Pleno empleo para el Bicentenario

Publicado : 10 Agosto, 2007 en Prensa

La economía chilena ha tenido un buen desempeño durante el año 2007, más allá de algunas turbulencias inflacionarias y de ciertos problemas sectoriales. Se ha superado el lento crecimiento del 2006 y se espera que  el PIB aumente este año en una cifra cercana al 6%.

El incremento del empleo ha sido excepcionalmente favorable. Esto puede deberse tanto al aumento de la actividad como a un efecto de rezago, ya que a mediados de 2006 la ocupación estaba creciendo muy lentamente.

Según cifras del INE, en el trimestre abril-junio los ocupados aumentaron en un 3,4% con respecto al mismo período del año anterior. Esto significa 212.800 puestos de trabajo adicionales. Se trata un gran progreso económico y social, consecuente con el ritmo de crecimiento económico.

El empleo femenino aumentó todavía más, 4,3%, confirmando el dinamismo que ha tenido en lo que va de 2007.  La tasa de participación femenina continúa aumentando, lo que constituye un avance hacia la equidad de género.

Los empleos asalariados crecieron en un 5,2% (6,6% en el caso de las mujeres), lo que implica un extraordinario avance en la protección social de los trabajadores. Por lo tanto, no hay evidencia de que la ley de subcontratación haya afectado negativamente al empleo; por el contrario, parece haber contribuido a su formalización.

Las cifras del INE son consistentes con las de la Superintendencia de AFP que registran un aumento de los cotizantes de 6,6% entre mayo de 2006 y mayo de 2007.   La Encuesta de Ocupación y Desocupación en el Gran Santiago, realizada por la Universidad de Chile, entregó resultados similares a los del INE: la tasa de crecimiento anual de la ocupación en junio de 2007 fue de 4,1%, con un incremento de ingresos reales de 3,8%. Por lo tanto, es difícil sostener que el fuerte crecimiento de los puestos de trabajo registrado por el INE se deba a cambios en la metodología.

El  aumento del empleo se puede explicar tanto por el crecimiento de la producción como por las expectativas de crecimiento para los próximos años. Los enormes excedentes del cobre garantizan que Chile tendrá un buen blindaje frente a eventuales crisis futuras en los mercados internacionales.

El aumento del empleo y de las remuneraciones reales se ha visto reflejado en un fuerte incremento del consumo privado, que creció 10,0% en junio con respecto al mismo mes del año anterior.

En una perspectiva de largo plazo, se constata que en los últimos 10 años se crearon 1.203.000 puestos de trabajo, con un incremento de 23,2%, desde junio de 1997. Como la población nacional creció solamente un 12,2% en este decenio, se tiene que la relación entre los ocupados y los habitantes mejoró: subió de 35,1% a 38,5%.  En este sentido, contrariamente a lo que sostienen algunos nostálgicos de los ?90, la situación del empleo es mejor que antes de la crisis de 1998-99.

Por otra parte, en el último decenio las remuneraciones reales aumentaron en promedio en 21,6% y el sueldo mínimo legal en 45,9%. Por lo tanto hoy los chilenos tienen más empleos y con mejores remuneraciones que en 1997.

La tasa de desocupación bajó a un 6,9%, con una disminución en 12 meses de 2,1 puntos porcentuales. Es la mejor cifra para este trimestre desde 1998. En la Región Metropolitana, el desempleo bajó de 9,0% a 7,2%.

Estas cifras son consistentes con la Encuesta de la Universidad de Chile para el Gran Santiago; ellas indican que el desempleo se redujo de 11,1% en junio de 2006 a 8,4% en junio de 2007. Conviene subrayar que la disminución del desempleo se ha producido a pesar de una fuerte contracción de los empleos directos con apoyo fiscal, que disminuyeron en 28,7% en el segundo trimestre de 2007 (llegando a 20.272 cupos), con respecto a igual período de 2006.

La reducción del desempleo fue mayor en las Regiones más pobres, que tenían altas tasas de desocupación: de 10,5 a 7,1% en Atacama; de 11,1 a 8,1% en Bío Bío; de 10,2 a 6,0% en la Araucanía. Esto también constituye un avance hacia una mayor equidad.

Pero la situación sigue siendo muy heterogénea: hay Regiones que ya tienen una tasa de desempleo inferior al friccional: Los Lagos (4,6%), Aysén (3,9%) y Magallanes (2,8%).

Sin embargo, todavía hay ciudades en que la tasa de desocupación supera el 10%: Vallenar (12,8%); Valparaíso (10,7%), Talcahuano (10,2%), Lota (15%) y Coronel (11,2%). En estas ciudades deben intensificarse los programas de empleo con apoyo fiscal. Además, la desocupación juvenil sigue siendo mucho más alta que el promedio. En la categoría de 20 a 24 años (que representa un 9,9% de la fuerza de trabajo total), llega a un 15,8%. Se requieren políticas públicas específicas para enfrentar la desocupación de los jóvenes.

Por otra parte, el desempleo femenino (8,0%) sigue siendo bastante superior al masculino (6,2%). Esto, a pesar de que la tasa de desocupación de las mujeres bajó mucho más que la de los hombres: 3 puntos porcentuales frente a sólo 1,6.

Ahora bien, cabe preguntarse cuál será el futuro  del empleo y del desempleo. En “El Mercurio” se ha sostenido que con un crecimiento  del PIB del 5% no es posible aminorar el actual stock de desempleados y absorber a quienes se van integrando a la masa laboral. Esta afirmación nos parece equivocada. Con un crecimiento del PIB del 5% (estimado, por ejemplo, por el último informe económico del BBVA), el empleo puede aumentar a un ritmo promedio de 2,5%, cifra inferior a la lograda recientemente. Si la fuerza de trabajo no crece más de 2% anual, lo que es muy probable dado el fuerte incremento de las matrículas en la educación superior, se puede disminuir la tasa de desempleo cada año en 0,5 puntos porcentuales. Esto significa que en 2010, para el Bicentenario, la tasa de desocupación podría acercarse al 5%, considerado como desempleo friccional o pleno empleo.

Pero el crecimiento económico no basta. Se requieren políticas específicas para mejorar el nivel de empleo de las mujeres (sobre todo de las jefas de hogar), de los jóvenes y de las ciudades con alta desocupación.

Según la Encuesta CASEN 2006, la tasa de participación laboral de las mujeres (mayores de 15 años) llega en Chile a un 43%. Pero en el caso de los hogares pobres esta tasa alcanza solamente a un 30%. Si la tasa de participación laboral de este segmento subiera de un 30% a un 34%, se podría cumplir la meta de reducir la pobreza por debajo del 10% antes del Bicentenario (ver artículo de Mario Marcel en La Segunda).

Si se sigue implementando la política de ofrecer más salas cunas y jardines infantiles para los niños de hogares pobres (lo que constituye una de las prioridades de la Presidenta Bachelet), se puede simultáneamente disminuir la desocupación   femenina, aumentar la participación laboral de las mujeres de bajos ingresos y ganar una nueva batalla contra la pobreza.

El pleno empleo para el Bicentenario es una meta ambiciosa, pero no imposible.