La orfandad del género

Publicado : 16 Agosto, 2010 en Prensa

 
Por María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

DECISIONES adoptadas por el gobierno de Piñera, partiendo por el bono de marzo, han llevado a algunos a afirmar que estamos en presencia de un “quinto” gobierno de la Concertación. Por otro lado, la llamada “nueva forma de gobernar” es, por ahora, más un deseo que una realidad.

Pero la vida no sigue igual. Las chilenas ven que, cual viaje en una máquina del tiempo, podrían retroceder a épocas victorianas. La minuta del Sernam sugiriendo a los adolescentes postergar su sexualidad hasta el matrimonio para evitar embarazos no deseados y el VIH es un indicador de que las intenciones refundacionales del gobierno, tal como advierte Carlos Huneeus en este mismo diario, no se limitan al intento de demoler las principales bases políticas de los partidos de la Concertación. Es una ambición más integral para que las políticas sean modeladas por valores tales como el orden, la patria y la familia, entendida ésta como antídoto contra todos los males.

Por tanto, no resulta extraño el intento por retrotraer a la mujer a su rol único de madre y priorizar la incorporación femenina al mercado del trabajo, dejando atrás la paridad, los derechos reproductivos o la violencia de género. No ha pasado desapercibida la proyección de la idea de que las jefas de hogar son apenas una anomalía que hay que corregir. Todo ello es revelador del frágil compromiso de la derecha con la democracia, porque, no nos engañemos: éste no se absuelve en los aspectos procedimentales de carácter electoral. Es, también, una forma de convivencia en la que se respeta la pluralidad y reconocen los distintos planes de vida que las personas quieran darse.

Avanzamos hacia la mujer unidimensional, madre y trabajadora, en oposición a lo que sucede en los países con los que nos gustaría compararnos. En ellos se intenta promover un modelo de sociedad que reconoce la existencia de familias, en plural, y basado en la “desespecialización” de roles, de forma tal que emerjan mujeres y hombres, simultáneamente ciudadanos y trabajadores, padres y madres, superando el modelo masculino según el cual únicamente el trabajo es portador de valores.

Si la Concertación tiene un legado que defender, es en este ámbito. Las mujeres han asistido, desde 1990, a un paulatino reconocimiento de derechos y al intento por promover una cultura de la equidad que amenaza con verse frenado. Esperar que reaccione sería como pedirle peras al olmo, no tanto porque los partidos no decantan todavía sus procesos eleccionarios, sino por su ambiguo compromiso con la igualdad de género. Tampoco nos queda el consuelo de contar, como el caso de las españolas cuando ganó Aznar, con una Unión Europea que cautele la evolución de las políticas de igualdad entre los sexos como un aspecto vinculante para sus Estados.

Por lo inquietante de las señales, es imposible no recordar una frase de Michelle Bachelet en su discurso del 21 de mayo de 2008, “Mi deber es proteger a las mujeres de Chile”. Su silencio en esta hora es incomprensible, porque, además de la protección social, su gobierno intentó desafiar la estructura de poder patriarcal. Por estos días, muchas nos preguntamos: y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Publicado en “La Tercera” el 16 de Agosto de 2010