¿Quiénes son los dueños de Chile?

Publicado : 06 Septiembre, 2010 en Prensa

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Por Vivian Lavín

En un país donde las matemáticas son un lenguaje que sólo entienden unos pocos, no es extraño lo que nos sucede. Y es que aunque el panorama de nuestra economía se puede resolver en unos cuantos gráficos de facilísima comprensión y discusión, el debate sobre lo que ganan los chilenos, por ejemplo, o de qué manera se reparten las ganancias de las empresas y quiénes son los dueños de esas empresas, resulta a la postre una información encriptada en las páginas económicas de escasa lectura general. Esta explicación permite entender porqué frente a un panorama tan grosero de concentración económica e inequidad social, los chilenos prefieren marginarse y dejar las cosas como están, como si la suerte ya estuviera echada sin mayores discusiones ni diálogo social posterior.

Los medios de comunicación, en general, poco insisten en el asunto cuando la propiedad de éstos repite el modelo de concentración y, muchas veces las mismas caras de otros sectores de la economía. A pesar de ello, cierto periodismo y profesionales desde sus ámbitos de competencia, no se cansan de insistir en que estamos en una situación que no se puede seguir sosteniendo de la misma manera cómo se ha hecho en los últimos 40 años.

Si ya es difícil el diálogo entre nosotros, los chilenos, mucho más complicado resulta hacerle entender a la comunidad internacional que exhibe nuestros logros económicos como un ejemplo a nivel mundial, que el modelo económico que brilla sobre la Cordillera de Los Andes resulta a este lado un confuso espejismo. “La economía chilena es altamente concentrada y desigual, lo que se refleja en todo orden de cosas. Esta es la tesis central de nuestro libro”, explica el economista Luis Eduardo Escobar, editor de “Hacia un crecimiento inclusivo: Propuestas de Política Económica”, publicado por Fundación Chile 21 con el apoyo de la Corporación Andina de Fomento.

¿Problemas familiares?

Y para que vayamos entiendo qué se quiere decir o a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de concentración económica, hay que verla en los más variopintos sectores de nuestra economía. Como lo señala el periodista Paul Walder, en su artículo “La privatización del dinero”, aparecido en la última edición de Le Monde Diplomatique, “en la telefonía móvil sólo hay tres empresas, Movistar, ENTEl PCS y Claro, con más del 99 por ciento del mercado; en los supermercados, otras tres, D&S, Cencosud y Unimarc, con el 85 por ciento de la facturación; en las farmacias, de nuevo tres, Ahumada, Cruz Verde y Salco Brand, con más del 90 por ciento; en la distribución de combustible, sólo Copec tiene el 67 por ciento y otras dos el resto; en la venta de vinos, sólo tres grandes viñas tienen el 78 por ciento; en el tráfico aéreo, LAN tiene más del 82 por ciento del mercado; en el procesamiento y distribución del agua potable, también tres empresas concentran el 83 por ciento y hasta en las cervezas, sólo CCU concentra el 90 por ciento del mercado”.

El problema surge cuando se empiezan a hacer los cruces respecto de quiénes están detrás de todas estas empresas. La escalofriante cifra de que sólo cuatro familias chilenas concentran el 47 por ciento de lo que se transa en la Bolsa de Comercio de Santiago, es un dato alarmante. “Es un dato conocido, sin embargo, no lo suficientemente sociabilizado. Las cifras son de público conocimiento cuando las entrega la misma Bolsa de Comercio que señala que el 47 por ciento que se transa en ella están en manos de las familias Luksic, Matte, Angelini y Piñera, cuyas riquezas combinadas representaron en un país que habitamos otras 16 millones de personas, el 12,5 del PIB chileno en el 2008, es decir, el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de nuestro país durante ese año”, explica Luis Eduardo Escobar.

Y es que si bien compartimos con Estados Unidos la importancia que se le otorga al mercado en la asignación de los recursos, algo sucede en Chile que, finalmente, el dinero termina quedando siempre en las mismas y menos manos. Entonces, ¿qué es lo que ha permitido que nuestro país tenga estos niveles de concentración económica? Esta es la pregunta que se planteó un grupo de economistas que además se impuso la notable tarea de entregar posibles soluciones en la publicación antes mencionada.

Las razones que explican esta inequidad y concentración del capital en Chile son mucho más que económicas, y están en la base de nuestro sistema político, nada menos que en la Constitución, que aunque algunos la llamen del 2005, esconde a la malhadada Constitución de 1980, de origen dictatorial. “El tema es que el mercado por sí solo lleva a que la competencia conduzca a la monopolización. Esta concentración adquiere tres dimensiones, según el trabajo que realiza el doctor en Economía del MIT, Andrés Solimano en su artículo llamado “Concentración económica, heterogeneidad productiva, políticas públicas y contrato social en Chile”, cuando explica que es una concentración de mercado, de riqueza y de mayor eficiencia que se traduce en mayor productividad y, finalmente, en remuneración del capital. Y todo esto tiene que ver con las reglas del juego, es decir con la Constitución y la calidad de las leyes”, explica Escobar.

