más duro en el cuestionamiento a los efectos del plan estrella de transportes: Si existe algo por lo que la Concertación ha luchado, es justamente por terminar con la desigualdad y lamentablemente, el Transantiago sólo dejó de manifiesto y acrecentó las desigualdades de este país, se añade en la versión final.

El último documento también refuerza la defensa de la figura de la Presidenta Michelle Bachelet. En este sentido, sale al paso de las críticas que se lanzaron a la última remodelación ministerial, leída por sectores como el fin del bacheletismo, por el reemplazo de ministras por hombres ligados a la elite tradicional de la Concertación, rompiendo los criterios de paridad y caras nuevas con los que asumió el mando.

Por ello el texto subraya que el hecho revolucionario de la paridad con el que la Presidenta inauguró la conformación de su primer equipo, con una conformación en porcentajes iguales de ministros y ministras, no se ha visto erosionado en el reciente cambio de gabinete, con una conformación de mujeres levemente inferior (9 frente a 13 hombres). Desgraciadamente ha importado menos que la paridad, en un criterio flexible, se haya en definitiva mantenido, que la percepción según la cual la paridad como uno de los sellos más indelebles se ha visto desmoronada.

Párrafos marcados

(…) La situación creada con la puesta en práctica del Transantiago es el momento más crítico por el que ha atravesado la Concertación en sus 17 años de gobierno.

(Los efectos del Transantiago) no tienen precedentes y pone en cuestión un elemento central de la política chilena desde 1990: el vínculo privilegiado de la Concertación y sus partidos con los sectores populares.

Sin embargo, sigue como una deuda pendiente avanzar en una acción más efectiva en materia de redistribución del ingreso y de consolidación de servicios públicos eficaces y dignos para atender las necesidades de las mayorías.

La credibilidad del salto en materia de protección social como la gran tarea de este gobierno la que ha quedado en tela de juicio.

A un año de gobierno resulta evidente que la agenda efectiva se ha decantado a través de una reducción de las expectativas iniciales. Fue un gran mérito de la Presidenta y de los sectores mas avanzados de la coalición, presentes transversalmente en todos los partidos de la Concertación, haber sido capaces de definir el salto en protección social como el sello histórico del gobierno.

La situación actual no se puede reducir a la condición de un simple episodio, grave pero finalmente puntual. Antes bien, se trata de una situación que pone de manifiesto una tensión que no es nueva al interior de la Concertación. Una tensión que se ha arrastrado y que ha atravesado transversalmente a las administraciones concertacionistas, entre sus sectores tecnocráticos y neoliberales, que en esta oportunidad se manifestaron con particular virulencia, y los sectores políticos que sostienen el gobierno, que se reconocen en una matriz social demócrata y social cristiana, comprometidos con un proyecto de transformación del país en busca de una sociedad más justa, igualitaria e innovadora.

Lo propio del neoliberalismo es otra cosa: la primacía de una racionalidad puramente tecnocrática, que desconfía profundamente de lo público, que cree incluso en las soluciones únicas cuyos grandes protagonistas son el mercado y los actores privados.

El gran poder que radica en Hacienda y Presupuesto no siempre es sinónimo de eficiencia (…) Las opiniones que emanan de estos ámbitos adquieren una gravitación inusitada. Desde su perspectiva, mucho más importante que la cohesión social de un país es su nivel de acumulación de reservas fiscales, más importante que la inversión productiva es la mantención de fondos en el exterior, que a su vez pueden dar lugar a operaciones financieras altamente rentables para los bancos e instituciones financieras en los que estos analistas se desempeñan.

La política económica debe estar al servicio de la agenda gubernamental y no a la inversa. Esto no ocurre necesariamente así en nuestro país. Recién parecemos advertir que padecemos de un cierto subdesarrollo político, con déficit de funcionamiento y efectividad de importantes instituciones políticas.

El principal desafío del gobierno es el de enfrentar a la derecha ordenando su propia coalición tras una lógica política coherente con su programa y con el proyecto de centro izquierda que encarna. Más que la apelación a la disciplina y a la lealtad de la coalición al gobierno que contribuyó a elegir, este ordenamiento y cohesión debe apoyarse en contenidos sustantivos, referidos no sólo a mecanismos eficientes de coordinación sino a espacios de deliberación política entre el gobierno, los partidos de su coalición, las bancadas parlamentarias y también el mundo social.

Ha llegado la hora de renovar el pacto político fundante de la alianza de centro izquierda que logro recuperar la democracia, rectificar el modelo de desarrollo, avanzar sustantivamente en materia de verdad, justicia y reparación en materia de derechos humanos e implementar activas políticas de inclusión y protección social.

Proponemos convocar a un debate muy amplio y participativo (…) en un proceso sistemático no sólo buscando elaborar un nuevo programa de gobierno sino un nuevo proyecto político para Chile en torno al cual renovar un pacto político que de sentido a la proyección de la Concertación.

