Análisis: Temas pendientes para la política exterior de Chile en 2010

Publicado : 20 Octubre, 2010 en Portada


politica.exterior-2
Por Cristián Fuentes V.
Taller regional Fundación Chile 21

Los efectos de las elecciones en Venezuela y Brasil, la necesidad de dar sentido al diálogo con Bolivia y evitar el deterioro de las relaciones con Argentina por el caso Apablaza, son los temas más importantes de política exterior a enfrentar en lo que resta del año 2010. Tales desafíos revisten especial importancia, pues de la manera en que el gobierno del Presidente Piñera los resuelva, dependerá la impronta con que caracterizará el conjunto de su gestión internacional.

El 22 de septiembre se realizaron las elecciones para ocupar 165 escaños de la Asamblea Nacional venezolana, 60% de los cuales se repartieron de modo nominal y el resto proporcionalmente. En este esquema le bastaba a la oposición obtener 56 bancas para impedir la adopción de leyes orgánicas y 67 para frenar las leyes habilitantes que intentará imponer el oficialismo. No hay que olvidar que hasta ahora las principales reformas del gobierno chavista han podido realizarse gracias a ese tipo de leyes.

El oficialismo obtuvo 98 bancas y la oposición 67, volviendo al poder legislativo del cual se automarginó el 2005, situación que probablemente generará un aumento de la tensión política interna, debido a la ocupación de un nuevo espacio institucional por los adversarios del presidente Hugo Chávez.

Tal escenario puede significar repercusiones internacionales como un mayor enfrentamiento con Estados Unidos, a raíz de la intensificación de su apoyo a las fuerzas opositoras, y el incremento de los problemas limítrofes, sobre todo con Colombia, aunque su nuevo Presidente tenga ánimo de mejorar las relaciones. Por otro lado, la persistencia de situaciones conflictivas puede obligar, por ejemplo, a una intervención más directa de Brasil, y tentar al gobierno y a partidos políticos chilenos a emitir declaraciones contrarias al chavismo, con la consiguiente respuesta de las autoridades bolivarianas.         

Los comicios de octubre en Brasil dieron como ganadora a la candidata del PT, Dilma Roussef, pero sin alcanzar la mayoría absoluta. Si en la segunda vuelta sucede lo más probable, se supone que habrá continuidad en los puntos básicos de la política exterior, no obstante se producirán cambios en los equipos. Se espera que Brasilia mantenga la iniciativa para convertirse en una potencia mundial, quedando por resolver si pondrá mayor énfasis en su liderazgo regional. Se supone que Lula cumplirá un rol que fortalezca el peso de Brasil como poder emergente, no obstante podría destinar parte de sus energías al ámbito sudamericano, fortaleciendo UNASUR y presionando a la administración Piñera para que se involucre más en los asuntos del barrio.

Por el contrario, el menos factible triunfo opositor traería cambios en política exterior con respecto al MERCOSUR, pasando a un segundo plano por ser considerado poco funcional a los intereses de Brasil. El énfasis variaría del regionalismo y el eje sur-sur que defiende Lula, hacia el libre comercio y el fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos y Europa.

No obstante, sea quien sea el Presidente debe mantener compromisos que están en el núcleo central de la política exterior brasileña y uno de ellos es el MERCOSUR, pues constituye un esquema de entendimiento que va mucho más allá del ámbito estrictamente económico.

La nueva reunión entre los Subsecretarios de Relaciones Exteriores de Chile y Bolivia, a realizarse en noviembre, debiera poner en la mesa una fórmula concreta que avance en la solución al tema de la mediterraneidad. Es más probable que se refiera a un mejor acceso al Pacífico, pues no existen condiciones suficientes para hablar de soberanía, aunque algunos actores importantes manifiesten su disposición favorable.

Sin embargo, la dimensión de la propuesta puede ser sustancial o más de lo mismo, es decir, perfeccionamiento del libre tránsito y otras concesiones o una zona especial, donde La Paz tenga ciertos ámbitos de autonomía a largo plazo. Se habla de un muelle dentro del puerto de Arica, tal como ya lo tiene Perú, o una franja costera en arrendamiento por 99 años, al estilo del proyecto Patillos en la administración del presidente Ricardo Lagos, o un modelo que una ambas fórmulas, parecido al que Lima aplicó en el puerto de Ilo, llamado “Boliviamar”.     

Lo que no puede hacer Piñera es abstenerse de proponer alternativas, pues las expectativas que él mismo ha sembrado se transformarían en costos internos y en la relación bilateral, perfectamente evitables.

Por último, la negativa argentina a conceder la extradición del ex Comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Sergio Galvarino Apablaza, ha concitado fuertes reacciones del gobierno y los partidos políticos chilenos, aunque el Ejecutivo se niega a escalar en las declaraciones. La verdad es que no existen muchas alternativas para demostrar el enojo de Santiago, ya que los vínculos con Argentina son fundamentales en todos los planos, este asunto no puede contaminar otros temas pendientes como el de Campos de Hielo Sur y la administración del Presidente Piñera desarrolla una política exterior pragmática que le impide gestos demasiado enérgicos.