LA POBREZA RESUCITA EN LA CASEN 2009

Publicado : 03 Agosto, 2010 en Prensa

Por Rafael Urriola U. | Director Programa Protección Social Chile 21

La publicación de los resultados de pobreza y distribución de ingresos que arroja la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) del 2009 ha creado diversas reacciones. Cabe notar en todo caso que  tal como se mide la pobreza entre 1987 (último año en que se aplicó la Casen en dictadura) y 2009 ésta se redujo de 45,1%  a 15,1%; pero aumentó en 1,4% con respecto a 2006.

Una pregunta relevante, que seguramente puede causar escozor, es si la Concertación había vivido en un período en que se redujo la pobreza o las políticas de la Concertación redujeron la pobreza. Lo primero se produce cuando se cree en la política del “chorreo”, es decir, si el país crece en su Producto Interno indefectiblemente los pobres disminuyen. Lo segundo, supone que no basta con eso y hay que desarrollar políticas para combatir la pobreza.

Chile mide la indigencia y la pobreza con un criterio simple. La indigencia, mediante el valor de una canasta básica de alimentos que proviene de trabajos realizados a fines de los años 70 y basado en la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF). Y, la pobreza, multiplicando por un valor de expansión, próximo al doble, diferenciado por zona rural y urbana. Si bien existen EPF más recientes éstas no han sido usadas para actualizar la canasta de la CASEN. No cabe duda que mientras más se “ancle” un valor en el pasado se evita también la actualización de los elementos culturales que están en el propio concepto de pobreza.

En efecto, si la pobreza se mide con el valor monetario de una canasta de necesidades básicas insatisfechas debiera cambiar este valor en el tiempo porque, finalmente, las propias necesidades básicas son cambiantes.

Por ello, en la OCDE (organización que reúne a la mayoría de los países desarrollados a la cual pertenecemos desde enero y estaremos obligados a equiparar indicadores), se cree que un indicador razonable será tomar la mediana (de manera simple: el valor del ingreso que deja a la mitad de los hogares por arriba y a la otra mitad por debajo). Con esta medida, se estimó la pobreza en 6% en el 2000 en la OCDE como la proporción de la población que estaba por debajo del 40% de la mediana pero, México, un país similar a Chile en cuanto a estructura y nivel de ingresos percápita presentó un nivel de pobreza superior al 35%.

El actual Ministro de Hacienda, Felipe Larraín, en un estudio que realizó en 2008 calculó que el nivel de pobreza, solamente actualizando el valor de la canasta básica, sería de 29% en 2006. “Resulta evidente –dice el texto de Larraín- que esa Canasta ha perdido validez, porque representa los patrones de consumo que prevalecían hace 20 años, en circunstancias, que ha habido profundos cambios desde esa época. Estos han provocado transformaciones tanto en las necesidades de las personas como en las formas de satisfacerlas”.

No cabe duda que decir –como lo hace la CASEN 2009- que las personas que perciben más de $64.134 mensuales dejan de ser pobres es una pobre medida y habla mal de las expectativas del país.  Proyectando los cálculos que hiciese el propio Ministro Larraín el valor debiera aproximarse, al menos, a los 100.000 pesos.

También es aconsejable complementar este indicador  con el de la “intensidad de la pobreza” es decir, la brecha entre la media de ingresos de los pobres y la línea de pobreza. Esto permitirá evaluar el “esfuerzo social y monetario” que debe hacer el país para erradicar la pobreza.

Pero también hay que examinar con mayor detalle las causas de la pobreza. Estas son múltiples. Educación, calidad del empleo, nivel de ingresos y de educación de los padres, entorno social, redes sociales (para obtener empleo especialmente),  lugar de residencia son elementos que coexisten e incluso se retroalimentan entre sí.

Las políticas neoliberales han insistido en que el factor decisivo es únicamente la educación pero también se ha verificado que las diferencias no son lineales y más bien la pendiente recién se refleja entre los que tienen estudios superiores con los demás. ¿pueden los chilenos y chilenas solamente tener por expectativa una profesión universitaria para obtener ingresos decentes?. Acaso no hay que actuar en las empresas y el Estado para reconocer oficios y especialidades técnicas con salarios menos discriminatorios.