Las corrientes que mueven la Concertación

La disyuntiva trae a la mente otros episodios en que el conglomerado oficialista ha exhibido diferencias. Quizás una de las imágenes más concurridas sea lo que el analista Antonio Cortés Terzi denominó la Ceremonia del Adiós, con un Ricardo Lagos en riesgo de entregar el poder en bandeja al entonces abanderado de la UDI, Joaquín Lavín, o la vieja dicotomía entre autoflagelantes y autocomplacientes.

Pero Frei también tuvo lo suyo con el senador PPD Guido Girardi, cuando el entonces diputado lanzó un ataúd de cartón con su nombre a las aguas del río Mapocho.

La Disyuntiva sale a la luz luego que Escalona llamara a la cordura, pues no se puede ser gobierno y oposición a la vez, y afirmara que es un error político intentar bloquear la acción del gobierno e imponer desde fuera una estrategia diferente, pese a que Ominami lo llamó a no confundir lealtad con obsecuencia.

En el mismo escenario irrumpieron los ex PPD, Fernando Flores, Jorge Schaulsohn y Esteban Valenzuela, con su movimiento Chile Primero que busca convertirse en referente de crítica desde fuera del conglomerado oficialista. El timonel PPD, Sergio Bitar, los califica de chaqueteros y muchos de sus ex camaradas auguran el fracaso, tal como ocurrió antes con el Chile Ve del ahora radical Nelson Ávila.

El analista Antonio Cortés Terzi piensa que no es aventurado decir que la Concertación está en una fase final en cuanto a su representación de proyecto histórico y conceptual común a una centro-izquierda moderna y advierte que el conglomerado podría conformarse con una mala calidad de vida para asegurarse una mayor sobrevida político-electoral y seguir derrotando a la derecha.

El diputado Carlos Montes (PS), que encabeza junto con el DC Jorge Burgos el llamado Grupo de los Cien, es más optimista y cree -en cambio- en abrir espacios de diálogo y debate y aceptar las diferencias sin anestesia. El ministro de Hacienda ha planteado su visión (sobre el crecimiento), pero no tiene mucha acogida. Ha planteado que la vía principal han sido las franquicias tributarias y ante eso se han antepuesto visiones como la de Adolfo Zaldívar y otros que dicen que hay que gastar más en ciertas cosas, otros piensan que hay que fortalecer más la base productiva, hay distintos enfoques y énfasis.

Agrega que el otro tema importante es cómo la política pública tiene que contribuir a crear más cohesión social, ir enfrentando los problemas de pobreza e ir aumentando esta protección social de que habla la Presidenta y ahí creo que hay muchas cosas bien enfocadas, como la reforma provisional, la educación, pero falta una discusión más global. Hay que debatir, hay que dialogar, hay que oír y eso ha faltado dentro de los partidos y estamos metidos en enredos laterales y no en las cosas centrales.

Para Montes es la ausencia de debate lo que hizo surgir primeramente a los díscolos, una expresión media desesperada de inquietudes y problemas sin medir las consecuencias de lo que se hace, luego vinieron los desenganchados y la gente que se desafecta y empieza a opinar sin medir. Y antes quedó claro según Montes- que los tecnócratas no son infalibles, esto con el Transantiago.

Con todo, sostiene que hay que procesar políticamente las cosas, entendiendo que no se va a imponer sólo una visión, pues la Concertación por definición es una capacidad de entenderse entre gente que tiene énfasis distintos. Claro que agrega que la Concertación como está tampoco es una respuesta, entonces requiere revitalizarse, replantearse, tiene que vivir cierto sacudón, cierto remezón y eso creo que va a ser muy rico y muy positivo y hay grandes posibilidades.

La diputada Adriana Muñoz (PPD) señala que hay una dimensión cultural de lo que se concibe como mandato y como liderazgo, escenario en que una presidenta mujer aporta un liderazgo femenino y eso es un choque político cultural fuerte que no ha sido entendido y se ha intentado desestimar porque no se ajusta al modelo cultural que es masculino.

Para ella la crisis actual no es tan distinta a las anteriores, aunque admite que es más aguda. Al final del período del ex Presidente Aylwin, la Concertación empezó un debate en que se notaron más las diferencias. Y a medida que se consolida la democracia en el país la Concertación empieza también a tratar de consolidar un modo de relación y de trabajo que hace percibir que tenemos diferencias, orígenes muy diversos, historias y trayectorias distintas y que permanecemos juntos por un proyecto, pero que no somos regimiento. Muñoz dice que es fundamental no temer al conflicto y las tensiones y no inhibir el debate.

Lo mismo sostiene el DC Jaime Mulet quien siente que es el momento de sacar afuera todo, aterriza sus palabras al señalar que pidió una sesión especial para discutir los problemas de las pymes, la que será el próximo miércoles.

Sentencia que con el rechazo de la depreciación acelerada en el Senado se produjo un gran cambio que abrió la posibilidad de debate. Se equivocó el ministro de Hacienda y eso nos ha permitido ver las cosas con la debida distancia y entender que esta suerte de sacramentalidad que tenían los ministros de Hacienda se ha caído, subrayando que fue en buena hora que se produjo (el hecho político) en el Senado, donde hubo la decisión y la valentía de tres senadores de enfrentarse contra su conglomerado.