Los dilemas de Cristina y Michelle

Publicado : 28 Julio, 2008 en Prensa

A primera vista, los contrastes entre ambas mandatarias son obvios, lo que viene a confirmar la inexistencia de un estilo único de liderazgo presidencial femenino. Mientras Bachelet es cuestionada por su supuesta falta de autoridad, Cristina es criticada por confrontacional y altanera; mientras Bachelet experimenta la “soledad del mando”, Cristina aparece presa de la lógica del “doble comando”, con un marido ex presidente que la sobrepasa según los impulsos.

La Presidenta chilena promovió la circulación de las elites incluyendo rostros nuevos provenientes del tecnocratismo y desperdiciando expertise política necesaria para el despegue gubernamental. Cristina, por el contrario, conservó casi inalterables los equipos de su marido, manteniendo maquinaria “K” aún en casos insostenibles.

Bachelet ha hecho suyo un comprometido discurso de género, avanzando en gestos simbólicos como la paridad, cuyos efectos no alcanzamos todavía a sopesar. Cristina no ha tenido históricamente tal compromiso y, cuando en la asunción de mando menciona emocionada a las “hermanas de género” empaña un discurso brillante por lo inverosímil que resulta en boca de alguien que ha renegado del feminismo.

Ambas asisten a transformaciones socioculturales profundas, con sociedades más empoderadas y exigentes. Bachelet ha recurrido a las comisiones, cuyas posibilidades parecen limitadas frente a demandas como la educacional. Cristina había iniciado rondas de diálogo -impensables en la Presidencia de su marido- con actores plurales sobre temas clave de la política nacional, como la ley de radiodifusión. Por desgracia, la magnitud del conflicto con “el campo” eclipsó estas intenciones dialogantes.

Bachelet a más de dos años de gobierno, trata de mantener firme el timón de la protección social mientras emergen conflictos que bien pudieron ser previstos con una dosis adecuada de prospectiva, como la crisis energética. Están por verse los próximos pasos de Cristina, contenida en la figura inédita de un matrimonio presidencial.

También deben compartir el rigor de juzgar sus errores. En Argentina, el reciente conflicto derivó en niveles de odio expresados en el clamor cuasigolpista: “¡Que se vaya!”. En Chile, de forma más solapada, tampoco nos quedamos atrás cuando encuestas preguntan si se volvería a elegir a una mujer como presidenta. ¿Llegará el día en que se plantee la misma pregunta, pero para el caso de los hombres?

El liderazgo presidencial femenino enfrenta, por lo pronto, una encrucijada: cuando una mujer llega a la Presidencia, se amplían los horizontes, se corre el injusto riesgo de arrastrar al cadalso al resto de sus congéneres.