¿Una oposición a la altura?

Publicado : 13 Abril, 2010 en Prensa

Al cumplirse el primer mes de instalación del nuevo gobierno, es posible identificar algunas tendencias en el comportamiento de los principales actores políticos. Por el lado del Ejecutivo, ha llamado la atención la dificultad para desplegar “la nueva forma de gobernar”. Los 20 años de preparación de Piñera para ejercer la Primera Magistratura todavía no se notan.

Los problemas, incluso muchos pendientes, en materia de designaciones; la multiplicación y mal manejo de los conflictos de interés, y una cierta dificultad para movilizar la pesada máquina del Estado, son algunas de las características que marcan la acción del gobierno en estas primeras semanas.

Por el bien de Chile, ojalá que este dificultoso comienzo se supere. Nadie en su sano juicio puede construir una alternativa sobre la base de la acumulación de errores no forzados de la actual administración.

¿Y qué pasa en la oposición? Claramente, lo que ahí reina es una gran dispersión. Al punto de que más que hablar de oposición, convendría hablar de oposiciones, en plural. La oficial, lo que queda de la Concertación, la del 29%, que ya fue elegida por el Presidente Piñera -por razones obvias- como la representante de la oposición, ha confirmado con sus actuaciones recientes los diagnósticos más pesimistas.

Lo que observa el país es una Concertación que no es ni un pálido reflejo de esa mayoría social y política que fue capaz de derrotar a la dictadura e iniciar la transición a la democracia. Es una coalición en la que priman la falta de ideas, las recriminaciones recíprocas y el miedo a enfrentar las discusiones de fondo.

Así, por ejemplo, son impresionantemente pobres los planteamientos en materia de reconstrucción nacional. Para una coalición que ha estado 20 años en el poder y que ha debido encarar varios terremotos y tragedias regionales -si bien no tan grandes como la más reciente-, lo que ha surgido como propuesta está muy por debajo de la propia experiencia acumulada.

Planteamientos como el subir a $ 100 mil el “bono marzo” comprometido por el Presidente Piñera en la campaña muestran una oposición completamente desprovista de imaginación, tratando de hacer de mala manera lo que era propio del populismo de la actual alianza gobernante. Tampoco han sido muy edificantes los debates que protagonizan los llamados representantes de las nuevas generaciones, cuyas preocupaciones parecen más bien propias de los más antiguos y desgastados dirigentes.

Como culminación de esta crisis, el anunciado cónclave del 12 de abril mostrará a los mismos de siempre mirándose las caras, eludiendo poner en debate algo fundamental e inevitable: identificar las condiciones que llevaron a la derrota.

Por el lado de quienes estuvimos en la campaña del diputado Enríquez-Ominami, hemos trabajado silenciosamente en los temas de la reconstrucción. Lo hemos hecho con energía, pero asumiendo con lucidez la precariedad e insuficiencia de nuestros esfuerzos. Nuestro objetivo -postergado en razón del “27 F”, pero igualmente vigente- es darle una expresión política a ese casi millón y medio de ciudadanos que se atrevió el 13 de diciembre pasado a votar por una opción distinta. Nuestro proyecto es contribuir a la reconstrucción del progresismo, para desde allí generar una nueva mayoría capaz de concursar en los próximos años, nuevamente, por la confianza de los chilenos.

En el intertanto, tenemos que hacer un gran esfuerzo para que el país tenga algo que es indispensable en democracia: una oposición que esté a la altura.

Publicado en el Diario La Tercera (07.04.10)