¡Y salió Valdés!

Publicado : 01 Septiembre, 2017 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

| por Eugenio Rivera | publicado en “El Mostrador.cl” el 01/09/2017 |


La salida del ministro de Hacienda ha provocado una conmoción política inédita. Representa una rebelión abierta del equipo económico frente a la autoridad presidencial respecto de la evaluación del equilibrio entre los objetivos de crecimiento económico y cuidado del medioambiente.

Más allá de este detonante específico, la salida de Valdés representa el final de un conflicto soterrado en torno a definiciones políticas centrales, que afectó gravemente a la gestión de la Presidenta Michelle Bachelet. Se trata de una resolución tardía y que, por tanto, no tendrá muchas repercusiones, pero sí es relevante desde el punto de vista de afirmar que los objetivos de crecimiento no pueden ir en desmedro de la protección del medio ambiente ni de los objetivo sociales. Constituye, finalmente, el corolario de una situación de preeminencia del Ministerio de Hacienda que, desde el primer Gobierno de Bachelet, estaba representando una seria dificultad para la gestión política gubernamental. Se zanja de manera adecuada: los chilenos votamos por el Presidente(a) de la República y no por su secretario de finanzas.

¿Por qué salió Valdés?

Está por esclarecerse si la rebelión del equipo económico fue programada o se fue dando poco a poco a partir de la citación del comité de ministros que tomó la resolución respecto de Dominga. Deberá esclarecerse en qué momento se decidió desafiar a la autoridad presidencial.

Valdés no sale solo por la rebelión que encabeza contra la Presidenta. Su gestión no fue ni técnica ni políticamente satisfactoria. Desde el punto de vista estrictamente económico, fracasa en la tarea de reactivar la economía; el primer semestre del presente año el crecimiento comparado al mismo período del año anterior es de solo 0,5%. Ello es resultado de privilegiar la reducción del déficit estructural por sobre los objetivos de crecimiento económico.

Más importante aún es que, en sus dos años de gestión, el PIB Tendencial, esto es, la capacidad de crecimiento de la economía, según las estimaciones del Comité de Expertos del PIB Potencial, cayó desde un 4,3 % el 2015 a un 2,6% en la actualidad. Esto no significa, naturalmente, que le cabe a él toda la responsabilidad (el factor externo fue relevante), pero sus señales al sector privado y sus decisiones respecto del gasto público, en particular la inversión pública, jugaron un papel significativo.

Es un fracaso también el que se haya demorado más de un año en traducir en proyecto de ley la reforma previsional definida en sus líneas centrales por la Presidenta de la República en agosto del 2016. Esta demora implica que el proyecto no podrá ser tramitado durante el presente Gobierno.

Desde el punto de vista político, cometió numerosos errores. No le resultó posible levantar una política y un discurso económico que compitiera con el discurso de la derecha, que achacaba las culpas de la desaceleración a las reformas impulsada por la actual administración. No fue capaz de asumir un liderazgo respecto de los principales actores económicos. Fue grave el error del informe de productividad que sostuvo la posibilidad de que la reforma previsional generara una pérdida de 394 mil empleos, en circunstancias que ello no correspondía a ningún escenario previsto por la reforma.

Sus constantes conflictos con otras autoridades contribuyeron a crear problemas de coordinación en el Gobierno. La falta de capacidad de gestión política del ahora ex ministro de Hacienda queda en evidencia cuando asume como propia la idea que venía sosteniendo desde hace tiempo la derecha, en cuanto a que la preocupación por el medio ambiente iba en contra del crecimiento económico y que rechazar el proyecto Dominga no tenía fundamentos técnicos.

La salida de Valdés representa el fin de una política iniciada en la primera administración de Bachelet, en que, proponiendo ciertos cambios importantes, se pretende poner a un economista ortodoxo a cargo del gabinete económico para, presuntamente, asegurar que las cosas no se desbanden. Eso es un error, pues se necesita coherencia y consistencia entre los distintos componentes del programa y la acción del Gobierno.

¿Cuáles serán las consecuencias económicas y políticas de su salida?

Desde el punto de vista económico, el cambio, aunque espectacular, no tendrá mayor relevancia. De hecho, el IPSA tuvo una caída de apenas 0,04%. Nadie va a poner en duda la capacidad de Nicolás Eyzaguirre de conducir el equipo económico en los pocos meses que le quedan a este Gobierno.

El nuevo ministro de Hacienda asegura un cierre tranquilo de la administración, cuestión importante si se toma en cuenta que en los meses que quedan no es mucho lo que se puede hacer. Más aún, la presencia de Jorge Rodríguez Grossi va a darle mayor visibilidad a un ministerio que nunca logró existir frente a la opinión pública.

Con estas dos nominaciones el discurso catastrófico de la derecha no va a tener mayor relevancia. Más aún, es posible que el nuevo ministro de la Segpres contribuya a una mejor gestión de este ministerio en las relaciones con el Congreso. Es probable, además, que la ciudadanía evalúe positivamente el cambio como una señal de restablecimiento de la autoridad presidencial. También puede ayudar el que la drástica decisión de Michelle Bachelet minimice hacia adelante los continuos conflictos que ha mostrado su gabinete.

De haber ocurrido antes el cambio del equipo económico, habría sido importante designar a un ministro de Hacienda que creyera en la importancia de una política  anticíclica más potente, que privilegiara un amplio plan de inversiones en infraestructura y en innovación, aprovechando la fortaleza fiscal del Estado –que supera a una gran mayoría de países– y que considerara indispensable un política activa del Estado sintetizada en el concepto de “Estado emprendedor”.

Los problemas enfrentados en los últimos días hacen necesario reflexionar, de una vez por todas, sobre las dificultades que genera una estructura ministerial en que Hacienda dispone de un poder excesivamente grande. Ello dificulta la dirección política general del Gobierno, socava la autoridad política de los otros ministros sobre sus reparticiones y deja en manos de Hacienda las definiciones de políticas de las otras carteras. Superar esta situación implica un reforzamiento de las capacidades de conducción política presidencial. Los problemas experimentados ponen además en la agenda el debate indispensable sobre el régimen presidencial.