Lahera pautea a la Concertación

Publicado : 10 Diciembre, 2006 en Prensa

PELIGROS DEL PACTO: El riesgo de la corrupción En uno de los últimos capítulos incorporados al escrito, Eugenio Lahera y Federico Smith se refieren al tema de la corrupción. Indican que la Concertación, durante los ’90, realizó varias iniciativas para frenarla, y para atacar la falta de transparencia y la deshonestidad en el desempeño de la función pública. Sin embargo, hacen una profunda crítica en lo relativo al financiamiento de campañas electorales y partidos políticos: señalan que hay deficiencias en la implementación y evaluación de las políticas aprobadas, especialmente en lo referido a la detección de novedosas fuentes no buscadas de corrupción, surgidas precisamente al amparo de las nuevas normas o, al menos, del cumplimiento meramente formal y aparente de las mismas.

“Es así como la opinión pública se ha visto sorprendida al descubrirse graves irregularidades, que pueden ser consideradas no sólo consecuencia de la necesidad técnica de financiar la política, sino como el resultado de un modo de hacer política, que no puede seguir siendo tolerado”. Los autores prenden las señales de alerta: dicen que, de aumentar, la corrupción podría convertirse en un factor desestabilizador de una coalición política. “Especialmente, cuando se prolonga de forma significativa la permanencia de ésta en el poder, generando culturas corporativas defensivas y reproductivas dentro de los partidos que forman el conglomerado, y el respectivo clientelismo”.

Dicen que es necesario resguardar los fondos estatales y garantizar la independencia de los funcionarios públicos de los intereses privados o particulares. MANTENERSE en el PODER: Tareas de los partidos Los autores señalan que cualquier coalición que pretenda mantenerse tanto tiempo en el poder como la Concertación, debe reflexionar suficientemente respecto de aquellas ideas que la ciudadanía identifica como centrales. “Es preciso reconocer la acumulación de una especie de cuenta de déficit al respecto, un incordio que hace mayor el riesgo de crisis interna en el conglomerado, afecta la imagen de la Concertación y pone en riesgo la aprobación parlamentaria y el respaldo ciudadano”. Indican que discutir acerca de desacuerdos entre los diferentes partidos de la Concertación, que tienen que ver con creencias o cuestiones filosóficas, no es perjudicial.

Que, al contrario, no realizarlas conformaría el estereotipo de que hay un segmento de la Concertación que tiene monopolio del progresismo, mientras otro tendría responsabilidades en temas valóricos. CIUDADANÍA: Lo que falta en participación “La participación no es solamente un asunto de estilo o temperamento político, ni puede fundarse en una concesión graciosa del gobernante”, señalan Lahera y Smith al referirse al rol de la ciudadanía, que, justamente, pretende ser uno de los pilares del actual Gobierno. Plantean que la participación no puede limitarse al ejercicio del sufragio en las elecciones ni a mecanismos de decisión como los plebiscitos. Aunque los autores indican que la idea tampoco es que la participación directa de los ciudadanos debilite órganos como el Poder Legislativo y Judicial, señalan que hay muchos países que le llevan bastante delantera a Chile.

Y que esto, dicen los autores, “fortalece el sistema democrático al confirmar su legitimidad y proporcionarle una mayor efectividad, principalmente como resultado de un mayor control de lo que se ha llamado con poca fortuna ‘clase política’, y de una mejor información de todos los agentes al momento de tomar decisiones concretas”. Por eso, Lahera y Smith indican que las asociaciones ciudadanas podrían beneficiar a la comunidad siempre y cuando se minimicen algunas de las trabas que hoy en día existen para ellas, sobre todo en lo referente a su constitución jurídica formal.

LO QUE RESTA: Oficialismo y empresariado En el texto se señala que, “hasta hoy, una porción abrumadora de los empresarios se reconoce de derecha y rechaza ideológicamente a quienes gobiernan”. Por ello, Lahera y Smith indican que en Chile todavía existe un cierto retraso comparado con la cultura empresarial de países desarrollados, caracterizada por una mayor representación de opiniones políticas distintas. Esto, aunque los autores también reconocen que también puede argumentarse que la subsistencia en algunos sectores políticos de izquierda de un sesgo contrario a la empresa privada en general -y receloso de las motivaciones empresariales- es una contrapartida que justifica esta posición de parte de los empresarios. En el texto se indican los avances que se han experimentado en los últimos años entre las relaciones entre el Gobierno y el mundo privado, y que efectivamente cada vez hay más profesionales concertacionistas en los directorios y alta administración de empresas privadas. Sin embargo, pese a los avances, indican algo que desde la Concertación es preciso mejorar: “Es indudable que el pensamiento progresista sigue teniendo pendiente la tarea de comunicar adecuadamente y sin complejos su visión renovada respecto de la iniciativa privada, como una manifestación de la creatividad humana que debe ser liberada y estimulada”. PENDIENTE: Los desafíos en cultura e integración “Si la integración de Chile en la sociedad mundial es cada vez mayor y más multiforme, ¿qué pasará con nuestra participación en sus dimensiones no económicas?”, se preguntan Lahera y Smith. El diagnóstico, de acuerdo a los autores, es que falta un impulso cultural que permita llenar los vacíos que dejan las convicciones viejas, ya perdidas, y que no siempre llenan las nuevas, todavía poco articuladas. “No debe perderse de vista que una economía sana no basta para avanzar hacia una sociedad más culta y pluralista”. Por ello, Lahera y Smith señalan que el sector público tiene deberes con la cultura, no menos que con la salud y la educación.