"De alianzas y de fantasmas"

Publicado : 27 Abril, 2010 en Prensa

La Concertación habría cambiado el país, pero no supo interpretarlo. Si es así, para una sociedad nueva de poco sirven los instrumentos usados. La situación actual exigiría, por tanto, ahuyentar los fantasmas de la intransigencia y la sospecha y avanzar hacia una nueva alianza.

Poco a poco la oposición va buscando su lugar en el mundo, desprovista de una rosa de los vientos que la oriente. Se hace más difícil bajo un régimen que, como el presidencial, le entrega la iniciativa y la capacidad de impulsión al Poder Ejecutivo.

La toma de decisiones en torno a las tareas de la reconstrucción, así como la renovación de directivas en varios partidos de la Concertación, brinda la oportunidad para descubrir sus dilemas, así como las orientaciones que tomará en el próximo tiempo.

Bajo el ropaje retórico del recambio generacional es posible descubrir alegatos y afirmaciones sobre la derrota electoral. Existen, al menos, dos posiciones distinguibles: los que señalan que los resultados del 17 de enero se deben a la ausencia de vigor para defender la obra concertacionista, así como al desorden surgido en sus filas, y los que afirman que la coalición extravió su capacidad transformadora, perdiendo su anclaje con el mundo social.

Lo del desorden parece ser algo más mítico que real, ya que estudios serios demuestran que, por lo menos, hasta el 2008, la coalición actuaba con alta disciplina. El debate se ha ido posponiendo injustificadamente porque, recordemos, ya la coalición perdió cerca de un millón de votos en las elecciones parlamentarias de 2007. De la lectura que se haga de la derrota dependen las orientaciones que se tomen a futuro. Ni siquiera hay acuerdo en cuanto a su carácter: no es lo mismo partir del menguado 29% que recibió Eduardo Frei en primera vuelta, que del 48%, en la segunda. Tomar ésta como piso no debiera soslayar el hecho de que muchos votantes se movieron por la tesis de “cómo parar a la derecha”. Si fuera así, el proyecto concertacionista carecería de las bases sólidas que muchos aducen.

Por otra parte, ¿sirve de algo seguir acusando a ME-O, bajo el alegato de que buena parte de sus votos fueron a la derecha en segunda vuelta, cuando ya en las elecciones de 2006 que le dieron el triunfo a Michelle Bachelet parte de sus votos provenían del caudal piñerista? Existe una confusión tremenda entre causas, consecuencias, factores de contexto y de más largo plazo. Sólo los análisis rigurosos iluminarán los pasos a seguir en lo inmediato, evitando echarle la culpa al empedrado.

Si de lo que se trata es de mirar hacia delante, construyendo un nuevo sueño que encante a los chilenos, no sólo están en juego las ideas, sino también la política de alianzas. Los que afirman que el proyecto concertacionista mostró su agotamiento postulan a la ampliación de la Concertación a otras fuerzas de izquierda y a las organizaciones sociales. No se excluye a nadie cuando se trata de avanzar hacia una “nueva mayoría”. Teniendo por horizonte el “neoprogresismo”, su objetivo es enfrentar la desigualdad y el abuso, junto con las demandas por diversidad y libertades civiles, actualmente larvadas por las urgencias del terremoto. Sin embargo, otros insisten en renovar el conglomerado, en la línea de una Concertación “enchulada”, con el argumento de la defensa del legado e incorporando rostros más tersos.

De sus propias filas ha surgido un juego de palabras para entender la derrota: la Concertación habría cambiado el país, pero no supo interpretar el país que ayudó a cambiar. Si ello es así, para una sociedad nueva, de poco sirven los instrumentos usados. La situación actual exigiría, por tanto, ahuyentar los fantasmas de la intransigencia y la sospecha, avanzando hacia una nueva alianza.

Publicado en el Diario La Tercera (27.04.10)