"La corporación concertacionista"

Publicado : 14 Junio, 2010 en Prensa

El discurso del 21 de Mayo ha logrado cambiar el eje del debate político. Colocó una agenda de temas que supera los propios de la reconstrucción situándolos, además, en un marco temporal más allá de los estrictos límites del actual mandato y en el desafío del salto al desarrollo. La oposición, sin embargo, se ha visto obligada a encajar un nuevo golpe: los intentos taumatúrgicos de apropiación, por parte del gobierno, de banderas propias de la Concertación. Si bien no logró concretar algunas tan emblemáticas como el descuento gradual del 7% para la salud de los jubilados, formaba parte del horizonte de sentido de su proyecto político, en el que se asume que las personas son ciudadanos con derechos. Eso, ahora, en el nuevo estado de cosas, no está tan claro y hemos pasado a ser más parecidos a clientes en busca de oportunidades. 
Por otra parte, pareciera haberse abortado el incipiente debate sobre las causas de la derrota electoral, gatillado por el libro de Tironi. Aunque los factores que señala y su interpretación hablan más del autor que del fenómeno propiamente tal, su paralización no es de celebrar. Muchos consideran que resulta indispensable, tanto para la fisonomía que adquirirá la oposición como para los contenidos a los que apelará. Su freno abona el terreno para el florecimiento de la tesis, en clave reactiva, que explica la derrota como producto de la incapacidad para defender el legado concertacionista.
Como sea, lo cierto es que la oposición, con partidos ensimismados en sus elecciones internas, se encuentra en busca de su tono adecuado. Por ahora,  ha funcionado esencialmente en el Congreso y, por sobre el archipiélago de voces, intenta coordinarse a través de un recién inaugurado comité político, que reúne a jefes de partidos y de bancadas. La situación ha suscitado la preocupación de los ex presidentes del conglomerado, quienes se han reunido privadamente para intercambiar visiones sobre el futuro de la Concertación. No deja de ser una novedad. Habría un solo precedente en el intento por frenar la conformación de dos listas de candidatos, en las pasadas elecciones municipales. Con excepción de Frei por su rol de senador, han desarrollado un comportamiento que, si bien no es contemplativo, guardaba una prudente distancia de la coyuntura, erigiéndose como una suerte de reserva moral de la coalición. Resulta, incluso, llamativa su preocupación ex post ya que, si damos crédito a versiones de entendidos, varios abdicaron del deber de ordenar al conglomerado mientras fueron presidentes. 
Sus intervenciones individuales no dejan de ser interesantes. En el caso de Lagos, su capacidad pedagógica para explicar temas complejos es imbatible. En sus labios, parece no cumplirse aquella idea de Weber según la cual no existe un solo ejemplo de oposición que no utilice frente al gobierno argumentos injustos, reprochándole no haber logrado éxitos que nadie hubiera podido lograr.
Sin embargo, la foto colectiva resulta inquietante. Refuerza la idea de “familia concertacionista” que acuñó un analista de la plaza, para graficar la tendencia a la autoprotección de sus miembros y al privilegio. Si a eso se suma la posible conformación de una red de trabajo compuesta por exministros y exfuncionarios que actuarán como virtuales cancerberos de la obra realizada, el plato está servido. Se conforma una organización que agrupa a miembros con iguales características y con predisposición a la autodefensa, cuando debiera orientarse por los intereses de la sociedad en su conjunto. ¿No es esto, acaso, una versión de aquello que llamamos corporativismo?

Publicado en La Tercera, 14 de Junio de 2010