Clarososcuros de los gobiernos progresistas

Publicado : 19 Agosto, 2017 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

| por Carlos Ominami | publicado en “LA TERCERA.cl” el 19/08/2017 |


La pasada década será recordada por muchos como la “década dorada” de América del Sur. Por primera vez en la historia confluían democracia, crecimiento, reducción de la pobreza, estabilidad macroeconómica e incluso desendeudamiento externo. No era poco para un continente conocido por sus dictaduras, su crecimiento espasmódico, sus desigualdades, sus inflaciones galopantes y sus recurrentes crisis de deuda externa.

La proliferación de gobiernos progresistas se transformó en esos años en la tendencia ampliamente dominante. La ola parecía incontenible. Fueron pocos los países en donde las fuerzas conservadoras pudieron mantenerse en el poder.

Sin el glamour de los primeros años de la revolución cubana, estas experiencias atrajeron, sin embargo, la atención mundial. Luego del colapso del comunismo soviético y la crisis de la social democracia europea, los gobiernos progresistas de América del Sur aparecían, como un punto de referencia en las luchas de la izquierda en el mundo. Con sus respectivas particularidades, Kirchner, Chávez, Vásquez, Mujica, Morales, Correa, Lagos, Bachelet y Lula representaban el sueño ya no de la vieja revolución pero si de una transformación profunda. Todos estos gobiernos, a pesar de sus enormes diferencias, tenían en común la búsqueda de la inclusión social.

En la actualidad, predomina la tendencia opuesta. El triunfo de Macri, el golpe en Brasil, la derrota de Morales en el referéndum, las dificultades de Correa para asegurar su sucesión, la baja adhesión de las reformas de Bachelet han generado un ambiente de fin de reino. La descomposición de la revolución bolivariana y su deriva anti democrática contribuyen poderosamente a la generación de esta percepción.

Está de moda afirmar que se cerró un ciclo. Domina una ofensiva conservadora que busca mostrar que estos gobiernos fueron populistas, ineficientes y corruptos. Hay detrás de esta ofensiva un interés mayor: desacreditar la idea de reformas profundas, de cambio estructural. No se ha buscado propinarles simplemente una derrota electoral. Se busca, algo más, una derrota ideológica, cultural.

Entre la crítica demoledora y la defensa a ultranza es necesaria una reflexión algo más serena. Ese es el objetivo que nos propusimos con la publicación del libro “Claro obscuros de los gobiernos progresistas de América del Sur” (Editorial Catalonia).
Se reúne en el libro un conjunto de reflexiones de un importante grupo de intelectuales de la región. Esos textos tienen en común el reconocimiento del enorme esfuerzo realizado por estos gobiernos en materia de erradicación de la pobreza e inclusión social. Pero, exploran también sus zonas oscuras: la ausencia de transformación productiva, la dependencia malsana de liderazgos que terminan siendo insustituibles, el estancamiento de la integración económica de la región, la corrupción.

En contraposición a la idea de fin de ciclo se asume que la historia no es lineal, que el proceso político está abierto y su desenlace dependerá de manera decisiva de la capacidad de las fuerzas progresistas de asumir críticamente sus limitaciones, errores y excesos. Para que sea creíble la autocrítica tendrá que ser profunda, severa y dolorosa.