La no política energética y el ministerio

Publicado : 20 Agosto, 2008 en Prensa

Se encuentra en discusión en la Cámara el proyecto de ley que crea el Ministerio de Energía. Se trata, sin duda, de un primer paso de importancia. Los principales países del mundo tratan el tema como prioridad. El crecimiento acelerado de los precios del petróleo genera discusiones radicales. Suecia ha declarado su intención de ser el primer país en desligarse por completo del petróleo hacia el 2020…

Se encuentra en discusión en la Cámara el proyecto de ley que crea el Ministerio de Energía. Se trata, sin duda, de un primer paso de importancia. Los principales países del mundo tratan el tema como prioridad. El crecimiento acelerado de los precios del petróleo genera discusiones radicales. Suecia ha declarado su intención de ser el primer país en desligarse por completo del petróleo hacia el 2020. Portugal generará energía eólica equivalente al 25% de toda la energía de esa fuente producida en la Unión Europea mientras construye, además, el primer parque de olas con viabilidad comercial y expande el uso de la energía solar. Muchos países empiezan a repensar los modos de transporte para minimizar el uso de los derivados del petróleo.

Estos temas no aparecen con suficiente nitidez en el debate nacional.

En el sector energético, el problema de fondo es que se ha aplicado el lema “la mejor política es no tener política”, dejando que los privados y el mercado resuelvan el asunto. La extrema vulnerabilidad que enfrentamos en el suministro eléctrico, los problemas de abastecimiento de gas natural y el gran impacto que está sufriendo la economía por el aumento de precios del petróleo, derivan de la insuficiencia del modelo de política energética desarrollado hasta la actualidad. El problema tenderá a agudizarse, por lo que debemos tomar decisiones respecto de la matriz energética futura, entre las cuales aparece con fuerza la alternativa nuclear. ¿Puede ser ésta una decisión librada al mercado? El proyecto de creación del ministerio no plantea suficientemente la necesidad de una política pública ni las dimensiones de la tarea en este campo.

El ministerio propuesto mantiene las limitaciones de la segmentación sectorial y no propone mecanismos de coordinación efectivos con las áreas medioambientales, de recursos hídricos, de relaciones exteriores (¿se puede abordar el tema sin pensar en una estrategia de relaciones vecinales?) y de transportes. Como ha quedado demostrado en la crisis del Transantiago y en la propia crisis energética, el problema principal de gestión del Estado parece radicar en que el núcleo estratégico del gobierno carece de los dispositivos institucionales para asegurar una adecuada conducción del aparato del Estado. Si bien es mucho aspirar a que el nuevo Ministerio de Energía resuelva totalmente estos dilemas, tampoco es aceptable que los eluda.

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