Tacones lejanos

Publicado : 21 Septiembre, 2010 en Prensa

María de los Angeles Fernández


Por María de los Angeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

CRONICA DE un cargo anunciado. Así debiera titularse la decisión de Michelle Bachelet de asumir la Secretaría General Adjunta para la Mujer, entidad recién creada por Naciones Unidas. En la historia reciente, los primeros mandatarios siguen la senda internacional como un eslabón casi natural de sus carreras políticas. En el caso de las mujeres, por ser pocas, se nota más. Ejemplos son Gro Harlem Brundtland, de Noruega; Mary Robinson, de Irlanda, y más recientemente, Vaira Vike-Freiberga, de Lituania.

Antes de dejar La Moneda, ya se especulaba con que el destino de Bachelet estaría en el mundo. Se hablaba de salud, por su condición de médico, o bien niñez, por su predilección por la primera infancia. Lo cierto es que pareciera que adquirió el gustillo por lo internacional durante su mandato. Al inicio, se apuró en declarar que saldría poco y en viajes cortos, por dos días. Al compararla ahora con los ex presidentes concertacionistas, es ella y su figura las que se han convertido en la mejor forma de promoción de Chile en el extranjero.

Que haya recalado en los temas de género era también esperable. Su decisión de  instaurar la paridad ministerial fue audaz, aunque el balance tenga más de simbólico que de efectivo. Dada la importancia del cargo y su volumen presupuestario, los obstáculos burocráticos de Naciones Unidas podrían ser menores en contraste con las espinas que encontró, incluso en sus propios partidos, para avanzar en asuntos de inocultable sensibilidad para ella, como la ley de cuotas que nunca pudo ser.

Que para algunos resulte una decisión inesperada tiene más que ver con razones de política interna. La popularidad de Bachelet avala plausibles aspiraciones de retornar a la Presidencia. Sólo así se explica, no sólo la creación de su propia fundación, sino una red de ex colaboradores quienes, si bien antes no fueron todo lo caballeros que se hubiera esperado, aparecían ahora dispuestos a defenderla a todo evento.

La incomodidad la rondaba. Por un lado, se instaló en los medios la tesis de que su figura conspiraba contra la urgente renovación de la Concertación. Por otro, no faltaban los que le demandaban una mayor injerencia en la vida de los partidos, justamente por su nivel de adhesión. Alternativamente, para algunos su figura era la llamada a recomponer el progresismo fracturado de la primera vuelta presidencial. Además, habría que ser de piedra para sustraerse a las críticas oficialistas a su gestión, resultando evidente que las escaramuzas y los dimes y diretes poco o nada ayudaban a una Bachelet que crece cuanto más se abstrae de la reyerta política.

Por los casos de Insulza y de Lagos, se teme que la distancia devalúe el potencial político de la ex presidenta. Pero, más que los kilómetros, el primero pecó por desgano, y el segundo, por la cruz del Transantiago. Bachelet encuentra, en esta nominación en la ONU, una vía de escape frente a las exigencias a las que la somete su presencia en Chile. Incluso, puede aumentar su capital político si pisa fuerte, aun en la lejanía, administrando las posibilidades que el cargo le ofrece. No olvidemos algo que ella se ha encargado en advertir, pero pocos han querido escuchar: que no debe ser analizada bajo los códigos de la política convencional.

Publicado en “La Tercera” el 21/09/2010