El origen de la desigualdad

Publicado : 29 Julio, 2010 en Prensa


Por Carlos Ominami, Vicepresidente Relaciones Internacionales del Partido Progresista, PRO y ex senador

Discúlpenme. Me carga la prepotencia, pero me gusta la claridad. Los dos resultados fundamentales de la Casen 2009: el aumento de la pobreza y de la desigualdad eran absolutamente previsibles. Tuve ocasión de decirlo en diversos lugares y foros, incluida La Moneda y, por cierto, el Senado.

Lo que nos trae la encuesta son malas noticias. La primera de ellas es el aumento de la pobreza, la que pasó del 13,7% al 15,1%, y significó en términos prácticos que 355 mil chilenos cayeron por debajo de la línea de pobreza. La nueva información muestra, además, que la desigualdad también aumenta. Un dato crucial: si se toman los ingresos autónomos, promedio, de los hogares que representan el 10% más pobre, tenemos que estos pasan de $ 86.537 en el 2006 a $ 63.891 en el 2009.

En el otro extremo, se da la situación opuesta. En el decil de los hogares más ricos, los ingresos autónomos aumentan de $ 2.704.924 a $ 2.955.815. Esto explica que de un 1,2%, la participación del decil más pobre en el ingreso nacional caiga a un 0,9%, y que el decil más rico, pase del 38,6% al 40,2%.

Pero estos datos no reflejan el conjunto de la realidad. Para ello hay que incorporar las transferencias que se realizan desde el Estado a los distintos sectores. Así, la situación del 10% más pobre experimenta una mejoría: llega a los $ 114.005. Sin embargo, la comparación entre el 2009 y el 2006 muestra que la situación del decil más pobre, incluyendo las transferencias, sólo mejoró $ 995.

Lo importante, entonces, es reconocer, en primer lugar, que en estos años aumentó la pobreza y la desigualdad y dar una explicación plausible. A lo menos tres elementos deben ser considerados.

El primero tiene que ver con la naturaleza del modelo de crecimiento imperante. Es en la existencia de un modelo altamente concentrado, basado en la exportación de un número reducido de materias primas, con relativo poco valor agregado, donde hay que encontrar la causa esencial de estos fenómenos. En un reciente libro, editado por la Fundación Chile 21 en conjunto con la Corporación Andina de Fomento, hay abundante evidencia respecto de cómo la heterogeneidad estructural de la economía chilena es responsable de estas desigualdades.

En segundo lugar, queda claro que a pesar de su importancia, las transferencias del Estado son insuficientes. En el caso de los últimos tres años, y tomando como referencia el 10% más pobre, apenas lograron compensar la caída producida en los ingresos autónomos de las personas.

En este sentido, es cierto lo que dice la ex Presidenta Bachelet: si no existiesen estas transferencias, la situación de los más desfavorecidos sería más dramática. Entonces, las preguntas son por qué las transferencias no son de mayor significación; por qué la Concertación congeló una reforma tributaria progresiva hace más de 15 años, no obstante que el Estado no logra financiar las transferencias que ayuden a superar la heterogeneidad estructural.

Por último, la forma como opera el mercado laboral es también fuente de desigualdades. En Chile se puede ser trabajador formal sin que ello sea garantía de superación de la línea de pobreza. Mientras no más del 10% de los trabajadores negocie colectivamente y la fuerza sindical se mantenga tan debilitada será difícil producir mejoras sustanciales en esta estructura de distribución de ingreso, que es una vergüenza.

Estos resultados generan debates, cuya aspereza no es proporcional a su profundidad. Más aun, existe una cierta coincidencia en los diagnósticos del oficialismo actual y el viejo establishment de la Concertación: la falta de referencia a los fundamentos estructurales de la pobreza y la desigualdad.

Publicado en “La Tercera” 29 Julio 2010 – Ideas & Debates