Popularidad obliga

Publicado : 03 Agosto, 2010 en Prensa


Por María de los Ángeles Fernández | Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

Por mucho que se intente amortiguar el golpe, los resultados de la primera encuesta CEP de la era Piñera no son buenos. Si bien obtiene un 45% de aprobación, similar a Michelle Bachelet para el mismo período, no son situaciones comparables. En ese momento, ésta veía desafiada su autoridad como producto de la rebelión de los estudiantes secundarios.

Desde La Moneda, además del impacto de Transantiago en la capital, la explican por las dificultades propias de la instalación, lo que no hace más que transmitir la idea de provisionalidad, en el marco de un mandato presidencial reconocidamente corto. Por otra parte, se señala un cierto desfase, ya que el sondeo no alcanza a recoger el efecto de las últimas cifras de empleo y el Imacec.

Pero, más que medir al Primer Mandatario, la encuesta entrega datos para avalar la tesis de la incombustibilidad del liderazgo de Bachelet, con un 85% de evaluación positiva y un 77% que aprueba la conducción de su gobierno. La ex Presidenta, frente a las interrogantes acerca de si podrá mantener el alto nivel de aprobación, parece estar inmunizada como producto, no tanto del cariño, sino de la astucia que subyace a la tesis del “femicidio político”. ¿No es posible asemejar el efecto de la gestión de su gobierno frente al terremoto -que recibe un bajo 46%- al que experimentó Lagos por obra del Transantiago? Aunque el horizonte de las definiciones presidenciales se ve lejano, resulta difícil identificar algo más potencialmente demoledor que el megasismo en el balance de Bachelet y de su gobierno.

Dicho apoyo conduce la mirada hacia la Concertación, ya que avalaría la posibilidad de un retorno que, se argumenta, no ayudaría a la efectiva renovación del conglomerado. La ex Presidenta, hasta ahora, no ha intervenido directamente y no por ello se ha visto florecer savia nueva. Salvo Carolina Tohá, solamente bajo efectos de un alucinógeno podría pensarse que Osvaldo Andrade en el PS o Ignacio Walker, en la DC, son representativos de algo nuevo. Una visión alternativa diría que, así como la figura de Bachelet permitió que la coalición llegase por cuarta vez al gobierno, esa indispensabilidad la persigue en la nueva hora en que la Concertación concita solamente un 21% de identificación política, ocho puntos menos que la votación obtenida en primera vuelta.

La alternativa es riesgosa para una líder que no solamente ha logrado desmarcarse de los partidos, sino que ha proyectado la idea de que ha podido avanzar a pesar de ellos. Es más, algunos incluso dirían que pudo ser candidata debido a la falta de vigor de una coalición que se sometió a la “encuestocracia”. Sin embargo, nobleza obliga. Bachelet enfrenta la disyuntiva de actuar de acuerdo a su popularidad y al capital político acumulado.

Ello significa tomar una opción aparentemente mal mirada, como es acercarse a unos partidos que dan muestras de anemia política. La igualdad política de género a nivel partidario la reclama, por lo que resultaría inentendible que se limite a su promoción a nivel internacional. Adicionalmente, en concordancia con el estilo que ha reivindicado, ella pudiera contribuir a generar cauces de cooperación y de diálogo que permitan la convergencia del progresismo, que desborda hoy los contornos orgánicos de la Concertación, en la perspectiva de generar una nueva mayoría para Chile.

Publicado en La Tercera, 03 de Agosto de 2010