"El desdoblamiento"

Publicado : 12 Mayo, 2010 en Prensa

Con el sentido de la oportunidad que lo caracteriza, Eugenio Tironi acaba de publicar el libro “Radiografía de una derrota”. En él, da cuenta de su versión de las causas del resultado electoral del 17-E. No sólo llena una necesidad, debido a la renuencia para debatir las causas del fracaso, sino que también evidencia la conocida capacidad de desdoblamiento que ya mostró para la campaña de 1999. Intenta proyectar una distancia con los hechos que analiza que, por su involucramiento, sólo podría creer un recién llegado de Marte.

Haber participado en el comando, tanto en la instancia programática como en el comité estratégico —que él dirigía junto a un Pablo Halpern con un pie puesto en Washington—, permite disponer de elementos para evaluar no sólo la plausibilidad de su versión sobre la derrota, sino la sinceridad de sus planteamientos.

Así como es de difícil comprobación la responsabilidad que le adjudica a la ex presidenta Bachelet, resulta cierta la referida a la organización del comando, que caracteriza como “carente de liderazgo y con una estructura balcanizada”. La duda que queda es por qué podría Tironi sorprenderse por algo así. El conocía bien al candidato. En su libro “La irrupción de las masas y el malestar de las élites” afirma que Frei, mientras fue Presidente, prestó poca importancia al llamado “microliderazgo”, aquel que se refleja tanto en la conducción de equipos como en la resolución y arbitraje de los conflictos.

De la participación en el comité estratégico, es posible identificar dos elementos que bien haría Tironi en añadir a su autocrítica. Nos referimos a su virulencia y a una cierta desafección. Fue un activo militante del ataque a ME-O, frente a opiniones mesuradas, que recomendaban la no beligerancia. A través de su blog, adquirió por momentos tanto protagonismo que más parecía él el candidato que el propio Frei. Cabe preguntarse si las dinámicas entre primera y segunda vuelta hubieran sido distintas de no haber interferido tanto improperio, azuzado por el propio Tironi. Preocupaciones recurrentes que se le expresaban eran la falta de folletería, las debilidades observadas en las regiones Quinta y Metropolitana, el evitar el descuido de la fuerza electoral femenina, el apurar la definición de la plantilla parlamentaria, la importancia de asegurar el voto duro concertacionista y la urgencia por perfilar lo que debía ser el nuevo Frei. Frente a la posibilidad de elaborar un relato programático de corte épico, dada la inminencia del Bicentenario, insistió en una campaña prosaica, basada en las microofertas.

Pero lo más llamativo eran sus actitudes. No sólo nunca tomó nota de lo que se le decía, sino que se fue de vacaciones de invierno a Europa, cuando todo demostraba lo cuesta arriba de la campaña.

Resulta impropio echarle la culpa al candidato, que es más bien el resultado de la inoperancia de las dirigencias partidarias. Frei fue el único disponible, con un estado de ánimo digno de encomio. Si de algo es responsable, es por haber confiado en asesores como Tironi. 

La Segunda, 11 de mayo del 2010