Pobres pymes

Cuatro de cada cinco chilenos está empleado en una pequeña o mediana empresa, lo que les asigna a estas unidades económicas una importancia central en nuestra economía. Sin embargo, a pesar de que las Pymes implican el 77 por ciento de los empleos a nivel nacional, sólo concentran un 36 por ciento de los salarios. El otro 64 por ciento, lo acapara sólo un 23 por ciento de la población que, sin embargo, genera el 80 por ciento de nuestra producción nacional. Es decir, poca gente que gana mucho más que el resto, logra producir cuatro veces más. ¿Qué les pasa a las Pymes que no dan el salto cuantitativo para pasar de pequeñas a medianas y de ahí a grandes empresas? “El problema de las Pymes es bastante complejo, no sólo en Chile. Los gobiernos han debido hacer políticas especializadas, como Estados Unidos, donde por ley está establecido que el 25 por ciento de las compras del Estado tienen que estar dedicadas a las Pymes. Acá en Chile, sin embargo, se habla de Ley pareja no es dura y, no obstante, sí es dura y es una mentira. La equidad pasa por el trato diferencial, no es cierto que tenga que ver con el trato igualitario, porque las condiciones iniciales son diferentes”, asegura Escobar.

Somos diferentes y esta diferencia es la que no se logra hacer entender, por ejemplo, a los bancos, que no ven en las Pymes a buenos clientes. Como lo señala Paul Walder: “Si observamos los créditos comerciales, el gran volumen lo absorbe la gran empresa y sólo un 13 por ciento por las Pymes, proporción que no tiene relación alguna con el número de empresas en juego. A comienzos del año pasado, poco más de 2 mil grandes deudores absorbían casi el 70 por ciento de los créditos comerciales, en tanto 805 mil pequeños y medianos, sólo el 13 por ciento de éstos”.

“Tenemos políticas especiales- dice el economista Luis Eduardo Escobar-, pero son tibias y las grandes empresas se aprovechan de esto. Además, hay una enorme red de intermediarios que es la que se lleva gran parte de estos beneficios”.

Sanos e inteligentes

La educación es uno de temas que también consideró el estudio realizado por el grupo de ingenieras comerciales con mención en Economía de nuestra Universidad de Chile, Lorena Flores, Silvia Leiva y Daniela Sugg, que participaron en la publicación. Las especialistas relacionaron de manera estrecha a la educación con otros factores, como la salud y el empleo, lo que permite entender mejor porqué las personas aunque quieran ganar más no pueden lograrlo, si no han contado antes con una buena educación ni alimentación desde el comienzo de sus vidas. “No cabe la menor duda que quienes tienen los mejores empleos es la mejor educada. El 90 por ciento de los gerentes en Chile tiene título universitario, un porcentaje mayor que hasta el de Estados Unidos. Por eso la gente hace un esfuerzo tan grande por educar a sus hijos. El problema es que la educación acá es de mala calidad. Pero eso no es todo, también se necesita que la gente esté sana, si no, son niños con problemas de aprendizajes o adultos con problemas de salud que tienen una alta inasistencia laboral”, explica Escobar.

Cuestionando la cuestión

Y volvemos al comienzo. Sin discusión social resulta muy difícil que los trabajadores puedan presionar al sistema para que sus derechos sean respetados. Sabido es la escasa participación de los trabajadores chilenos en sindicatos, una carencia que no perjudica sólo al mundo laboral, sino que también a los empresarios cuando la tendencia en el mundo más allá de nuestra Cordillera va hacia mesas en las que participen los empresarios, los trabajadores, pero también la sociedad civil.

“Nosotros estamos en esa materia en la Edad de Piedra comparado con países desarrollados. La OCDE; a la que acabamos de ingresar, se dedica a las políticas públicas, pero lo hace en un diálogo tripartito, en el que participan los empresarios, pero también los trabajadores y la sociedad civil a través de las ONG´s. En cambio en Chile, la ley misma es la que excluye la discusión de las condiciones laborales. Nuestra propuesta es incluir a más actores a la mesa a discutir los temas que importan”, finaliza el economista Luis Eduardo Escobar.

Si bien el panorama expuesto es nada alentador, lo que importa es que este Bicentenario que celebramos sea en verdad una fiesta para todos y no sólo de algunos.

Publicado en Diario electrónico Radio Universidad de Chile, 6 de septiembre 2010