La derecha y la lechera

Publicado : 16 Julio, 2007 en Prensa

Por otra parte, muchos se preguntarán cómo se puede fiscalizar con autoridad moral cuando, el hasta hoy más seguro candidato presidencial de la derecha, manifiesta “techo de vidrio” en materia de honestidad bursátil. Los dos ejes de la estrategia opositora, fiscalización e institucionalización, aparecen al día de hoy como más fuegos artificiales que otra cosa. A ello, se suma la sequía propositiva de la derecha. El senador Allamand perdió una oportunidad de oro, con su libro, de contribuir al sector. Con su empecinamiento en lo que denomina ?la ideología del engaño? ignora que algunos de los suyos incurrieron en otro tipo de ideología, la del despilfarro. ¿Cómo olvidar la playa y la nieve, ambos proyectos bizarros de Lavín cuando fue alcalde de Santiago y que, sumados a otros factores, dejaron el municipio en bancarrota? No debe resultar fácil ser oposición cuando se procede de un régimen autoritario.

A pesar de sus ires y venires con líderes de la derecha europea como Aznar y Cameron, resulta curiosa su incapacidad para aprender políticamente de las experiencias de éstos. El caso de España es notable: ¿cómo logró la derecha española convertirse en una alternativa posible a ojos de la ciudadanía? Si bien el gobierno socialista de turno cometió errores evidentes y enfrentó la recesión económica, los herederos de la dictadura hicieron su parte, impulsando una renovación facial que los deslastró de su pasado franquista.

Adicionalmente, recordemos que uno de los arquitectos de la transición española, Adolfo Suárez, pasó el test de la convicción democrática, haciéndole un espacio al partido comunista, en su propio mérito, y sin condiciones. Esta decisión fue el certificado de voluntad democratizadora y, como se ha planteado luego, la piedra de toque de la transición. Nuestra derecha, sin embargo, frente a la necesidad de reformar el sistema electoral, se resiste o bien zigzaguea. Piñera, primero, declara su voluntad de reforma pero, luego, introduce condiciones leoninas y exógenas, distorsionando el camino hacia una democracia más inclusiva y dándole al PC el espacio que merece. No se puede ser demócrata a medias. Se requiere dar pruebas de “habituación” democrática, reconociendo las reglas del juego de nuestro entramado político-institucional: bien aceptando los dictámenes antipáticos de organismos como la SVSS o bien recurriendo a los tribunales, si corresponde.