Ena o las vueltas de la vida

Publicado : 06 Agosto, 2010 en Prensa


Por María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

Pareciera que las comunicaciones son la piedra en el zapato que ha tenido que enfrentar, en su corto rodaje, el gobierno de Sebastián Piñera. El rostro intermitentemente contrariado de la vocera de gobierno, la Ministra Von Baer, así parece revelarlo. Los resultados de la seguidilla de encuestas, CEP y Adimark, han vuelto a revelar la importancia que la comunicación reviste para quienes conducen los destinos de un país. Craso error es actuar como si la comunicación fuera un añadido, un aspecto más, una especie de prótesis que se le coloca a la gestión política. Es algo más complejo y, por lo que hemos ido descubriendo, a la esencia de la actividad política contemporánea.

Existen hitos y momentos estelares como los mensajes presidenciales, cada 21 de mayo; las cadenas nacionales, casi siempre motivadas por asuntos extraordinarios o bien efemérides especiales que generan la ocasión hasta para arengas, como lo será el Bicentenario. Sin duda, la estrategia comunicacional de un gobierno es hoy, sin exagerar, la más importante de las estrategias.

En ese marco, se inscriben algunos fenómenos. Uno, el de los argumentos que se esgrimen para explicar por qué sucede lo que sucede. Con relación a los datos de las referidas encuestas, no es tanto que los resultados sean modestos para el gobierno, siendo los de Adimark especialmente duros, sino que algunas de las interpretaciones suponen un insulto a la inteligencia. Seguir escudándose en que el gobierno se viene instalando, no produce más que hilaridad. ¿Es que acaso la “nueva forma de gobernar” incluye hacerlo a cámara lenta?

Enseguida, adjudicar los obstáculos a la herencia recibida no resiste mucho análisis. La opinión pública sospecha que los gobiernos, incluso los del mismo color político, reciben una mochila de dulce y de agraz y así lo vivió Lagos, por obra de la crisis asiática y la misma Bachelet, con el Transantiago y el Puente de Chacao. La tesis de la popularidad ganada a base de medidas facilistas y populistas, como se le ha adjudicado a Bachelet, tampoco resulta creíble. Está todavía en la retina el bono de marzo, entregado por el gobierno y hay varios bonos más en carpeta como el “50 años de matrimonio”.

Si de esgrimir justificaciones se trata, el gobierno se ve desafiado a desarrollar una racionalidad más sofisticada, carente ya del colchón de la excepcionalidad sísmica o de la excitación mundialera. ES probable que los magros resultados se expliquen por una extraña combinación de estacionalidad (las personas se enferman más en invierno), rezago (medidas económicas de las que todavía no se observan los frutos), expectativas desmesuradas (por el cambio de coalición) y una cierta saturación de imagen del propio Presidente quien, no olvidemos, viene cabalgando en la cresta de la ola mediática desde que compitiera por la Presidencia, en el 2005. Por lo demás, no resulta convincente escuchar en un grupo de dirigentes que hizo de las encuestas políticas su rosa de los vientos decir, de un día para otro, que guiarse por ellas no es un criterio de buen gobierno. Basta recordar a Frei quien, cuando todavía no era candidato pero tenía pretensiones, aducía no guiarse por las encuestas. El resultado está a la vista.

El senador Allamand advirtió, a raíz de los datos específicos de la encuesta CEP, que la comunicación es uno de los ámbitos a mejorar. Resulta injusto adjudicar toda la responsabilidad comunicacional del gobierno a un ministerio, en este caso, Secretaría General de Gobierno. Sin embargo, está claro que de allí salen señales confusas. El actual gobierno, curado de espanto por lo que consideraba excesos de un vocero como Vidal, quiso aplicar tal nivel de asepsia a la función que hoy se observa plana, mustia, casi un mero trámite y huérfana de convicción. Quizás por ello el senador Espina reclama, no necesariamente por machismo, más potencia en la vocería. Tohá era mujer y difícilmente se le podría criticar ausencia de potencia.

La Ministra Von Baer, reconocida por su rechazo a las cuotas y por su reivindicación de la presencia política femenina en base al mérito, a la pregunta de la supuesta existencia de machismo en las críticas a su labor, ha señalado que “espera que no sean por ser mujer y porque las mujeres tenemos un estilo un poco distinto, un poco más suave…” Al escucharla, no he podido evitar el recuerdo de los momentos que compartí con ella, en el panel del programa Estado Nacional, de TVN, y los gestos indisimulables de disgusto y escepticismo que le producían mis alegatos en defensa de la Presidenta Bachelet, de su derecho a reivindicar un estilo femenino en política y mis señalamientos a las bases empíricas que avalan un fenómeno profusamente identificado por la sociología, particularmente en los estudios sobre elites femeninas, denominado “sobreselección” o “sobremérito” según el cual, a las mujeres que llegan a cargos de alta responsabilidad, se les suele exigir más que a sus pares varones.

Es probable que, en materia de conciencia de género y en virtud de las críticas a la gestión comunicacional del gobierno, la Ministra Von Baer haya visto caer de sus ojos un tupido velo que le impedía desplegar una natural empatía de género con las dificultades que experimentó en su momento la ex presidenta Bachelet. Dan ganas de preguntarle: Ena ¿no crees que la vida da muchas vueltas?

Publicado en blog.latercera.com el 06 de Agosto de 2010