Entre enclaves y oportunidades

Publicado : 06 Octubre, 2008 en Prensa

Frente a ello, se ha difundido la idea de que la Concertación habría llegado a una surte de “fin de ciclo”. Otros aluden a los peligros de la “ideología del gobiernismo”(Cortés Terzi), que su hoja de ruta se habría agotado (Navia) o que se hace necesaria una reingeniería profunda (Letelier). Desde la oposición, inspirada por la “estrategia desalojista”, se señala que ésta adolece de “fatiga de material” (Allamand).

La decisión de competir en dos listas en las próximas elecciones municipales supone, para algunos, la instalación de una fisura en el seno de la coalición, por cuanto implica un giro en relación con su tradicional comportamiento monolítico en materia electoral. Es recomendable cierta cautela frente a estas explicaciones. Algunas hablan más de los deseos anticipados de sus autores que de un diagnóstico basado en la evidencia. No hay que olvidar que no es la primera vez que se profetiza el desmoronamiento de la Concertación y, sin embargo, ha sobrevivido. Por tanto, pareciera necesario avanzar en explicaciones alternativas para entender el supuesto orden existente.

El problema se produciría, a nuestro juicio, por la existencia de “enclaves” que fueron claves para el éxito de la transición democrática. Nos referimos a la política de elites, al cuoteo en la distribución de los cargos, a una política de cúpula de partidos fuertes, a la falta de democratización de los gobiernos regionales y a la política electoral y la selección de candidatos. Todos ellos limitan el poder ciudadano e imposibilitan avanzar en una democracia representativa de calidad.

Si analizamos las demandas de los chilenos en base a estudios reconocidos, como Latinobarómetro, hasta un ciego advierte la frustración frente a la falta de igualdad efectiva, el déficit de integración simbólica y la exigencia de un rol más protagónico del Estado. ¿Podrá la oposición responder a estas necesidades? Difícilmente, no sólo porque su oferta se reduce a Estado mínimo, focalización compulsiva y más “mano dura”, sino que, hasta ahora, no se advierte un proyecto político alternativo que no salga de la cantinela de “lo hará mejor”.

Para más complicaciones, un próximo gobierno de la alianza no sólo no tendrá mayoría en el Congreso, sino que padecerá los efectos de las reglas del juego en condiciones presidenciales, facilitadotas de espacios institucionales para el despliegue de estrategias de deserción y oposición.

La Concertación, por tanto, no puede soslayar el deber de reencantarse, porque de ello parece depender la gobernabilidad futura. En lo inmediato, entonces, debiera abocarse a convocar abiertamente a la ciudadanía, partiendo por el desarrollo de primarias abiertas para la elección de sus candidatos así como la puesta en marcha de mecanismos efectivos de rendición de cuentas de sus actuales representantes. Por otro lado, debe reconocer con hidalguía los errores cometidos y, enseguida, desarrollar espacios partidarios de articulación del disenso, entendido no como una piedra en el zapato, sino como una oportunidad para la autocorrección política.