Si además se supone que el desempleo es una causa de pobreza valga decir que esto es relativamente cierto pero no en términos absolutos. En efecto,  la tasa de desocupación entre los pobres es 31,5%. Esto significa que 1.756.632 personas (el 69,5%) afectadas por la pobreza no se debe a que no disponen de trabajo sino que los ingresos que provienen de este trabajo no le son suficientes. Asimismo, hay 1.138.888 personas sin ocupación que no son pobres, es decir, 40% más que los pobres sin empleo.

Si bien, se insiste en que la Educación es un factor decisivo para superar la pobreza las políticas públicas no han sido consecuentes con este propósito. D Contreras especialista de la U de Chile es enfático en decir que lo relevante no es mejorar el ingreso sino el acceso a oportunidades. “Un hombre que vive en la RM, cuyos padres tienen educación universitaria completa y se educó en un colegio privado pagado tendrá en promedio 200 puntos más en la PAA que una mujer de la IX región, cuyos padres tienen educación básica completa y se educó en un colegio municipal”. Todo esto  es completamente contradictorio con que: el gasto promedio según la Dipres, por alumno en colegios privados es más de 3 veces el equivalente al realizado por el Estado en colegios públicos y privados subvencionados.

También influye decisivamente en la pobreza la cerrada estructura social chilena o la ausencia de movilidad social. El ex ministro de Hacienda N. Eyzaguirre en la Enade de 2005 indicaba que “Actualmente, dos tercios de los 400 estadounidenses más ricos no habían heredado una riqueza significativa. En Alemania el 70% de la elite política y económica no tuvo padres acomodados. En Chile, sin embargo, más de 2 de cada 3 chilenos que llegan a la elite provienen de hogares de estratos socioeconómicos altos”.

Pero aún, es más inquietante que el Mideplan en la Casen 2003, afirma que las transferencias al 40% de la población de menores ingresos, alcanzaría a 2.216 millones de dólares, mientras que el Gasto Tributario (recaudación que se deja de percibir producto de la aplicación de franquicias o regímenes impositivos especiales para promover un determinado sector, actividad, región o agente y que es esencialmente aprovechado por empresas, es decir, finalmente por personas de mayores ingresos) en 2003 alcanzó a 2.783 millones de dólares (tal como aparece en la página del SII en 2005): es decir, el subsidio a los más ricos es superior al subsidio a los más pobres.

Un informe de la OCDE demuestra que en todos los países miembros se ha incrementado la pobreza en los últimos años. Esto sugiere que nos enfrentamos a un problema estructural relacionado con las maneras en que la sociedad organiza las políticas para reducir la pobreza: las relacionadas con el empleo pero más concretamente las que sostienen los ingresos ante la volatilidad o inestabilidad de los puestos de trabajo; las que privilegian o subvencionan la creación de actividades con mayor generación de empleo; y las fiscales propiamente tal, que se insertan en el marco de la distribución de los recursos en favor de los grupos vulnerables.

Se debió actuar con mayor prontitud en materia de política monetaria, cambiaria y fiscal y con mayor profundidad frente a la grave crisis de 2008-2009. Chile había desarrollado desde 2001 una política fiscal de balance estructural con una meta de superávit de 1% del PIB que le ha permitido detentar ahorros de alrededor de 20% del PIB y con ello se buscaba evitar los elementos procíclicos de la coyuntura. No obstante, se actuó tardíamente para destinar esos recursos para compensar la reducción de la inversión privada. Por ejemplo, ya en ese momento se había detectado un déficit de infraestructura hospitalaria de alrededor de 2.500 millones de dólares que hubiese promovido los empleos en la construcción.

Las políticas de los Ministros de Hacienda de la Concertación basadas en el concepto neoliberal del chorreo mostraron ser insuficientes. No obstante, el problema de Chile no se refiere a la cantidad de pobres sino a las enormes distancias entre ricos y pobres.