El rito del Presupuesto

Publicado : 03 Octubre, 2017 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21, Portada

| por Carlos Ominami | publicado en “LA TERCERA.com” el 30/09/2017 |


Comienza la discusión sobre el Presupuesto en el Congreso Nacional. Constituye una responsabilidad mayor de la autoridad, ejecutiva y legislativa velar por el buen uso de los recursos públicos. Desgraciadamente, hasta ahora esto no ha sido posible. La forma en que el Congreso Nacional encara la discusión es de una enorme precariedad. La asimetría de información entre el gobierno y el Parlamento es gigantesca. Cada ministerio y la Dirección de Presupuesto (Dipres) disponen de información detallada y expertos sectoriales que no encuentran una contrapartida seria en el Congreso.

Se ha buscado avanzar por la vía de la evaluación externa de determinados programas. La Comisión Mixta de Presupuestos acuerda con la Dipres un cierto número de programas que serán evaluados durante el año. Se trata en verdad de un instrumento de alcance limitado. Ella asigna recursos y procede a su evaluación contratando ella misma los estudios pertinentes.

Los sectorialistas de la Dipres tienden a ser conservadores. Así como es una mala noticia el funcionamiento defectuoso de un programa, lo es también la puesta en práctica muy exitosa de otro. En un caso se requiere de un recorte drástico o derechamente la eliminación del programa. En el otro, se hace necesario un fuerte aumento de la dotación presupuestaria. En ambos casos se requiere romper con la inercia y asumir riesgos a los que la burocracia es alérgica.
Se anunció recientemente que 11 de 25 programas que fueron objeto de evaluación muestran resultados deficientes. Se encuentran entre ellos la “Beca Presidente de la República, el “Plan Comunal de Seguridad Pública”, el “Programa de Mejoramiento al Acceso a la Atención Odontológica”, entre otros. El resultado deficiente de un programa debiera conducir a determinaciones drásticas respecto de su futuro. Es difícil que el gobierno pueda tomarlas por sí solo.

Los grandes congresos como el norteamericano han resuelto este problema por la vía de la creación a su interior de una Oficina de Presupuesto dotada de personal altamente calificado. Esta le permite al Congreso discutir mano a mano con el Ejecutivo y respaldar técnica y luego legislativamente decisiones que son necesarias pero que pueden ser dolorosas desde el punto de vista político.

No es una idea original. Muchos hemos tratado de avanzar en esa dirección. Instituciones importantes como la OCDE y el Banco Interamericano han ofrecido respaldo para generar un dispositivo de este tipo. Pero, al final las resistencias se han impuesto. Por un lado, de la propia Dipres que no le interesa tener que confrontarse con una institución sólida que rompa con su monopolio de la información. Pero las resistencias han provenido también del propio Parlamento. Los celos absurdos entre la Cámara de Diputados y el Senado por el control de la nueva institución han constituido un obstáculo hasta ahora insalvable.

En momentos en que existe una áspera discusión acerca del uso de las asignaciones a los parlamentarios, sería interesante retomar la idea de crear una sólida Oficina de Presupuesto que asegure una asesoría de calidad y le permita al Parlamento ejercer en serio sus atribuciones, garantizando un debate que sea algo más que un rito anual.