Bachelet y la baja en el apoyo ciudadano

Publicado : 22 Octubre, 2007 en Prensa

Si ya de por sí resulta difícil evaluar la gestión de una mujer a la cabeza de un gobierno por ser todavía algo inusual y por el espiral de estereotipos que suscita, más dificultoso resulta hacerlo de forma serena bajo los efectos perturbadores de un plan tan errático. Vale la pena advertir acerca de un aspecto específico que se desprende de algunas encuestas, más allá de sus resultados numéricos y de la dudosa calidad metodológica de algunas. Nos referimos a la periodicidad. No recordamos ningún otro mandato presidencial en el período democrático tan sistemáticamente auscultado. Adimark decidió aparecer todos los meses y actúa, cual virtual perseguidora, tras los zapatos presidenciales.

Lo cierto es que las encuestas no escapan al fenómeno de “sobremérito” o de “hiperselección social”, que consiste en una discriminación singular y cualificada, presentándole exigencias mayores a ciertas mujeres que, muy seguramente, no se le harían a un hombre. ¿Qué podría hacer la presidenta Bachelet para remontar a los ojos de la opinión pública? Difícil tarea. La opinión se conforma con muchos estímulos y es, las más de las veces, veleidosa.

Podemos, sin embargo, avanzar en tres ideas. Primero, junto con la vigilancia más que rigurosa sobre las medidas normalizadoras del Transantiago, sostener muy firme el timón en lo que es el sello de identidad de su agenda: la protección social, que es la mejor manera de dar respuesta a la incertidumbre que sienten los chilenos y su intolerancia frente a la desigualdad que, por cierto, el sólo crecimiento que algunos predican ha demostrado no lograr revertir. Paralelamente, perseverar en la reforma educacional y en la agenda de probidad. Segundo, la presidenta posee un liderazgo más cercano al tipo transformacional, que fomenta el diálogo, la cooperación y el proceso, colocando nuevas dimensiones en la sociedad como es la igualdad entre género o la creación de comisiones como base del diálogo social, pero que no se conjuga fácilmente con una cultura político-institucional que privilegia el control y el estilo de comando, más relacionada con liderazgos de tipo transaccional.

Ya Baldéz, politóloga norteamericana, ha planteado que el “machismo institucional” encuentra amplio campo para expresarse en Chile a través de la Constitución, los partidos y el sistema electoral. Pudiera llegar el caso de necesitarse la incorporación de refuerzos, dado lo solitario que a veces parece el ministro José Antonio Viera Gallo en su arte de conciliar intereses diversos. Tercero, la presidenta dispone de un apoyo popular estimable. Las personas valoran en ella su resiliencia y no revanchismo, con una biografía en la que hizo del dolor algo constructivo.

Si bien no disponía, cuando llegó a La Moneda, del capital político característico de los hombres, sí contaba con capital moral, entendido como un tipo diferente de prestigio importante para la vida política y que, para prevalecer, debe ser activado y combinado estratégicamente con otros recursos. Es el momento de ponerlo en acción para concretar el ?pacto social? al que ella ha llamado, interpretando los deseos que los chilenos manifiestan: que gobierno y oposición se pongan de acuerdo en los temas trascendentales que importan como país.